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miércoles, febrero 8, 2023

Guantes amarillos

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HOY, EN ESTA EDICIÓN, EL GRUPO “COLECTIVO3” BRINDAMOS UN HOMENAJE A LA ESCRITORA MANTENSE ADRIANA ALTAMIRANO. ELLA AMA Y SIENTE, EN LA INTIMIDAD DE SUS VERSOS, A SU TIERRA Y A SU FAMILIA. NOS HA COMPARTIDO SU LIBRO “GUANTES AMARILLOS” DEL CUAL LES PRESENTAMOS ESTOS POEMAS CON UN ABRAZO FUERTE HASTA LA BELLA FLORENCIA, DONDE RESIDE DESDE HACE MUCHOS AÑOS Y A DONDE LLEVA EL FOLCLOR DE NUESTRO MÉXICO, DONDE ESTÁN SUS RAÍCES  QUE NUNCA OLVIDA. UN ABRAZO DE TUS AMIGOS, ADRIANA, GRACIAS POR COMPARTIRNOS TU ALMA EN ESTOS POEMAS.  

 

ADRIANA ALTAMIRANO

Los guantes amarillos largos

los usa temprano en la mañana

e inicia la jornada de trabajo,

se mueven con gracia

en vueltas circulares en azulejos

que desgrasa de residuos de cuerpos

en las duchas,

recogen noblemente

con el pulgar y el índice

cabellos enredados en el resumidero,

proceden con armonía

sin ser mimos.

 

Los guantes amarillos largos

sacuden tapetes

de cuentos de mil y unas noches

precipitan pelos y pielecillas

nevisca de vejez.

Los guantes amarillos largos

vestidos de gala, suaves y seductores

bailan un tango agotador

con el trapeador,

lavan y lustran pavimentos

donde resbalan

pies de reyes y princesas.

 

Los guantes amarillos hacen

su trabajo silenciosos

no hacen ni una mueca

separando la basura

se preocupan del reciclaje,

desean un mundo mejor

para los que vendrán.

 

Los guantes amarillos largos

limpian el WC con cepillo,

enjuagan y enjuagan

tiran la cadena,

dentro el vórtice de agua

se fueron sueños y deseos.

 

Los guantes amarillos largos

reposan la noche dentro la cubeta

y esperan el alba

que ella los ponga en sus manos

cocidas del desgaste,

los lleva como un mimo

gira, baila, sueña y piensa

que a fin de cuentas

con sus guantes amarillos, largos

trasforma habitaciones ordinarias

en lindas y perfumadas casas

donde reina soberano

Fabuloso.

 

Percepción binocular

(Eso que no se ve)

De frente al espejo

el párpado del ojo derecho

resbala como una sábana de seda:

seis de la mañana.

Alzas la ceja

la levantas con el dedo índice

después un chorro de agua fría

 hace el resto.

Dos líneas de preocupación

montan guardia entre los ojos,

dos hoyos oscuros

 como cavernas.

La voz profesional dice:

  “¡Son líneas de expresión, señora!”

 

Observas de cerca tu rostro,

los labios aún adormilados

se extienden en una tímida sonrisa.

Ligeras hebras como filamentos

cubren el labio superior.

La voz habitual dice:

“¡Es el código de barras, señora!”

 

Te vistes bien,

con determinación

inicias el día.

Diez minutos en la bicicleta fija,

  así para calentarte,

empiezas la rutina

para robustecer tus brazos

 las mancuernas suben y bajan

en armónicos movimientos.

La piel de los brazos ondea

como ropa tendida en el viento.

La voz que dice:

  “¡Señoras, fortalezcan las cortinitas!”

 

Te miras en el espejo

tu trasero simiesco

 ha perdido gracia.

Aún así tu retrato interno,

la percepción de ti misma

es aquella de un campo recién llovido.

Senos

En el abrazo de mi madre

un biberón de goma, supongo.

Ella no amamantaba.

La convivencia con mis hermanas

fue chupar amor del seno de cada una de ellas.

Dos naranjitas en el pecho

redondas y tentadoras

aparecieron una mañana.

Alguien las comió

con gula y pasión;

estaban verdes.

A veces las ofrecí

para consolar,

para consolarme.

Hombres las tuvieron

como trofeos en las manos.

Desde siempre contradictorios,

fuente de placer

y malestar.

Sería mentirosa

si dijera que no he deseado

lenguas que los besaran,

delicadamente, con hambre.

