por Carlos G. Cortés García
ISSSTE EN TAMAULIPAS: QUÉ SE LOS CREA SU ABUELITA
Cuando las cifras oficiales presumen avances y los derechohabientes denuncian carencias, el problema deja de ser solamente de mantenimiento y suministro: se convierte en una crisis de credibilidad. En el ISSSTE, los porcentajes no pueden sustituir la realidad que viven los pacientes.
Hay cifras que lucen muy bien en un informe, declaraciones que suenan alentadoras ante los micrófonos y funcionarios que parecen tener buenas noticias para todos. Pero el problema comienza cuando esas cifras salen de las oficinas y se enfrentan con la realidad y alguien descubre que entre el discurso oficial y la experiencia de los ciudadanos existe una distancia abismal.
Eso es precisamente lo que ocurre con la información proporcionada por Jorge Cortina Beltrán, delegado del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, ISSSTE, en Tamaulipas, quien asegura que los sistemas de aire acondicionado de las clínicas de Ciudad Victoria y Tampico operan por encima del 90 por ciento, mientras que en Ciudad Madero funcionan al 100 por ciento.
Pero por si esos datos fueran poco, el funcionario reporta un abasto de medicamentos e insumos médicos del 97.6 por ciento en las unidades médicas de la entidad. ¡Vaya cifras! Casi todo funciona, casi todo está abastecido y, aparentemente, el panorama hospitalario tamaulipeco marcha viento en popa.
Pero hay una pregunta que no podemos pasar por alto: ¿si todo está tan bien, por qué los derechohabientes sostienen una versión distinta? Cosa de ir a los baños de la Clínica Hospital en Ciudad Victoria para que la información del delegado choque con la realidad.
Y aquí es donde las declaraciones oficiales deben dejar de ser un ejercicio de comunicación institucional para convertirse en materia de comprobación pública.
Porque una cosa es lo que reportan los indicadores administrativos y otra, muy distinta, lo que experimenta un paciente cuando llega a una clínica buscando atención médica, necesita un medicamento o tiene que permanecer durante horas en una sala de espera.
Decir que los aires acondicionados funcionan por encima del 90 por ciento suena alentador. Informar que en Ciudad Madero operan al 100 por ciento parece todavía mejor.
Pero ¿qué significa realmente ese porcentaje? ¿Se refiere al número de equipos que encienden, a su capacidad de enfriamiento, a las áreas que mantienen una temperatura adecuada o al funcionamiento efectivo de todos los sistemas durante la jornada de atención?
No es una pregunta menor. Es la diferencia entre presentar un indicador de mantenimiento y garantizar condiciones dignas para los pacientes.
Porque un equipo puede estar encendido y no necesariamente ofrecer la climatización que necesita una sala llena de personas enfermas. Un sistema puede aparecer como funcional en un reporte técnico y, aun así, presentar deficiencias que afectan la atención cotidiana de pacientes, familiares y trabajadores.
Por eso, el porcentaje por sí solo no basta. Hace falta conocer qué se midió, cómo se verificó, qué instalaciones fueron revisadas y cuáles son las condiciones reales en las que se atiende a los derechohabientes.
Y si los trabajos de mantenimiento todavía continúan en Ciudad Victoria y Tampico, como reconoce el propio delegado, entonces también corresponde explicar cuáles son las áreas pendientes de climatizar, cuánto falta para concluir las reparaciones y qué medidas se adoptan mientras tanto.
Los pacientes no pueden esperar a que termine el siguiente informe para saber si tendrán condiciones adecuadas en una clínica pública. La salud, y lo hemos visto, no admite simulaciones estadísticas ni largos tiempos de espera.
El otro dato que informó el optimista delegado del ISSSTE en Tamaulipas, Jorge Cortina Beltrán, merece también una revisión igual de rigurosa: el abasto de medicamentos e insumos médicos del 97.6 por ciento.
Sobre el papel, la cifra parece extraordinaria. Sin embargo, detrás de ese porcentaje existe una pregunta elemental: ¿qué medicamentos están disponibles y cuáles hacen falta? ¿Qué medicamentos tendrán los pacientes para su tratamiento y por cuales tendrán que pagar altas cantidades de dinero, muchos de ellos provenientes de su pensión o de los apoyos gubernamentales, con lo cual “su dinerito” desaparecerá en un solo segundo de su tarjeta o su monedero.
Porque es claro que no todos los medicamentos tienen la misma importancia para quien los necesita. Para un paciente que requiere un tratamiento específico, ese 2.4 por ciento restante puede representar precisamente el medicamento que no encuentra en la farmacia de su clínica.
Y no es lo mismo hablar de un promedio estatal que garantizar el surtimiento de una receta individual. Tampoco es lo mismo tener un inventario en una unidad médica que disponer del producto que necesita un paciente en el momento oportuno.
El propio Cortina Beltrán reconoce que persisten faltantes específicos y que se realizan gestiones ante las áreas centrales del Instituto y otras entidades para conseguir los productos necesarios.
Y entonces, la pregunta es inevitable: ¿cuáles son esos medicamentos faltantes, en qué unidades se necesitan y cuánto tiempo deben esperar los pacientes para conseguirlos? Y la respuesta no debería quedarse en una explicación administrativa.
