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miércoles, febrero 1, 2023

ADVIENTO Tiempo para la reflexión

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Por: Consuelo González del Castillo

Abrazos, árboles, esferas, luces de colores, regalos, comida, algarabía, villancicos y mucho más, es lo que la mayoría de nosotros, cristianos o no disfrutamos en las épocas decembrinas.

Nos cuesta creer que ya nos alcanzó el fin de año. Sabemos que lo bueno y malo que hemos vivido durante los meses anteriores, nos servirá para pasar las fiestas desde una dimensión espiritual dejando a un lado lo superfluo.

Sí nos proponemos, podemos lograr que no solo sea una fecha o temporada de festejos convirtiendo nuestra Nochebuena en un estado de ánimo. 

Dejemos a un lado la preocupación por demostrar afecto con regalos, que muchas veces no podemos dar. Se perdería el verdadero sentido de lo que es la Navidad porque el amor se manifiesta a través de un abrazo, un beso o una caricia.  Que no nos alcance el deterioro de nosotros mismos y el de nuestras familias, dejando de percibir lo bello que es el amor humano en cualquier época del año.  Hay un dicho que dice: “En vano construimos el mundo si el constructor no es construido”. 

Pero, ¿qué es la Navidad? Vale la pena darle respuesta a estas preguntas. ¿Cómo la he vivido en años anteriores? ¿Cómo la pienso vivir ahora?

Alguna vez leí: “La Navidad es una fiesta única que nos debe llenar de alegría, pero no como un acontecimiento social o particular porque le concierne a toda la Creación. El niñito Jesús, nació para todos”.

De ahí la importancia de que no solo dispongamos de los adornos navideños, reuniones familiares con posadas y cenas, sino también nuestro corazón para que ahora más que nunca le demos el justo sentido.

Vivir el adviento, que quiere decir venida, nos puede ayudar a prepararnos para navegar en nuestro interior y encontrar la mejor forma de pasar estos días de espera. 

Justo ahora, cuatro semanas antes del 25 de diciembre, es tiempo que podemos disponer para la reflexión… perdonar, soltar el egoísmo y el resentimiento, limpiar y pulir nuestro interior sin improvisaciones. Repetirnos en voz alta nuestros propósitos, animar a los niños a tener detalles de amor con sus semejantes, proteger a nuestros adultos mayores, pero sobre todo, cuidarnos y orar unos por otros para superar con bien estos difíciles tiempos. 

Así podemos estar seguros de que ese niñito que llega cada año acepte nuestro hogar y nuestro corazón como su casa… de lo contrario se perdería el verdadero sentido de la Navidad.

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