Recuerdo cuánto fueron amados,

las miradas que brillaban,

me sacudían de deseo.

En la maternidad

reconciliación, orgullo,

amor.

Pequeños capullos de rosa

chuparon los pezones oscuros.

La leche bendita

llena y duerme,

un chorrito blanco

se queda en las comisuras de la boca.

Esas naranjitas, después grandes esferas,

celebran hoy su funeral.

Bajo la camisa blanca

dos senos generosos,

flácidos.

Dos globitos desinflados,

nadie se entretiene más con ellos.

Ya no son buenos

ni siquiera para jugar a “gavettoni”.

         *gavettoni: tirarse globos con agua a fin de año escolar entre los estudiantes de secundaria.

 

Imagino

Te imagino leyendo mis poemas

bajo la luz neón en la cocina

basta un segundo y el agua de la olla

desborda, espuma de mar.

Te imagino leyendo mis poemas

en la sala de espera del dentista

esbozas una sonrisa al viejo chimuelo

todo es aséptico, el poema es audaz.

Te imagino leyendo mis poemas

en la parada del autobús

afuera llueve a cántaros, tus anteojos

empañados confunden las palabras escritas.

Te imagino leyendo mis poemas

en el gimnasio mientras pedaleas en la bici

tipos duros levantan pesas con refunfuños,

vanidosos se miran en el espejo.

Te imagino leyendo mis poemas

porque sólo queda amarnos

a través de los versos que todo permiten.

 

Un instante que evapora

Blancor de luna

inunda el cuerpo

liso, suave

marmóreo Canova.

Despoja – el viejo vestido

rocío de otoño.

En silencio

acariciaba el placer

adormilado.

 

La Madonna

Al final se salió con la suya. 

 

Me pusieron de una parte

a la vista – pero no como reina

de la alcoba matrimonial –

y eso que aún llevo la corona.

 

En la esquina más fría del cuarto,

junto a la ventana

donde se forma condensación.

Los vigilo discretamente

embellezco la recámara

protejo tesoros a mis espaldas.

 

No es que ella no me quiera

de hecho, seguido se dirige a mí

dulcemente.

Tal vez la cohibía

no sabe: que cierro un ojo

en los momentos de pasión.

 

Una vez al año

él, devoto me llena de ramos de olivo

que, después pierden sus hojitas.

Ella las barre y tira

no sabe que hay que quemarlas

es todavía extranjera, pobrecita.

 

Hemos envejecido juntos

medios achacosos

de noche tolero pacientemente

ronquidos y silbidos nasales

dormidas de lado o boca arriba.

 

A fin de cuentas me ha ido bien,

yo en mi esquinita

duermo como un lirón.

 

El séptimo día

En un tiempo la ciudad se despertaba

el hombre regresaba al trabajo y

los jóvenes a la escuela.

Los peluqueros iban al mar

a reposar y peinar las olas.

Era el primer día.

 

Después el engranaje de lo cotidiano

tomaba vigor

se adquirían trabajos arduos

pero accesibles

estábamos galvanizados.

Era el segundo día.

 

La curva energética llegaba a su clímax

los negocios de alimentos y ferretería

en la tarde cerraban las cortinas.

¡Que no se te ocurriera

un lonche o reparar algo en casa!

Era el tercer día.

 

En seguida se pensaba en el mañana,

estaba cerca y consolaba.

La pausa de la comida era larga

en la mesa se servían ñoquis de papa.

Los comerciantes abrían a las cinco.

Era el cuarto día.

 

Después, de Livorno llegaba el bacalá

con garbanzos y era una fiesta.

El ambiente era alegre

las mochilas volaban

todos listos para bailar.

Era el quinto día.

 

Entonces, en la mañana las amas de casa

volteaban la casa, corrían al mercado

las terrazas perfumaban de pompas de jabón

las escaleras del ragú que hervía en la olla.

Algunos dormían profundamente.

Era el sexto día.

 

En la mañana íbamos a misa

con el vestido elegante y los zapatos brillantes

a mediodía estábamos todos juntos

a comer el tiramisú.

 

Después al improviso bajaron las tinieblas

y ya no hubo luz, el firmamento se canceló

y ya no hubo tarde, ni día,

la tierra y el mar se confundieron

el sol quemó las estrellas

el hombre codicioso se engulló la tierra,

y secó el agua.

