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lunes, diciembre 5, 2022

MEMORIAS Y NOSTALGIAS

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POR: LOIDA E. FERNÁNDEZ G.

 Escrita entre el 11 y 12 de octubre de 1995  a la muerte-memoria de Álex Rolando Segura García

No, no lloraré por vos 

ni rasgaré mis vestiduras 

no he de sentarme ante tu muerte 

cual Job en las cenizas. 

Sino antes bien 

me vestiré con mis mejores galas 

y llenaré de estambres 

de colores mi cabello 

como lo hacen las indias de tu tierra, 

las de la tierra de Guatemala. 

Tierra de resistencia indígena 

tierra de todos  tierra de nada 

«tierra que al viento aromas regala 

con las primeras lluvias de la mañana 

como fragancia de mujer morena 

(Y tus pulmones de ella llenabas) 

olores de laurel 

de cabellera negra 

néctar de cuerpo limpio 

mujer lozana,  virgen bañada en leche» * 

esa tu tierra de Guatemala. 

Voy a vestir, con mis mejores galas, 

me adornaré toda con plumas 

con plumas rojas de guacamayas 

y calzaré los caites  

como los indios 

con los que bailan 

sones sureños de las marimbas 

que a diario acunan en serenatas 

canciones viejas 

entre maderas que ya no existen 

y cantos nuevos, los que aún luchan 

y todavía aguardan 

-cual tú lo hiciste-  

un cielo nuevo 

y tierra nueva 

en el aquí y ahora 

para los indios de Guatemala. 

Con las primeras gotas sobre tu rostro 

hace treinta años «tu caminabas 

hasta mojarte y diluirte en agua; 

pero ibas solo 

tus manos frías solo tus dedos acariciaban 

y lágrimas… 

tal vez agua 

rodaban por tus mejillas 

hasta perderse 

y hacerse nada.

 

Lloraba un niño, 

otro en las puertas de casa grande 

se refugiaba 

cuerpos enfermos 

como fantasmas 

por cualquier calle 

tú encontrabas. 

«Como dejar de ser humano 

te preguntabas, 

cómo dejar de amar, 

y de llorar, y de luchar, de denunciar» * 

¡Gritabas!  

 

Al asomarte por la ventana, 

al través del tiempo 

las de tu habitación 

quedan cerradas 

pero en las vigas de la casona 

-maderas finas de Guatemala- 

que con tu suave recia mano un día labraras 

viven tus sueños, tus ilusiones 

y los quetzales,  

cantan los loros, 

tus guacamayas 

y las orquídeas florecen solas 

en todas ellas renace tu alma 

como renace el valor del indio 

con sangre hoy de millones abonada.

Se enciendan para ti todas las luces  

te abrase una tormenta  

con fuegos pirotécnicos 

te de la bienvenida, el cielo te abra,  

las citaras, las arpas, las marimbas 

todo instrumento 

afine notas y la garganta 

campanas del cielo y de tu pueblo 

se echen al vuelo  

no dejen de tañer sino hasta el alba  

para cantar por vos 

no la canción doliente 

sino de amor y gratitud 

por lo que fuiste  y nos entregaste 

sin esperar de nadie nada. 

Y así gritar una y mil veces, las necesarias: 

caminaste la segunda milla 

en el arado tu mano puesta 

sin volver nunca atrás la mirada 

por ser Su siervo, por amor 

y seguir siempre presto 

del maestro la llamada.  

Aunque te cubran hoy otras tierras, 

tu corazón, lo saben todos 

es también de otros

que te obligaron a abandonar ha muchos años 

por otros suelos 

la bien amada 

llevando a cuestas como tu herencia 

una gran nostalgia 

sin lograr nunca arrancarte 

aunque quisieron 

lo que llevabas dentro del alma. 

No,

no lloraré cual Job 

en sus cenizas, 

antes bien, vestiré galas, 

toda de blanco, toda de rojo

toda cubierta de guacamayas 

y con los últimos rayos de sol 

y las primeras lluvias 

de la mañana  

cantaré para vos 

todos los días 

una canción, o un salmo, 

una milonga, un tango con su nostalgia. 

Desde la urdimbre de las marimbas 

un valsecito, un son, 

una chilena, un bolero 

como oración broten del alma, 

desde la entraña misma del fuego 

de los volcanes 

de las montañas 

desde tu patria 

vientos del sur 

y las hamacas 

que te mecieron entre sus brazos 

en Guatemala; 

canto por vos 

todos los días 

una canción, un salmo 

por todas ellas acompañada. 

                                                     *Estas líneas están basados en un texto escrito por Rolando en 1970.

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