LOCURAS CUERDAS

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La visa que no aparece: 100 días sin cruzar.

Por Jorge Chávez Mijares

Hubo un tiempo en que el periodismo mexicano levantaba la voz todos los días, sin descanso, contra el poder que miente. Miguel Ángel Granados Chapa lo entendió bien: sus columnas eran espejos impasibles, como él decía, que devolvían al lector una verdad sin adjetivos, pero con toda el alma. Germán Dehesa, por su parte, fue más incisivo, más lúdico, más punzante: al gobernador Arturo Montiel le preguntó, durante más de mil mañanas, la misma frase: “¿Cómo durmió, señor Montiel?”

Hoy, en Matamoros, deberíamos preguntarnos algo similar, todos los días: ¿Dónde está la visa, señor Granados? Y si queremos ser más precisos: ¿Dónde está la verdad? ¿Dónde está usted?

Porque este domingo, 27 de julio, se cumplen 100 días sin que el jovencito alcalde Alberto Granados cruce la frontera. Pero no es solo eso: se cumplen también 300 días de una administración que no ha cruzado —ni por accidente— la línea del liderazgo verdadero.

Desde aquel 18 de abril en que fue retenido por autoridades migratorias de Estados Unidos, el jovencito alcalde ha optado por la narrativa edulcorada, el maquillaje de la evasión y el silencio de gabinete. Afirmó que la visa “estaba en casa” —una frase que por sí sola merece una antología del cinismo estético en la política mexicana—, y desde entonces ha evitado el tema con la pericia de un escapista de TikTok.

En otra época, la mentira era motivo de escándalo. Hoy, en el imperio de la imagen, basta un filtro, una sonrisa bien delineada, un video entre colonias, y el delito simbólico se convierte en simple anécdota.

Pero los símbolos importan.

Y la visa ausente —más allá de su valor práctico— es el reflejo de una autoridad ausente que no tiene pudor de presuntamente vivir en el gravitar de una mentira, de un liderazgo que prefiere el espejo al acto, el aplauso al principio de no mentir.

Como German Dehesa con Arturo Montiel, yo pregunto: ¿Cómo duerme, señor Granados? ¿Duerme con la visa bajo la almohada o con la mentira sobre el pecho? ¿Duerme plácido mientras Matamoros despierta cada día entre el escepticismo y el hastío? Porque no es el papel lo que nos duele, sino la voluntad de ocultar, de presuntamente mentir, de disfrazar con vaselina discursiva lo que se debería enfrentar con honor.

Y aquí entra el columnista Granados Chapa, como una advertencia que atraviesa el tiempo: el periodista no debe golpear por capricho, pero tampoco callar por conveniencia. Señalar lo que no se quiere ver —eso es comenzar a sanar una democracia. Por eso lo escribo. Porque la mentira que no se confronta se vuelve costumbre. Y la costumbre, en política, es el germen del abuso.

Sesudo lector, hoy domingo, 100 días después, nadie ha visto la visa. Y lo peor: pocos la siguen buscando. Pero yo —como Granados Chapa ante el PRI, como Dehesa ante Montiel— me niego a olvidar. Porque la dignidad no necesita pasaporte, pero sí necesita la verdad. 

Por cierto —y no es un detalle menor— en los últimos actos públicos he notado un cambio cromático en la indumentaria del alcalde. El guinda, color insignia de Morena, ha comenzado a desteñirse en su guardarropa. ¿Acaso se avergüenza del partido que lo llevó al poder? ¿O será que las nuevas normas de “no reelección” y “cero nepotismos” dictadas por la presidenta Sheinbaum lo han dejado sin libreto político? 

Querido y dilecto lector, tal vez el jovencito alcalde Granados ya prepara maletas ideológicas y busque acomodo en otra tonalidad: la del Partido Verde. ¿Será que en breve veremos a Su Vanidosa Majestad estrechando la mano del diputado federal Mario López, el que antes fue su mentor, después su némesis y ahora podría ser su puente?

El tiempo hablará.

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