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martes, junio 28, 2022

El niño que quería tocar la luna.

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Con dedicatoria especial a mi Tío, César Augusto Verástegui Ostos. Mis abuelos, mi tío Octavio y toda tu familia estamos muy orgullosos de ti.

Compartido por Vicente J. Verastegui

Había una vez, un niño que creció en un pueblito, hecho de calles de polvo y piedra, siempre con un olor dulce y rodeado de sembradíos que servían para mantener contento al gigante de acero, mientras los habitantes dieran tributo con sus cosechas, el gigante los seguiría protegiendo. Ese niño inquieto, por las noches mirando hacia arriba, veía un cielo despejado lleno de estrellas, pero la luna era algo que llamaba mucho su atención.

Conforme fue creciendo fue creyendo que tocar la luna era posible, esa idea siempre la mantuvo en secreto. Sabía que lo creerían loco por el simple hecho de pensar que un pequeño campesino, de un pueblito de carretas y caballos sería capaz de tocar la luna.

Sin hacer mucho alboroto, aquel niño convertido en joven, empezó a construir una escalera, poco a poco, peldaño por peldaño. Con mucho cuidado y sin prisa, esa escalera iba creciendo. Aquel joven pronto se hizo querer por propios y extraños, en ese pueblito empezó a ser conocido por todos, inclusive el gigante de acero notó su presencia.

Aquel niño ahora convertido en adulto, ya tenía una escalera muy alta, pero la luna aún estaba demasiado lejos.

En el pasar del tiempo no fue fácil construir esa escalera, hubo muchos inconvenientes. El más duro golpe que apagó sus sueños por un largo, frío y oscuro momento, fue cuando tuvo que luchar solo contra una jauría de lobos que se llevaron a sus hermanos a una cueva no tan lejana de aquel pueblito.

Aquel indeseable momento lo dejó con el corazón herido y sus sueños rotos. Nadie sabe de donde sacó el coraje para encender nuevamente aquel sueño, aún mal herido continuó construyendo aquella escalera que seguía estando muy lejos de la luna. Perseverante, audaz y valiente siguió y siguió a lo largo de los años.

Aquel niño ya tenía su pelo gris y su cara con marcas que reflejan el tiempo. Un día un habitante de aquel pueblo iba caminando por una brecha, era una noche blanca, que se iluminaba con una luna más grande que de costumbre.

Aquel hombre quedó sorprendido porque al ver la luna, alcanzaba a observar una escalera, más alta que el gigante de acero, era tan alta que casi tocaba la luna. Aquel niño que soñaba con lo imposible, ahora está apunto de tocar la luna. 

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