Cuauhtémoc Cárdenas hizo historia

Cuando faltaban pocas semanas para la elección presidencial del 6 de julio de 1988, una joven delgada llegó varias veces por las noches a la entrada del departamento que el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas tenía en Polanco.
Pero no piense mal estimado lector: la joven era esposa de un funcionario que trabajaba en la oficina de la presidencia, en Los Pinos y, por tanto, contaba con información privilegiada.
Esos datos a los que pocos, muy pocos, tenían acceso, eran los resultados arrojados por las encuestas que mandaba aplicar el presidente Miguel de la Madrid.
La última de las encuestas que esa misteriosa dama le entregó a Cuauhtémoc Cárdenas a unos días de la votación era reveladora: el candidato del Frente Democrático Nacional, esa singular coalición electoral que integraban el PPS, el PARM, el PST y, de última hora, el PMS, iba arriba 5 puntos porcentuales sobre el priista Carlos Salinas de Gortari.
Uno de los datos que más llamó la atención del ingeniero Cárdenas fue la respuesta a una pregunta específica: ‘¿Cómo te enteraste del candidato?’.
El 36 por ciento de los entrevistados respondieron que tuvieron conocimiento de él por plática directa. Es decir, se enteraron del candidato de la izquierda nacionalista de voz en voz.
De hecho, prácticamente no había otra manera. Eran los tiempos de la dictadura perfecta, tal como conceptualizó y describió al régimen priista el brillante escritor y novelista peruano Mario Vargas Llosa.
Era imposible ver a Cuauhtémoc Cárdenas en televisión. Las pocas notas televisivas eran en su contra, directas a la yugular del aspirante rebelde. La entonces poderosa Televisa, al fin soldado del PRI, estaba a las órdenes de la presidencia de la república.
Eso era la censura, digamos, acostumbrada e implacable de aquellos tiempos. Salvo la revista Proceso y los periódicos La Jornada y El Financiero daban seguimiento puntual a la campaña cardenista, en especial la publicación semanal dirigida por Julio Scherer García.
Pero eso era nada comparado con lo que sucedió cuando solo faltaban cuatro días para los comicios: Javier Ovando, operador cercano al candidato del Frente Democrático Nacional, fue asesinado junto con su secretario Román Gil.
Javier Ovando había desarrollado un sistema para contar con información confiable el día de la votación. Todos los datos, entre ellos los nombres de las personas que iban a estar en cada distrito electoral de todo el país recopilando las cifras y los hechos, estaban anotados en hojas de contabilidad cuadriculada.
Toda esa información la llevaba en su portafolio. Ese portafolio y esa documentación fue robada por los asesinos de Javier Ovando y Román Gil.
El sangriento y letal mensaje era clarísimo: el gobierno estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para evitar que el PRI y su candidato Carlos Salinas de Gortari perdieran la elección presidencial.
Así sucedió: el 6 de julio la participación ciudadana rebasó todas las expectativas y todos los pronósticos. Las filas de votantes eran largas. La sensación de un cambio democrático se vislumbró en las casillas.
Pero ni el viejo PRI ni lo que estaba por venir a nivel global (el triunfo del neoliberalismo y del capitalismo salvaje) iban a permitir una victoria de la izquierda nacionalista. No, eso no iba a ocurrir.
El priismo hizo lo que mejor sabía hacer por aquellos tiempos: robo de urnas, quema de boletas, compra de votos, ‘conteo’ de sufragios inventados a favor del ‘elegido’ y, cuando todo eso fue insuficiente, el partido prácticamente único optó por un repentino freno cobijado con una frase histórica y memorable: se cayó el sistema.
Efectivamente, el sistema político priista se cayó debido a la alta y activa participación ciudadana, fue rebasado por el carril izquierdo.
Los votos se dejaron de contar al llegar a las 30 mil casillas. Hasta ahí, la votación era favorable para Cuahtémoc Cárdenas. El resto de las casillas, alrededor de 25 mil, ya no se contaron. La dictadura casi perfecta optó por inventar el resultado y acomodar las cifras, los porcentajes.
De esa forma, el tecnócrata Carlos Salinas de Gortari ‘ganaba’ con el 50.36 por ciento de los sufragios.
Nadie, absolutamente nadie creyó en ese resultado.
A todas luces, aquello fue un pueril, grotesco, cínico y descarado fraude electoral.
Hacia finales de julio, el día 29, en casa del economista Manuel Aguilera, sucedió lo que parecía imposible: Cuauhtémoc Cárdenas se reunió con Carlos Salinas de Gortari.
Testigos del encuentro fueron Manuel Camacho Solís, por parte de Salinas; y Antonio Ortiz y Roberto Robles Garnica, del lado de Cárdenas.
¿El objetivo de la reunión? Establecer un punto de negociación, pero la conversación se estancó.
Cuauhtémoc quería que se limpiara la elección. Salinas descartó la petición una y otra vez al eludir una respuesta concreta.
Aunque los radicales del movimiento promovieron la idea de tomar Palacio Nacional, el ingeniero Cárdenas siempre enarboló la bandera de que la lucha política sería pacífica.
Desde entonces, el hijo del general Lázaro Cárdenas lo tuvo claro: la construcción de la democracia sería larga, un camino sinuoso y complejo, plagado de engaños y trampas.
Lo que generó Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 fue una auténtica revolución democrática. Esa fue la razón del nombre que recibió la organización política fundada por el ingeniero: el Partido de la Revolución Democrática, el PRD.
