Códigos de poder.

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Tres historias para vencer la pobreza.

Tres historias iluminan el mapa del desarrollo reciente: el gradualismo de China, la digitalización del bienestar en India y la arquitectura redistributiva de Brasil. Tres vías distintas, un mismo propósito: convertir crecimiento en movilidad real.

China comenzó en el campo. El sistema de responsabilidad familiar devolvió a cada hogar el control del excedente agrícola y disparó la productividad. Luego, las Zonas Económicas Especiales atrajeron capital y tecnología, integrando manufactura y exportaciones bajo un Estado que mantuvo firmes las palancas estratégicas. Cuatro décadas después, el resultado es histórico: unos 800 millones de personas superaron la pobreza extrema, el proceso más amplio y veloz del que se tenga registro. Con la década de 2010 llegó la estrategia de alivio focalizado: censos casa por casa, metas verificables y una combinación de infraestructura, servicios y reubicación productiva. El secreto fue la paciencia estratégica: experimentar en pequeño, escalar en grande, sostener inversión pública y corregir sin miedo.

India eligió otro camino: una columna vertebral digital que asegurara que cada rupia llegara a su dueña. La tríada JAM (cuentas bancarias Jan Dhan, identidad biométrica Aadhaar y telefonía móvil) permitió transferencias directas con trazabilidad y costos decrecientes. A ello se sumó el programa de empleo garantizado en zonas rurales (MGNREGA), que estabilizó ingresos y mejoró caminos, bordos y pozos. El resultado es monumental: 415 millones de personas salieron de la pobreza entre 2005 y 2021, según el Índice Global de Pobreza. Identidad única, pagos instantáneos y banca básica interoperable se convirtieron en infraestructura invisible del progreso.

Brasil, entre 2003 y 2014, escribió la gran historia latinoamericana. El salario mínimo ganó poder de compra, el crédito se expandió, la educación creció, y como columna vertebral apareció Bolsa Família: transferencias condicionadas que ataron ingreso, nutrición y permanencia escolar. La pobreza, medida en 5.50 dólares diarios (PPA), cayó de 41.7% a 17.9%, mientras la desigualdad retrocedía con fuerza. Investigaciones mostraron que el programa redujo mortalidad y hospitalizaciones, con efectos destacados en infancia y adultos mayores. La enseñanza es simple: transferencias bien focalizadas, sumadas a empleo y servicios, pueden cambiar el destino de un país.

¿Dónde queda México en este mapa? Los datos de 2024 ofrecen una fotografía alentadora. La pobreza multidimensional se ubicó en 29.6%, con 38.5 millones de personas en esa condición y 7 millones en pobreza extrema. Entre 2022 y 2024, 8.3 millones dejaron de estar en pobreza; el porcentaje con ingresos insuficientes cayó de 43.5% a 35.4% y mejoraron carencias de vivienda y alimentación. El salario mínimo, tras varios años de aumentos de dos dígitos, alcanzó 278.80 pesos diarios en 2025, pieza clave de la recuperación del ingreso laboral.

Pero los rezagos persisten: 44.5 millones enfrentaron carencia en salud y casi la mitad careció de seguridad social, lo que limita el impacto del ingreso en bienestar efectivo. La comparación global sugiere un programa claro. De China, paciencia estratégica y pilotos territoriales; de India, identidad única y pagos digitales directos; de Brasil, transferencias condicionadas que apuesten por infancia y adolescencia.

El salto mexicano exige convertir pesos en derechos. Salud universal con financiamiento suficiente; productividad territorial con infraestructura y energía limpia; participación laboral femenina con estancias infantiles y horarios extendidos; un régimen que abarate la formalidad con cuotas simples y protección social portable; banca de desarrollo enfocada en pymes proveedoras de cadenas exportadoras; y evaluación rigurosa para sostener la brújula.

China mostró que el Estado puede orientar mercados hacia prosperidad; India probó que la tecnología pública multiplica inclusión; Brasil acreditó que la protección social salva vidas. México ya aceleró el ingreso de millones. El reto es transformar ese impulso en movilidad intergeneracional y estabilidad de derechos. Ahí se decide la diferencia entre un ciclo favorable y una década ganada.

El nuevo milagro mexicano depende de si aprendemos a convertir la coyuntura en historia, y el crecimiento en justicia

¿Voy bien o me regreso? Nos leemos pronto si la IA y la seguridad social, lo permiten.

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Un ceviche peruano para Greis y Alo.

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