Quien acude al ISSSTE no lo hace para conocer porcentajes de abastecimiento ni saber cuanto enfrían los aires acondicionados. No señor. Acude porque necesita atención, tratamiento y medicamentos. Y si después de una consulta sale con una receta que no puede surtir, el indicador de abasto pierde buena parte de su valor frente a esa necesidad concreta.
El 97.6 por ciento, pues, puede ser una cifra positiva para la administración, pero no resuelve el problema del paciente que se queda sin su medicamento.
Y no se trata de negar los avances por sistema. Se trata de evitar que el anuncio de una inversión se confunda con la garantía de un servicio eficiente. Un hospital nuevo es importante. Una clínica rehabilitada también. Las camas eléctricas pueden representar una mejora significativa. Pero la infraestructura, por sí sola, no resuelve todos los problemas de la atención médica.
Se necesita personal suficiente, medicamentos disponibles, equipos funcionales, material de curación y servicios que respondan a las necesidades de la población. Mientras que la obra pública se mide en metros cuadrados y recursos ejercidos, la calidad de los servicios médicos también debe medirse en atención oportuna y resultados verificables.
Y aquí está el fondo del asunto. Por un lado, tenemos al delegado del ISSSTE en Tamaulipas, quien presenta cifras favorables sobre climatización y abasto de medicamentos, además de informar sobre inversiones y rehabilitaciones.
Pero por el otro, están los derechohabientes cuyas experiencias, según sus testimonios, contradicen la imagen de normalidad que transmiten los indicadores oficiales.
Y entonces no corresponde afirmar, sin una verificación independiente, que todas las cifras del delegado son falsas. Tampoco sería periodísticamente responsable desestimar las denuncias de los pacientes sin investigarlas.
Lo que sí corresponde es confrontar ambas versiones, documentar las diferencias y exigir explicaciones, porque cuando la autoridad sostiene que un servicio funciona y los ciudadanos aseguran que no reciben una atención adecuada, alguien tiene la obligación de aclarar qué está ocurriendo. Alguien pues, debe estar mintiendo.
¿Son problemas localizados que no aparecen en los promedios estatales? ¿Existen diferencias entre clínicas, turnos y áreas de atención? ¿Los indicadores se actualizan con la misma frecuencia con la que cambian las condiciones de los servicios? ¿O existe una brecha entre lo que se informa y lo que realmente se ofrece? Estas son preguntas legítimas. Y la responsabilidad de responderlas no puede trasladarse a los pacientes.
La solución tampoco consiste en desacreditar a los funcionarios ni en dar por ciertas todas las quejas. La solución consiste en comprobar los hechos, transparentar la información y corregir lo que esté fallando. Eso es lo que merece la población derechohabiente que es quien mantiene al ISSSTE Tamaulipas.
El ISSSTE no es una concesión graciosa del gobierno ni un favor que se le hace a sus usuarios. Es una institución de seguridad social a la que acuden trabajadores, pensionados, jubilados y sus familias, quienes esperan recibir los servicios que les corresponden.
Por eso, los funcionarios responsables de su operación tienen la obligación de informar con claridad, atender las deficiencias y rendir cuentas sobre los recursos destinados a las unidades médicas.
Si el aire acondicionado funciona al 100 por ciento en Ciudad Madero, que se compruebe en las áreas de atención. Si el abasto de medicamentos alcanza el 97.6 por ciento, que se publiquen los criterios de medición y los faltantes específicos. Si se invierten miles de millones de pesos en infraestructura, que se informe sobre el avance físico y financiero de cada proyecto y sobre los servicios que efectivamente están en operación. No se pide un favor. Se exige transparencia.
Y si los derechohabientes denuncian fallas, que sus testimonios sean escuchados, investigados y atendidos. No basta con presentar números favorables si estos no coinciden con la experiencia de quienes utilizan los servicios. Al final, la pregunta no es quién ofrece la declaración más convincente. La pregunta es quién puede demostrar, con información verificable, que las clínicas funcionan como deberían y que los pacientes reciben la atención que necesitan y merecen.
Porque en materia de salud, un porcentaje no cura, un comunicado no surte una receta y una promesa no repara un equipo descompuesto.
Jorge Cortina Beltrán tiene la obligación y la responsabilidad de despejar las dudas. Y los derechohabientes, por su parte, merecen algo más que explicaciones: merecen servicios médicos dignos, medicamentos disponibles y condiciones adecuadas para recibir atención médica.
Mientras las cifras oficiales y los testimonios ciudadanos sigan en aparente contradicción, la pregunta permanecerá sobre la mesa: ¿a quién le creemos: al delegado del ISSSTE o a los derechohabientes que denuncian una realidad distinta?
La respuesta no debe depender de simpatías políticas ni de discursos institucionales. Debe surgir de los hechos, de la transparencia, de la seriedad de un funcionario público y de una verificación seria e independiente.
Porque cuando está en juego la salud de miles de tamaulipecos, la verdad no puede ser un asunto secundario. Y la rendición de cuentas tampoco. Así de sencillo.
- 1. Llegó con tan buenas credenciales el nuevo delegado del PAN en Reynosa, Raúl García Vivián, que hay quienes le ven ya con otros ojos, asegurando que él también debe participar en la búsqueda del candidato panista a la presidencia municipal de Reynosa, para participar en el proceso electoral del próximo año. Hay incluso quienes desde ahora aseguran que Raúl sería un excelente alcalde para esa ciudad, tras los casi diez años del “makismo”.
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2026
