Cabeza de Vaca se queda solo
Las pinzas de la justicia comienzan a cerrarse con firmeza sobre Francisco García Cabeza de Vaca, exgobernador de Tamaulipas, quien insiste en proclamarse inocente cada vez que tiene un micrófono enfrente. Su discurso, repetido hasta el cansancio, se centra en la narrativa del perseguido político, como si eludir la acción de la justicia fuera un acto de resistencia democrática y no la consecuencia de señalamientos graves que pesan sobre su figura.
Ayer mismo, en entrevista con Azucena Uresti en Fórmula Noticias, desde la comodidad de su residencia en Estados Unidos, volvió a desafiar a sus críticos, incluso retando al diputado Arturo Ávila a debatir en Washington, un gesto que más que valentía refleja la imposibilidad de pisar suelo mexicano por temor a ser detenido. Esa actitud de confrontación a distancia, sin enfrentar directamente las instituciones de justicia de su país, desnuda la fragilidad de su defensa.
Lo más revelador es el silencio de sus correligionarios del PAN. Nadie ha levantado la voz para defender lo indefendible. La ausencia de respaldo político confirma que el partido no está dispuesto a cargar con el costo de proteger a un personaje cuya sombra de impunidad se ha vuelto insostenible.
El pueblo de Tamaulipas, agraviado por años de corrupción y abusos, espera que el brazo implacable de la ley alcance finalmente a García Cabeza de Vaca. La justicia no puede seguir siendo rehén de narrativas de persecución política ni de estrategias de evasión. La verdadera prueba de la democracia mexicana será demostrar que ningún exgobernador, por poderoso que haya sido, está por encima de la ley.
