David Ed Castellanos Terán
@dect1608
El incendio de Mario Delgado
A Mario Delgado Carrillo se le está quemando la casa y, para apagarla, parece haber encontrado la receta favorita de la burocracia cuatrotista: cerrar puertas, señalar culpables y esperar que nadie pregunte quién dejó encendido el cerillo.
El secretario de Educación Pública quiere desaparecer de un plumazo las escuelas militarizadas. Así, sin NOmás. Como que no quiere ver las posibles violaciones a los derechos humanos de estudiantes que, durante años, debieron ser vigiladas por las autoridades.
Sí, ¿dónde estaba la SEP? ¿Dónde estaba la Secretaría de Educación de Tamaulipas? ¿Dónde estaban los inspectores de zona? ¿Quién revisaba los permisos, los métodos, los instructores y las condiciones en que operaban esas escuelas? ¿Dónde estaba el regidor presidente de la comisión de educación del Ayuntamiento de Ciudad Madero?
Nadie vio nada.
Hasta que murió Dafne
Entonces sí descubrieron el incendio.
La tragedia de la adolescente de 13 años en DOENITZ no puede convertirse en la coartada perfecta para que las autoridades salgan limpias de una historia que debieron supervisar, y cerrar escuelas en bloque no responde a quién permitió que funcionaran así durante años.
En el sur de Tamaulipas se sabe que durante años ha habido presencia de exalumnos de estos modelos militarizados entre personajes que terminaron vinculados con actividades delincuenciales; incluso, más de uno ha sido líder o jefe de plaza. Eso no convierte a todos los egresados en criminales; sería una estupidez.
La disciplina no puede convertirse en sometimiento. La autoridad no puede transformarse en abuso. Y una escuela no puede quedar fuera de la vigilancia del Estado solamente porque se venda como formación castrense.
Pero cuando Mario Delgado apenas intenta controlar ese incendio, su propia estructura administrativa le arroja otro infierno.
USICAMM.
Miles de maestros de Tamaulipas y de otras entidades presentaron durante cuatro horas un examen para promoción vertical u horizontal. De nueve de la mañana a una de la tarde, bajo vigilancia, audio, video y estrictos protocolos.
Terminaron.
Y entonces les dijeron que se habían equivocado de examen.
Había que repetirlo.
Cuatro horas más.
A las dos de la tarde, cuando intentaron entrar nuevamente, la plataforma comenzó a fallar.
Al maestro se le exige puntualidad, preparación y disciplina.
A la autoridad se le permite equivocarse.
Al maestro se le vigila.
A la autoridad se le pide paciencia.
Y cuando falla el docente, pierde una oportunidad laboral. Cuando falla la autoridad, aparentemente basta con pedir que vuelva a intentarlo.
Ese es el problema de Mario Delgado.
No puede administrar correctamente una evaluación nacional y, al mismo tiempo, pretende decidir de un plumazo el futuro de un modelo educativo entero.
Si quiere limpiar, que limpie.
Pero que empiece por los escritorios.
Que revise permisos, inspecciones, expedientes, protocolos y responsabilidades. Que diga quién sabía, quién permitió y quién decidió callar.
Porque gobernar no es reaccionar después de la tragedia.
Y cerrar escuelas tampoco es lo mismo que resolver el problema que permitió que existieran.
El incendio de Mario Delgado no está solamente en las escuelas militarizadas.
También está en la oficina desde donde pretende apagarlas.
Y eso, en Tamaulipas, debería preocupar a más de uno.
En la intimidad…. La Universidad Autónoma de Tamaulipas no necesita apagar incendios para comenzar un nuevo ciclo.
Este lunes 3 de agosto, la máxima casa de estudios del estado retoma sus actividades administrativas después del receso laboral del 20 al 31 de julio.
Regresan trabajadores sindicalizados, docentes y personal de confianza a campus, facultades, unidades académicas e institutos de investigación.
Pero lo importante está en los jóvenes.
La UAT comienza este lunes la publicación de resultados de admisión para quienes presentaron el EXANI-II del CENEVAL el pasado 25 de junio. Para miles de aspirantes será el día en que una pantalla les diga si consiguieron un lugar en la universidad.
Y mientras unos conocen su destino académico, otros comienzan a construirlo.
Del 3 al 14 de agosto se realizarán las inscripciones de nuevo ingreso y las reinscripciones de estudiantes de continuidad.
El 17 de agosto arrancan las clases.
No parece una noticia espectacular.
Lo es.
Porque detrás de cada resultado hay una familia esperando. Detrás de cada inscripción existe un proyecto de vida. Y detrás de cada aula hay una responsabilidad mucho mayor que entregar un título: formar personas capaces de pensar.
Ahí está el verdadero poder de la educación.
No en el uniforme.
No en la obediencia ciega.
No en el miedo.
En el pensamiento.
La UAT abre sus puertas a una nueva generación que algún día ocupará los hospitales, las empresas, las escuelas, los tribunales, los medios y también los escritorios desde donde hoy se toman decisiones.
Y quizá por eso convenga recordar algo:
una sociedad educada no es la que obedece mejor; es la que pregunta mejor.
Pregunta quién autorizó.
Quién vigiló.
Quién falló.
Quién encubrió.
Y quién debe responder.
Los jóvenes que este agosto llegan a la UAT no solamente vienen por una carrera.
Vienen a aprender a pensar
Y eso, para cualquier gobierno, debería ser motivo de orgullo.
Para un mal gobierno, en cambio, puede convertirse en una amenaza.
Porque tarde o temprano los estudiantes dejan de ser estudiantes.
Se convierten en ciudadanos.
Y los ciudadanos que aprendieron a preguntar son difíciles de gobernar con silencios.
davidcastellanost@hotmail.com
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