David Ed Castellanos Terán
@dect1608
La Iglesia ya no navega igual

En Tampico, la fe no ha muerto, pero sí ha sido lastimada. No por el pueblo, que sigue creyendo incluso en medio del abandono institucional, sino por quienes debieron pastorearlo y terminaron administrando la comodidad.
La llegada de Monseñor Margarito Salazar Cárdenas como sexto obispo de la diócesis es un mensaje de muy arriba. Su arribo en lancha hasta el Faro de Tampico, en una escena cargada de simbolismo que bien podría interpretarse como el intento de reconectar con una Iglesia que hace tiempo perdió el rumbo en estas aguas del sur de Tamaulipas.
Sin rodeos: en la zona metropolitana, la diócesis ha sido, durante años, tierra de paso para obispos que confundieron la misión pastoral con una estancia prolongada de privilegios. Llegaron, observaron… y se acomodaron. Se hicieron de la vista gorda frente a las fracturas sociales, frente al avance de la violencia, frente al debilitamiento del tejido comunitario. Pero eso sí, degustaron con disciplina los vinos caros y las mieles de una ciudad generosa.
Renunciaron de facto. No en papel, pero sí en compromiso.
Por eso, el recibimiento multitudinario a Salazar Cárdenas no es solo un acto litúrgico, es una expresión de hartazgo disfrazada de esperanza. La gente quiere creer otra vez. Quiere un obispo que camine, que escuche, que incomode si es necesario. No uno más que administre silencios… y eso, que los fieles reunidos son una minoría, es decir: fuero poquitos, muy poquitos.
El nuevo pastor llega con un discurso correcto, pero en Tampico ya no bastan las frases. Aquí se necesita presencia, carácter y, sobre todo, valentía. Porque hablar de paz y justicia en una región que ha vivido episodios complejos, además, de que tiene investigaciones sensibles sin alcanzar su veredicto final; no es fácil para un elegido.
La diócesis que recibe no es menor: 124 sacerdotes, 74 parroquias y 11 municipios. Una estructura suficiente para incidir, si hay voluntad. Pero también un aparato que puede volverse inerte si se administra desde la comodidad.
El reto de Salazar Cárdenas, además de espiritual, es político en el sentido más profundo: reconstruir la confianza en una institución que se fue diluyendo entre omisiones. Volver a hacer de la Iglesia un actor social relevante, no un espectador elegante.
Tampico no necesita otro obispo de postal. Necesita un líder que entienda que la fe también se defiende en la calle.
El tiempo dirá si esta llegada en lancha fue el inicio de una travesía auténtica… o solo otra postal bien lograda.
En la intimidad… Mientras la Iglesia busca reencontrarse con su pueblo, Tampico también apuesta por reconstruir su identidad desde otros frentes. Esta semana fue presentado el VI Torneo de la Regata de Canotaje Tampico 2026, que se celebrará el 18 y 19 de abril en la laguna del Chairel, dentro del Parque Fray Andrés de Olmos.
No es un evento menor. En una región donde durante años la agenda pública estuvo marcada por temas de seguridad, hoy el deporte comienza a recuperar espacios. La regata, impulsada por la Asociación de Canotaje en Tamaulipas, reunirá a atletas locales y nacionales en pruebas de velocidad que incluyen kayak individual, doble y cuádruple.
Detrás del evento hay algo más que competencia: hay una estrategia silenciosa de reconstrucción social. Niños desde los 11 años hasta atletas de alto rendimiento compartirán pista, en un entorno que además busca ser incluyente con modalidades como kayak recreativo y stand up paddle.
La laguna del Chairel, tantas veces testigo de la vida cotidiana de los tampiqueños, vuelve a colocarse como escenario de encuentro. Y eso importa.
Porque mientras algunos sectores apenas intentan recuperar credibilidad, el deporte ya está haciendo su trabajo: formar disciplina, generar comunidad y proyectar talento. Varios de los participantes, incluso, tienen la mira puesta en la Olimpiada Nacional y competencias internacionales.
El acceso gratuito y la apertura a la ciudadanía no son detalles menores. Son señales de que, cuando hay voluntad, el espacio público puede volver a ser de todos.
En Tampico, entre obispos que llegan y atletas que reman, hay una constante: la necesidad urgente de dirección. Unos deberán encontrarla en la fe; otros, ya la están construyendo a golpe de esfuerzo.
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@dect1608
