Tarifas de energía, reales, son un derecho no una excepción
Agencia EcoNoticias
En Tamaulipas, el calor no es solo una incomodidad: es un golpe directo al bolsillo. Cuando el termómetro rebasa los 45 grados, como ocurre cada año en municipios como El Mante, encender un ventilador, un aire acondicionado o simplemente mantener un refrigerador funcionando se convierte en una necesidad de supervivencia. Y, sin embargo, esa necesidad tiene un alto precio.
Durante décadas, los hogares tamaulipecos han cargado con tarifas eléctricas que no reflejan la dura realidad climática del estado. A diferencia de otras regiones con subsidios más generosos, muchas familias aquí han tenido que elegir entre pagar el recibo de luz o cubrir otras necesidades básicas. Una injusticia silenciosa, pero constante.
Por eso, el proceso de reclasificación tarifaria que ya está en marcha representa no solo un ajuste técnico, sino un acto de justicia social largamente esperado. La Comisión Federal de Electricidad (CFE) y la Comisión Nacional del Agua (Conagua) finalmente han empezado a reconocer lo que en la calle es evidente: vivir en el norte y centro de Tamaulipas implica resistir al calor extremo por meses, cada año.
La buena noticia es que el caso de El Mante ya fue admitido por la CFE, abriendo la posibilidad de avanzar hacia la tarifa 1F —la más baja disponible para climas cálidos— o al menos escalar un peldaño en la clasificación actual. El impacto no es menor: un cambio de tarifa puede representar un ahorro de hasta el 20% en el recibo de luz. Eso significa dinero real para las familias, respiro para quienes viven al día.
El subsecretario de Electricidad, Roberto Manuel Rendón Mares, ha sido claro: se revisarán todos los municipios del estado, priorizando aquellos con mayor exposición al calor extremo. Conagua ya está aportando los datos históricos de temperatura, y el proceso técnico está en marcha. Ahora toca vigilar que se cumplan los tiempos y que los resultados no se queden solo en promesas.
Tamaulipas no pide privilegios, pide equidad. Si el calor es más severo, el subsidio debe ser proporcional. Si los datos climáticos lo justifican, las tarifas deben reflejarlo. Porque en esta tierra ardiente, donde el sol cae sin tregua, la electricidad no es un lujo: es una necesidad básica. Y pagar menos por ella debería ser un derecho, no una excepción.
