¿Otra vez un altamirense para el Sexto Distrito?

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Por segunda ocasión consecutiva, la diputación federal del Sexto Distrito, cuya cabecera se encuentra en Ciudad Mante, podría quedar en manos de un político originario de Altamira. El interesado es el todavía presidente municipal de ese puerto industrial, Armando Martínez Manríquez, quien ya anunció que el próximo 30 de agosto solicitará licencia para separarse del cargo y participar en el proceso interno de Morena.

En una entrevista concedida la semana pasada, el edil explicó que su decisión obedece a los lineamientos establecidos por su partido para quienes ocupan responsabilidades públicas y aspiran a otro cargo de elección popular. “El día 30 de agosto, si son funcionarios, tienen que pedir permiso”, señaló.

Casualmente, apenas un día después, su equipo de comunicación comenzó a difundir información para posicionarlo como el perfil más fuerte de Morena rumbo a la candidatura que actualmente ocupa la diputada federal Blanca Narro Panameño, quien, por cierto, también tiene la mira puesta en la alcaldía de Altamira.

Las aspiraciones de Armando Martínez son completamente legítimas. Nadie puede cuestionar su derecho a competir. Lo preocupante sería que esa candidatura se concretara por la ausencia de liderazgo político en los municipios que integran el Sexto Distrito o, peor aún, por la pasividad de su clase política.

Cuesta creer que en Ciudad Mante, Antiguo Morelos, Nuevo Morelos, Xicoténcatl, Ocampo, González o Aldama no exista una mujer o un hombre con trayectoria, capacidad y arraigo suficientes para representar a este distrito en la Cámara de Diputados.

El Sexto Distrito ya conoce los efectos de las imposiciones y del oportunismo político. Durante décadas fue refugio de personajes que encontraban aquí una candidatura sin mayor vínculo con la región, los llamados “gaviotas”, como eufemísticamente se les bautizó. Los nombres son conocidos: Enrique Fernández Pérez, Martha Chávez Padrón, Aurora Cruz de Mora y Óscar Martín Ramos Salinas, entre otros.

Los diputados federales genuinamente mantenses han sido contados. Arturo Saavedra Sánchez fue el primero y Vicente Verástegui Ostos el último. Después vino la redistritación del Instituto Nacional Electoral, que incorporó a Altamira al Sexto Distrito y modificó el equilibrio político de la región.

Hoy, con el argumento de que casi la mitad del padrón electoral se concentra en Altamira, no sólo parecen querer decidir quién representará al distrito, sino que incluso no faltará quien proponga trasladar la representación política y administrativa hacia aquel municipio. Sería el golpe definitivo para una cabecera distrital que históricamente ha dado identidad a esta demarcación.

La discusión no debería centrarse en el lugar de origen de un aspirante, sino en la representación efectiva de los municipios que integran el distrito. Sin embargo, también es válido preguntarse hasta cuándo Ciudad Mante seguirá renunciando a defender los espacios políticos que durante décadas le dieron voz en el Congreso de la Unión.

Las vacaciones políticas están por terminar. Habrá que esperar los movimientos internos de Morena y de los demás actores del distrito. Quizá antes de que eso ocurra, el alcalde altamirense comience a recorrer esta región para presentarse ante un electorado que, hasta ahora, poco lo conoce. Entonces sabremos si viene a conquistar una candidatura… o si, una vez más, la política local decidió dejarle el camino libre.

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