La callejoneada y la navaja de Ockham en tiempos de propaganda.
Por Jorge Chávez Mijares.
Querido lector, en mi irremediable adicción a las lecturas diversas me encontré un concepto llamado “La navaja de Ockham”, que se me presentó con un cósmico signo de interrogación. No era una metáfora poética, sino un principio filosófico del siglo XIV, formulado por Guillermo de Ockham, que enseña a desconfiar de las explicaciones rebuscadas o de la propaganda ostentosa, dice: “En igualdad de condiciones, la explicación más simple suele ser la mejor”. Una herramienta de sobriedad intelectual que corta el exceso y deja a la vista lo esencial.
Pensé entonces en Matamoros y derivado de la callejoneada en la calle nueve, gestionada por Leticia Salazar, activada por Jesús de la Garza y afianzada por Mario López, en la figura del jovencito alcalde Alberto Granados, cuya gestión parece sostenida más en la espuma digital que en los hechos palpables. Sus redes sociales son un torrente inagotable de propaganda: fotografías cuidadosamente editadas, videos ensayados con sonrisa de manual, frases altisonantes que se repiten como letanías. Se multiplica con 154 fotos en sus redes sociales la imagen con un pantalón claro sin cinto para ocultar la ausencia de sustancia.
Es ahí donde la navaja de Ockham se vuelve un bisturí necesario. ¿Por qué tanta foto? ¿Por qué tanta propaganda? La explicación más simple corta de raíz: porque no hay resultados suficientes que mostrar. Un gobierno que verdaderamente transforma no necesita gritarlo cada día en un carrusel digital; sus obras hablan, sus decisiones se sienten en la vida cotidiana, sus hechos construyen credibilidad sin hashtags.
El jovencito alcalde Granados, en cambio, confunde la política con la pasarela virtual. Piensa que gobernar es posar para la cámara, inundar la red con mensajes en los que se presenta como salvador, aunque la realidad de las calles y colonias desmienta esa ficción. La propaganda desbordada es, en sí misma, un síntoma: cuando hay que decir demasiado es porque se está haciendo demasiado poco.
Sesudo lector, la navaja de Ockham no se anda con rodeos: corta las capas de cosmética política y deja a la vista lo evidente. Sus asesores de imagen y de comunicación deberían saber que el exceso de propaganda no es signo de fortaleza, sino de debilidad. En Matamoros, la verdadera explicación es sencilla y brutal: el alcalde gobierna desde la apariencia porque carece de sustancia.
Y así, entre lecturas y casualidades, confirmé que aquel principio medieval conserva hoy su filo intacto. La navaja de Ockham, traída desde el polvo de los libros, se convierte en la mejor herramienta para desnudar la farsa política contemporánea. Porque frente a la retórica y la saturación digital, lo más honesto es lo más simple.
Querido y dilecto lector, Matamoros merece hechos, no fotos; destino, no espejismos. Van 128 días que la visa duerme en casa.
El tiempo hablará.
