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viernes, junio 24, 2022

Cuando el insomnio se convierte en cómplice.

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Por: María Consuelo González del Castillo                                                      Escritora.

Anoche el tiempo transcurrió lentamente, el insomnio se apoderó de mí, recé un rosario, conté ovejas y no funcionó. Pasaban las horas y Morfeo seguía sin aparecer. 

Confieso que no me gusta levantarme, prefiero seguir en la cama tratando de dormir para engañar al cerebro.

Pensaba en las dos paletas que saboree un rato antes de dormir, una de cajeta y otra de mango. “Tal vez fue tanta azúcar”, pensaba. “Dicen que te acelera y se te va el sueño”, me decía. 

Vi asomarse la luna por la ventana para después de unos minutos esconderse detrás de la barda. Escuché a algún vecino cantar: “Qué triste fue decirnos adiós cuando nos adorábamos más…”, a lo lejos el ladrido de un perro y hasta el motor de un carro esperando el siga en la esquina. La respiración profunda y serena de mi marido me hizo voltear a verlo y pensé: “Qué a gusto se ve”, mientras, yo seguía buscando el motivo de mis ojos de búho.

De repente me dije: “Necesito aprovechar el tiempo y ´mirar pa´dentro´”, así le llamó al trance que me permite ir acumulando letras en mi cerebro para teclearlas al día siguiente. En ese instante empecé a guardar en mi mente cada una de las palabras de este escrito. 

Al tratar de escoger el tema, llegó como flashazo lo que había leído a media tarde: “En el año 2000, de las personas que fallecieron en Estados Unidos por arma de fuego, la mitad eran por suicidios. La otra por atentados y masacres como la librada hace algunos días en Uvalde, Tex. Donde murieron 19 niños y dos adultos”, para el 2019 este último se incrementó un 35%”.

Dicen que las armas no matan por sí solas, -seguí “escribiendo” con los ojos cerrados-, son las personas las que lo hacen y esto se va a seguir produciendo si no se atiende desde la raíz este terrible problema, paralelamente con acciones políticas correctas para erradicarlo porque dándoles armas a los maestros y enseñando a los niños a reaccionar para librar una batalla, nunca será la solución. 

Por desgracia, no solamente en Estados Unidos el panorama es hostil, de una forma u otra, existe en todo el mundo. Sabemos que también México tiene lo “suyito o lo suyote” diría yo. 

Nosotros, padres de familia, maestros, abuelos, tíos, hermanos mayores…esos que nombramos “ciudadanos de a pie”, podemos hacer mucho. Es de nuestro conocimiento que todos, los que asesinan, roban, violan, maltratan, sobajan, son personas con problemas emocionales graves causados por no enseñarlos a amar y porque ellos mismos no se sienten amados. 

Un niño, adolescente o joven valorado y lleno de cariño, jamás llegará a tales extremos. Seamos nosotros sus héroes…héroes que les hablen y les den ejemplo de cosas buenas. Están ávidos de escuchar y ver cosas bonitas como la bondad, la fe, la belleza, el amor, la esperanza…hope dicen en inglés. Es mentira que les entra por un oído y les sale por el otro, generalmente lo guardan en su corazón para después reproducir lo aprendido durante toda su vida.

No supe a qué hora dejé de “ver pa´dentro” y me dormí, al día siguiente desperté con la satisfacción de haber hecho cómplice a mi insomnio de esta reflexión. 

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