Y creó el dios Dinero.

Y así el séptimo día dejó de existir.

*Notas de viejas costumbres italianas: el lunes cerraban los negocios de peluqueros y salones de belleza. El miércoles en las tardes cerraban los negocios pequeños de productos alimenticios y ferreterías. El jueves era tradición preparar para la comida los ñoquis de papa. El viernes se preparaba el bacalao a la livornesa con tomate y garbanzos. El sábado se hacía el súper, la limpieza de casa y se iniciaba a preparar el ragú de carne para la pasta del domingo. Y el domingo se iba a misa muy arreglados y se preparaba el postre tiramisú. Todas estas tradiciones han cambiado con el neoliberalismo.

 

Había una vez una sala

Sentada en el escalón de la entrada

escucho el silencio de la sala

la habitación tiene un aspecto enfermizo

un color ámbar, pálido.

 

Los recuerdos suspiran melancólicos,

polvo sobre el polvo, estornudo.

El tiempo de la abundancia terminó

el brillo de la plata y

las copas champañeras

aparecen como instantáneas del pasado.

 

Sumida en un sueño de pensamientos

envejezco.

 

Del techo un goteo de lágrimas cae,

un tazón las recoge,

manchas en el muro dibujan mundos

en el suelo el mármol de Carrara se rompe.

 

Una cadena de insectos desfila en las grietas

la espalda curva agobiada.

 

Las arañas bordan con destreza cortinas de encaje

destellos de luz se filtran por las persianas.

Las salamanquesas pasean en los muros,

con su andar de infinita levedad.

 

La garganta se ahoga

sollozo.

 

Fantasmas de bellas señoras

sentadas en el viejo diván endurecido

escuchan una historia de amor.

El carillón sin bailarina gira desconsolado.

 

Afuera se mecen

las hojas de las palmas.

 

Partiste muy pronto

y nos quedamos cojeando,

sin tu guía y tus silencios.

 

Tú eras el muro de contención

nosotros simples tabiques.

Abrumados por el pasar del tiempo,

somos bisagras oxidadas.

 

Los cimientos – madre

resisten a los temblores.

A veces pienso que gozaste

de lo mejor de la vida,

cuando había libertad

y prosperidad de postal.

 

Si supieras cómo se vive hoy,

encerrados en la casa,

media cáscara de nuez

como cielo,

olor de moho

y vivos sólo por recuerdo.

 

Te fuiste demasiado pronto.

Te ruego: rompe el silencio,

baja a poner puntales

para evitar el derrumbe.

 

La habitación cerrada

I

La habitación cerrada

llena de ratones –

toman domicilio

y se quedan en la oscuridad,

sin respeto mordisquean

y agotan el músculo

que sumiso los acoge.

No son capaces

de salir de su escondite.

 

II

En la habitación cerrada

las luciérnagas confundidas

golpean las alas,

retozan

deseos atrapados.

desgarran el respiro

en arbustos espinosos –

condenando

al olvido.

 

III

De una rendija

de la habitación cerrada

espía temerosa,

prefiere

andar a tientas

alrededor de las paredes.

No ve esa luz

que tenue

parpadea.

 

IV

La habitación cerrada

ofusca la mente

por falta de aire.

Una luz blanca

libertaria

libertina

te informa del mundo

cloroformo

del totalitarismo.

 

Fauces

El viejo león

abre las fauces.

Los dientes afilados

se intercalan en la cavidad,

el colmillo que falta

ha puesto en desorden

la masticación,

salvajemente arranca

la carne del conejo

con furia, en apneacrujidos,

respiración suspendida

Fauces

El viejo león

abre las fauces.

Los dientes afilados

se intercalan en la cavidad,

el colmillo que falta

ha puesto en desorden

la masticación,

salvajemente arranca

la carne del conejo

con furia, en apneacrujidos,

respiración suspendidadespués

escupe un huesito,

la pobre bestia

rueda en la faringe

lo demás va directo

al estómago.

Abajo abajo abajo

las miradas en la mesa

van siempre más abajo.

 

El ángel del tedio

El ángel del tedio

no es gracioso,

tiene un rostro pálido

ojos inmóviles,

se mueve silencioso

como una araña.

 

El ángel del tedio

hace ruido sólo

cuando bosteza,

solloza como

un motor viejo.

El ángel del tedio

tiene las alas arrugadas,

holgazanea día y noche

desahuciado de la alegría.

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