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Ciudad Mante
jueves, diciembre 8, 2022

¿Cuándo nos pondremos las pilas? ¡Ojalá y sea pronto!

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Para que Cd. Mante recupere su esplendor

A 85 años del reconocimiento oficial con la categoría de Ciudad y el nombre de Mante Un poco de historia de Donde el azúcar es más dulce

 

Por Ricardo Enríquez Salazar

Cronista municipal emérito de la Asociación de Cronistas de Ciudades y Villas de Tamaulipas. A. C.

Para los que nacimos en este cálido rincón huasteco siempre será muy grato echar la mirada hacia atrás y rememorar tiempos pasados. Recordar es volver a vivir, dice el conocido adagio. Hoy quiero comentar de dos épocas que nuestro solar común ha ido mostrando con el correr de los años, entre muchas otras.

Los mantenses –como este humilde cronista-, que nacimos en la primera mitad del siglo XX, hemos visto infinidad de cambios, gran parte buenos, otros no tanto y también muchos negativos. Espero que me lean muchos mantenses de mi generación que también tengan gratos recuerdos de aquellos tiempos.

Cuando a nuestro querido terruño se le concedió la categoría de Ciudad, el nombre de Mante y Cabecera Municipal del Municipio El Mante, mediante el Decreto No. 116 promulgado el 28 de octubre de 1937 por el Gobernador Constitucional del estado de Tamaulipas, Ing. Marte R. Gómez, la población giraba en torno al cultivo de la caña de azúcar, la producción del Ingenio, el desplazamiento del producto por ferrocarril y la nueva carretera nacional México Laredo que se inauguró un año antes.

 

En pleno auge, la antigua Villa Juárez, se expandía con multitud de comerciantes, empresarios, profesionista –y algunos vivillos-, que llegaron de diferentes partes del territorio nacional, era ya tan fuerte el movimiento social,  económico y de servicios que se generaba, que por 1931 se consolidó la Cámara de Comercio e Industria de Villa Juárez, Tamaulipas. Fue precisamente esta organización, que por aquellos años sufría grandes pérdidas en sus negocios, con la desviación de sus mercancías hacia otros Juárez, quienes solicitaron al H. Congreso del Estado, el cambio de nombre de Juárez por el de Mante y la elevación a la categoría de Ciudad, petición que fue concedida mediante el decreto arriba mencionado. La estación del ferrocarril ya ostentaba el nombre de Mante desde sus inicios, por lo que esta región cañera ya era conocida  por su excelente producción de azúcar que se transportaba vía FERRONALES.

Bueno, volviendo al asunto de la nostalgia y las añoranzas. Allá por los inicios de los cincuenta –recuerdos infantiles-, nuestro Mante ya daba trazas de encaminarse a la modernidad, con sólo dos que tres calles y en pocas cuadras, que estaban pavimentadas, la más larga –que cruzaba la ciudad de oriente a poniente-, era la Carretera Nacional México Laredo –hoy calle Juárez en el centro de la ciudad y amplios bulevares en la entrada sur y la salida hacia el norte-, el resto, eran terregales y en algunos casos, empedradas con piedra bola de río.

En tiempo de lluvias, que en aquellos años eran en serio ¡se hacían unos lodazales! –zoquetales, les decían mis parientes-, con los grandes escurrimientos  que corrían hacia el sur de la loma del choy  -espacio donde hoy están la Plaza Principal y la parroquia de Guadalupe-, era una delicia que toda la chamacada aprovechábamos para correr como locos bajo la lluvia, hacer tremendas represas en la bocacalle y retozar en aquellas sucias aguas. Actualmente, sigo viendo correr aguas sucias –del drenaje-, pero ya las calles están pavimentadas, ahora lo que tenemos es una enorme cantidad de baches y líneas de drenaje tapadas ¿Qué le parece estimado lector?

A finales de los cuarenta llegó a la gerencia de la Sociedad Cooperativa de Obreros y Ejidatarios del Ingenio del Mante, el Sr. José Ch. Ramírez, veracruzano que gustaba mucho del arte, la cultura y el deporte. Fue gran promotor de muchas actividades en esas áreas, a él se le debe la construcción del Teatro al aire libre Julián Carrillo, El edificio Social Lázaro Cárdenas con un IRBA anexo, la Alameda Miguel Alemán, una alberca pública, el Parque de Beisbol Miguel Alemán con alumbrado para juegos nocturnos, otros parques para beisbol con gradas: el de Irrigación –hoy Emilio Sosa-, el Zaragoza y otros en varios ejidos, el Balneario Nuevo Veracruz –hoy el nacimiento-, iglesias –como la parroquia de San José-, escuelas en los ejidos y, empedró los caminos para sacar la caña de las parcelas; entre otras muchas cosas.

Fue un personaje controvertido, algunos de los socios de la cooperativa decían que se gastaba su patrimonio para beneficiar a otros, pero la gran mayoría de los habitantes le reconocen como un gran benefactor y forjador del Mante que hoy disfrutamos. Sin duda fue una época que nuestra población disfruto de grandes eventos, escuelas de artes plásticas, danza, teatro y canto,  juegos de beisbol profesional y otros divertimentos, con espacios adecuados para ellos. El desplazamiento de la caña de azúcar hacia el ingenio en camiones de la época -aunque todavía se utilizaban algunas carretas tiradas por bueyes, en el acarreo de la caña-, fue mucho más rápido con el empedrado de los caminos rurales y se podía realizar en todo tiempo.

Hoy tenemos muchos más espacios con infraestructura moderna para practicar los deportes pero… ¿qué crees amigo mío? ¡Ya no hay beisbol profesional!… Bueno… después de algunos connatos en los tiempos recientes, para tener un equipo de futbol soccer profesional en tercera división… actualmente ¡cero!

De las artes y otros rubros… ¡mejor luego hablamos! Tenemos grandes talentos en nuestro municipio, pero hemos ido a la baja de manera vertiginosa  por falta de promoción y apoyos.

Actualmente, las nuevas generaciones están empapadas de las influencias de otras corrientes culturales ajenas a nuestras raíces y hasta desprecian nuestra riquísima cultura regional huasteca.

Necesitamos revalorar nuestra raigambre, consolidar nuestro sentido de pertenencia, amar a nuestro terruño y  trabajar para que nuestro querido Mante, tenga la importancia ante el concierto estatal y nacional, que tenía en aquellas épocas.

Hubo momentos en que las caravanas de turistas peleaban por un lugar para aparcar sus casas rodantes y disfrutar de aquel pueblito zoquetero, paraíso de la pesca, la caza, el campismo, los paisajes, su gastronomía y sus tradicionales manifestaciones regionales huastecas; hoy somos –entre comillas-, una ciudad moderna, con importantes centros educativos, gran infraestructura urbana y tecnología de punta… sin embargo, ahora a nuestro Mante se le endilgan miles de historias negras y nos ven inmersos en otro tipo de zoquetales… ¿Cuándo nos pondremos las pilas? ¡Ojalá y sea pronto!

Con mis atentos saludos. 28 de octubre de 2022.

 

Cronista municipal emérito de la

Asociación de Cronistas de Ciudades y Villas de Tamaulipas. A. C.

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