En el corazón de toda transformación municipal está la capacidad de hacer que las cosas sucedan. Y para que el servicio público cumpla su misión, no basta con la voluntad: se necesita equipamiento, herramientas, vehículos, infraestructura. El departamento de Alumbrado Público lo sabe bien. Durante años, sus trabajadores enfrentaron el reto de servir sin medios, con unidades obsoletas y sin condiciones mínimas para operar. Hoy, ese panorama comienza a cambiar.
A trece meses de iniciado el gobierno de la transformación encabezado por la alcaldesa Patty Chío, el municipio ha dado pasos firmes para dignificar el trabajo de quienes iluminan nuestras calles y recogen nuestros residuos. La adquisición del camión pluma, capaz de reparar hasta 15 luminarias por día y atender varias zonas por semana, es más que una mejora técnica: es una señal de respeto al trabajo operativo y al derecho ciudadano de vivir en espacios seguros y funcionales. Lo mismo ocurre con el camión recolector de basura donado por PEMEX, que fortalecerá un servicio vital para la salud y la imagen urbana.
Tres unidades más están en proceso de licitación, con el respaldo del Cabildo. Y aquí vale subrayar un hecho político relevante: el apoyo transversal de regidores y síndicos, incluso de partidos distintos al de la presidenta municipal. Esa voluntad de trabajar en unidad, de poner por delante el bien común, es el verdadero motor de la transformación.
Porque transformar no es solo inaugurar obras: es equipar a quienes las hacen posibles. Es reconocer que detrás de cada lámpara encendida hay manos, esfuerzo y compromiso. Y que cuando el gobierno invierte en sus trabajadores, invierte también en su gente.