Con esas siglas, Cuauhtémoc intentó dos veces más alcanzar la presidencia de México. El empuje ya no fue el mismo.
Además, el contexto operaba en contra: el mundo ya estaba inclinado totalmente a la derecha tras la caída del Muro de Berlín y el desmantelamiento de la Unión Soviética. Los vecinos del norte alcanzaron el punto climático de su poder global. El imperio dictaba el rumbo del planeta. Era imposible que la izquierda ganara la elección presidencial mexicana.
Lo que sí logró el demócrata Cuauhtémoc fue ganar la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México en 1997. Fue el primer gobernador (no se le conoce así, pero lo es de facto) de la capital del país electo por los ciudadanos. Antes, el presidente de la república designaba a un regente… y también lo quitaba cuando quería. Fue una victoria histórica.
Al llegar el nuevo siglo, el ingeniero fue desplazado del liderazgo de la izquierda nacionalista por un político con un carisma singular proveniente de Tabasco: Andrés Manuel López Obrador.
Eran las dos caras de la misma moneda acuñada por la izquierda que portaba la bandera de la soberanía nacional: águila y/o sol.
Cuauhtémoc era la institucionalidad democrática, rígida ante la historia, el águila que desciende en picada. AMLO era un sol que deslumbraba con su ingenio verbal desplegado en sus ‘mañaneras’ en las que imponía la agenda mediática del día, pero también era o, mejor dicho, es una luz que, de ser tan intensa, ciega, no permite ver más allá.
Cuauhtémoc fue eclipsado por López Obrador, quien también fue tres veces candidato a la presidencia de México. La gran diferencia fue la tercera, la vencida: AMLO ganó la elección de forma arrolladora, aplastante.
Una vez más, la política está tejida por las circunstancias: en 2018, los vecinos del norte ya no eran tan poderosos como a finales de los ochentas e inicios de los noventas del siglo pasado. En ese año, Estados Unidos vivía su propio caos político interno con la primera presidencia de Donald Trump y, a nivel global, China ya era una impactante y ejemplar potencia económica y tecnológica. El neoliberalismo estaba en declive.
A diferencia del relato diario de los hechos, que se informan y se comentan a botepronto, la historia se relata bajo el método donde la reflexión, el análisis y la frialdad imperan, sin que las pasiones contaminen el juicio serio y profundo.
Eso fue lo que sucedió con el fallecimiento de Cuauhtémoc Cárdenas: hasta enemigos acérrimos lamentaron su partida. Los medios que antes le negaron el espacio (Televisa, of course), abrieron sus principales noticieros con la nota de su muerte.
‘El ingeniero de la transición democrática’, lo calificaron con acierto en sus titulares los periódicos de la capital del país. Efectivamente, el ingeniero Cárdenas fue un constructor de la democracia mexicana.
Cuauhtémoc no llegó a ser presidente como su padre, el legendario general Lázaro Cárdenas, pero sí logró convertirse en un personaje histórico, en un protagonista clave de la historia moderna de la nación.

FERIA DEL LIBRO DE LA UAT ABRE SUS PUERTAS A LOS ESCRITORES INDEPENDIENTES
Todo está listo para que la Feria del Libro de la UAT 2026 arranque actividades el sábado 31 de octubre en el campus Tampico-Madero.
Algo que se debe destacar es la apertura que tendrá la Universidad Autónoma de Tamaulipas con los escritores independientes en su compromiso por promover la cultura y el fomento a la lectura.
De lo que se trata es de abrir el espacio para dar a conocer el talento de las nuevas voces de la literatura regional.
Las presentaciones de los escritores independientes se realizarán del 1 al 8 de noviembre en la Sala Café con Autor, en el Gimnasio Olímpico del centro universitario sur.
De esta forma, la UAT, bajo la rectoría de Dámaso Anaya Alvarado, reconoce la importancia de ofrecer oportunidades a quienes desarrollan su talento creativo desde la independencia literaria. Buen punto.
MÁS BECAS PARA LOS NIÑOS Y JÓVENES TAMPIQUEÑOS
Hablando de la promoción de la cultura y, por ende, de la educación, el Ayuntamiento de Tampico que encabeza Mónica Villarreal Anaya tiene bien clara una prioridad: apoyar con becas a los niños y jóvenes.
Por esa razón, la alcaldesa porteña realizó la primera entrega de becas municipales del actual ciclo escolar, el 2026-2027.
En total, son 582 alumnos de educación básica y jóvenes de educación superior los beneficiados con los apoyos en un evento que se llevó a cabo en el Auditorio Municipal.
‘Sin educación no hay transformación’, enfatizó Mónica Villarreal.
Esa frase es muy cierta, la educación transforma tanto a la persona como a la sociedad. Sin educación no existe un desarrollo individual ni colectivo.
Además, la alcaldesa dio una buena noticia: el gobierno tampiqueño incrementó el padrón de becados en 160 estudiantes más.
Y PARA CERRAR…
Mesa política plural con un café o un vino tinto de por medio: Francisco Labastida, Cuauhtémoc Cárdenas, Diego Fernández de Cevallos, Manlio Fabio Beltrones y Jorge Alcocer.
La fotografía, valiosa por lo que significa realmente la política, la subió Beltrones a sus redes sociales.
Lección de historia: las pasiones y las confrontaciones políticas del pasado deben procesarse, analizarse. Así era Cuauhtémoc Cárdenas.
