DOS POEMAS

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Todas las madres del mundo,

ocultan el vientre, tiemblan,

y quisieran retirarse,

a virginidades ciegas,

el origen solitario

y el pasado sin herencia.

Pálida, sobrecogida

la fecundidad se queda.

El mar tiene sed y tiene

sed de ser agua la tierra.

 

Alarga la llama el odio

y el amor cierra las puertas.

Voces como lanzas vibran,

voces como bayonetas.

Bocas como puños vienen,

puños como cascos llegan.

Pechos como muros roncos,

piernas como patas recias.

El corazón se revuelve,

se atorbellina, revienta.

Arroja contra los ojos

súbitas espumas negras.

 

La sangre enarbola el cuerpo,

precipita la cabeza

y busca un hueco, una herida

por donde lanzarse afuera.

 

La sangre recorre el mundo

enjaulada, insatisfecha.

Las flores se desvanecen

devoradas por la hierba.

Ansias de matar invaden

el fondo de la azucena.

Acoplarse con metales

todos los cuerpos anhelan:

desposarse, poseerse

de una terrible manera.

 

Desaparecer: el ansia

general, creciente, reina.

Un fantasma de estandartes,

una bandera quimérica,

un mito de patrias: una

grave ficción de fronteras.

 

Músicas exasperadas,

duras como botas, huellan

la faz de las esperanzas

y de las entrañas tiernas.

Crepita el alma, la ira.

El llanto relampaguea.

¿Para qué quiero la luz

si tropiezo con tinieblas?

 

Pasiones como clarines,

coplas, trompas que aconsejan

devorarse ser a ser,

destruirse, piedra a piedra.

Relinchos. Retumbos. Truenos.

Salivazos. Besos. Ruedas.

Espuelas. Espadas locas

abren una herida inmensa.

 

Después, el silencio, mudo

de algodón, blanco de vendas,

cárdeno de cirugía,

mutilado de tristeza.

El silencio. Y el laurel

en un rincón de osamentas.

Y un tambor enamorado,

como un vientre tenso, suena

detrás del innumerable

muerto que jamás se aleja.

                                                                                  MIGUEL HERNÁNDEZ

 

*

Quién votó por esos monstruos 

Quién les concedió el permiso 

la fuerza 

el ego 

para cagarse sobre el prójimo 

¿Quién votó por el ahijado del tío Sam?

Que levante la mano

¿Quién por el Dictador?

Que levante su grito 

Detesto al verdugo 

lo mismo que al autócrata 

Estoy del lado de la bondad 

Ellos dos

son la fetidez del ser humano 

tuya

mía

la de los ocho mil millones 

que habitamos el planeta

¿Son los líderes 

(pinche palabreja) 

que la humanidad votante 

ha puesto en esos lugares?

¿Eso merece nuestro mundo 

tan resquebrajado

el que bien podría seguir 

su larguísima vida 

sin la presencia del ser humano?

¿Acaso pagamos por violencia 

maldad 

traición 

que hacemos a escondidas?

¿Por tanto daño

al suelo que pisamos

al río moribundo

a los árboles 

a los pastizales incendiados?

No busco validación de nadie

No me miren

Me avergüenza todo

Por mí 

que los dos se vayan al carajo 

Que se vayan 

que jamás 

jamás volvamos a verlos

                                                                               ASAF SALATHIEL SÁNCHEZ BAUTISTA

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