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sábado, febrero 4, 2023

EL ABUELO 

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POR: ALICIA CABALLERO GALINDO

-¡Abuelo! ¿Cuántos años tienes?

– Mmmmmm, más de ochenta, Miguelito, pero me siento como de veinte, la vida es bella.

Don Horacio, rubrica su comentario con una radiante sonrisa. Sus ojos vivarachos, aunque bordeados de arrugas, se ven  brillantes y llenos de vida.

-Oye abuelo ¿Y no tienes miedo morirte un día? Si tienes muchos años, pueees… ¡Bueno! La gente no es inmortal y un día nos moriremos todos como mi gatito Tino, yo lo quería mucho y ya ves, hace unos días amaneció muerto en la calle, lo atropellaron.

Miguelito empezó a poner la cara triste pensando en su gato; fue su compañero de juegos por varios años.

El abuelo dejó a un lado el libro que estaba leyendo y sentó al niño en sus piernas, apenas tenía escasos siete años y era reflexivo para su edad, tal vez porque no tenía hermanos y convivía más con adultos que con niños. Alborotó su ensortijada cabellera con sus largas y delgadas manos donde eran visibles unas pecas oscuras producto del tiempo y del sol.  Después de unos segundos de silencio, le explica al niño.

-Mira Miguelito, la vida es como un río, donde los seres vivos navegamos; nuestras barcas son la herencia de los mayores y todos nacemos con las mismas posibilidades de navegar, algunos cuidamos nuestra barca, detectamos sus debilidades y fortalezas y aprendemos a manejarla con maestría y seguridad porque somos observadores y sabemos cómo corregir sus fallas. Algunos navegantes, sólo se suben y le dan vuelo a la vida ignorando cuál es la manera más sabia para manejarla y con frecuencia, pierden el rumbo y se hunden.  El caudal de la vida tiene variaciones, a veces es una corriente violenta que nos empuja con furia y hay que saber mantenernos a flote para no golpear con las piedras y los bordes que pueden hacernos naufragar. Otras ocasiones el caudal es como una laguna pacífica, parece no avanzamos y eso desespera, otras, nos lleva suavemente por su cauce y nos permite disfrutar lo que nos rodea; bosques, montañas, árboles, aves y mariposas bellas así como todo tipo de paisajes que nos encontramos al paso del tiempo. Cada ser humano, de cualquier edad, debe saber navegar en ese río maravilloso y entender que la gracia es manejar nuestra barca con inteligencia, cautela y sabiduría para vivir de la mejor manera. La barca maravillosa en que navegamos, debemos cuidarla, no maltratarla, si vemos que se deteriora, repararla, evitar todo aquello que la dañe y aprender las lecciones que el caudal nos va enseñando.

Miguelito lo escuchaba atento y lo interrogaba con su inocencia y gran análisis, raro en un niño de su edad.

-Oye abuelo ¿y no tienes miedo de morir? ya tienes muchos años.

El abuelo, con una sonrisa paciente le respondió

-El día que cumplí cincuenta años, me senté solo un momento a saborear una taza de café y recapacité: “He vivido cincuenta años y haciendo memoria de mi vida, siento que ha sido tan sólo un suspiro. Considerando el tiempo que dura un ser humano, la segunda mitad que me falta por vivir será más corta; pocos duran cien años. Ante esa reflexión, sentí un vacío en la boca del estómago pensando que el tiempo se acorta, y con los años sientes que los años caminan más de prisa…de momento, sentí pánico y me dije ¡No me quiero morir todavía!

Para distraer el pensamiento abrí el periódico del día y recapacité en las esquelas mortuorias; mueren personas de todas las edades, desde niños hasta ancianos, en ese momento pensé que la muerte no respeta edades ni tiempos y no sabemos cuándo nos iremos, ante esta perspectiva, sólo nos quedan dos cosas esenciales: saborear cada instante de vida como si fuera el último y planear el futuro como si tuviéramos la certeza de vivir cien años más. Cuidar nuestra barca para que se mantenga firme y saludable para que resista las jugarretas del caudal en que navegamos, hacer las cosas cada día de la mejor manera y aprender a vivir en armonía con los demás, y el resto,  se lo dejamos a Dios. Desde ese día, le perdí el miedo a la muerte, es un fenómeno natural que un día llegará pero es tan breve e inevitable que no vale la pena sufrir toda la vida pensando en eso. Si cumplimos como Dios manda con nuestra misión en la vida, el día que Dios nos llame partiremos contentos y sin ningún remordimiento. Para que así ocurra, es necesario hacer siempre lo correcto, amar, reír, cantar bailar pasear y aprender a compartir. Lo más saludable es hacer todo lo que queremos y lo que debemos con alegría para no arrepentirnos, al final, de nada. Eso es lo importante.

Miguelito se quedó muy pensativo por unos momentos y le dijo a su abuelo con una radiante sonrisa

-Yo creo que tú eres inmortal porque te ves joven y fuerte, además yo te quiero mucho y quiero estar siempre contigo, abuelo, se le colgó de su cuello, le dio un sonoro beso en la mejilla y se bajó de las piernas de su abuelo para seguir jugando con Lolo un pequeño cachorro que le había regalado su padre cuando murió su gato.

Don Horacio, tomó de nuevo su libro y siguió leyendo con gran placer mientras el sol con tintes escarlata dibujaba un cuadro maravilloso en el poniente.

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