¿Por qué Trump perdió las dos cámaras? ¿Qué sigue?
David Vallejo.
Donald Trump pidió a los estadounidenses que votaran como si su nombre estuviera en la boleta. Recorrió el país, respaldó candidatos y convirtió las elecciones intermedias en una evaluación de su presidencia. Los electores respondieron entregando a los demócratas el control de la Cámara de Representantes y el Senado, de acuerdo con las proyecciones de los principales medios estadounidenses. El recuento continúa y la distribución definitiva de escaños está pendiente, pero el cambio de mayoría en ambas cámaras ya ofrece una imagen contundente del tamaño de la derrota republicana.
En el Senado, las proyecciones colocaban al bloque demócrata con 54 escaños, incluidos dos independientes que votan con ese partido, frente a 44 republicanos, con Alaska y Mississippi aún sin adjudicar en algunos medios. Los demócratas arrebataron posiciones en territorios tan distintos como Texas, Kansas, Iowa, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Ohio y Maine. En la Cámara de Representantes también alcanzaron la mayoría, aunque decenas de distritos seguían contando votos al cierre de esta columna.
La consecuencia inmediata llegará el 3 de enero de 2027, cuando entre en funciones el nuevo Congreso. Trump tendrá enfrente a una oposición capaz de detener iniciativas, presidir comisiones, investigar a su gobierno, exigir documentos y citar funcionarios. El control del Senado añade una facultad decisiva, la intervención en la confirmación de jueces y altos cargos. Cada nombramiento necesitará encontrar una ruta entre legisladores que ya tienen incentivos para examinarlo con mayor dureza.
El presidente conserva el veto, las atribuciones del Ejecutivo, una estructura administrativa bajo su mando y una Corte Suprema de mayoría conservadora. Los jueces ya confirmados permanecerán en sus puestos y las leyes vigentes seguirán operando. Para superar un veto se requieren dos tercios de los votos en cada cámara, una distancia considerable respecto de una mayoría simple. Los demócratas tendrán poder para frenar al presidente y Trump para bloquear las leyes que salgan del Congreso. Gobernar exigirá acuerdos, mientras la confrontación ofrecerá a ambos bandos una explicación para la falta de resultados.
La Cámara podría iniciar otro juicio político, pero destituir al presidente requeriría el voto de dos tercios de los senadores presentes. La posibilidad de investigar es mucho más inmediata que la de removerlo. Habrá disputas por el presupuesto, la migración, el gasto público y las decisiones administrativas, con una pregunta que acompañará cada negociación. ¿Quién está dispuesto a ceder y quién pagará el costo de una parálisis?
Los primeros datos ayudan a entender el mensaje de las urnas. La encuesta AP Voter Poll encontró que alrededor de cuatro de cada diez electores identificaron la economía como el principal problema del país y cerca de tres de cada diez señalaron la democracia. Aproximadamente siete de cada diez consideraron insuficiente la supervisión del Congreso sobre la presidencia. Detrás de la aritmética legislativa aparece una mezcla de preocupación por el costo de vida y demanda de límites al poder.
Cerca de siete de cada diez votantes menores de 30 años y seis de cada diez hispanos respaldaron a candidatos demócratas para la Cámara, según esa misma encuesta. Son cifras relevantes que deben leerse con cuidado. Comparar una elección legislativa con una presidencial no permite asegurar que las mismas personas cambiaron de opinión, pues también cambia quién sale a votar. La participación, los candidatos y las condiciones locales ayudarán a explicar el resultado cuando exista información más completa.
Tampoco hubo una sola fórmula para ganar. En Texas triunfó James Talarico, legislador y maestro que incorporó su fe al discurso público. En Kansas ganó Adam Hamilton, pastor metodista. En Michigan, el progresista Abdul El-Sayed retuvo para los demócratas un escaño del Senado y será el primer musulmán en llegar a esa cámara. Son trayectorias e ideas distintas, reunidas en una coalición que encontró motivos comunes para cuestionar a la Casa Blanca. El rechazo al presidente pudo unirlos en las urnas, pero convertir esa victoria en una agenda compartida será otra tarea.
El terremoto también alcanzó a las gubernaturas. Según las proyecciones de Associated Press, los demócratas tendrán al menos 27 de las 50 a partir de 2027, frente a las 24 que ocupaban antes de la elección. Entre los cambios de partido figuran Texas, Georgia, Ohio e Iowa, cuatro estados que eran gobernados por republicanos y que ahora colocarán a un demócrata al frente del Poder Ejecutivo estatal.
Texas concentra una de las historias más relevantes para México. Gina Hinojosa derrotó al gobernador Greg Abbott y será la primera mujer latina en gobernar el estado. Al mismo tiempo, Talarico ganó el Senado frente a Ken Paxton. La combinación rompe una larga hegemonía republicana en elecciones estatales y modifica el mapa de interlocutores al otro lado de una frontera donde comercio, migración y seguridad comparten la misma geografía.
En Georgia, Keisha Lance Bottoms se convertirá en la primera mujer negra elegida gobernadora en Estados Unidos. En Ohio ganó Amy Acton y Sherrod Brown regresará al Senado, después de haber perdido su escaño ante Bernie Moreno en 2024. Brown ocupará el resto del periodo que comenzó J. D. Vance, hasta 2028. En Iowa, Rob Sand ganó la gubernatura y el medallista paralímpico Josh Turek obtuvo un escaño en el Senado. En Nuevo México, la demócrata Deb Haaland será la primera mujer indígena estadounidense elegida gobernadora.
El mapa, sin embargo, conserva contrastes. En Florida, el republicano Byron Donalds ganó la gubernatura y será el primer gobernador negro del estado. Una elección puede cambiar el equilibrio nacional sin borrar las diferencias territoriales ni garantizar que los estados que votaron por la oposición mantendrán esa preferencia en 2028.
Trump reconoció la derrota, felicitó a los demócratas y expresó disposición a trabajar con ellos, aunque también defendió su propio papel. Sus siguientes movimientos podrían combinar negociación en asuntos puntuales, enfrentamiento con las comisiones investigadoras y uso de facultades ejecutivas para avanzar donde el Congreso cierre el paso. La reacción de los republicanos será igual de importante. Algunos seguirán dependiendo de su respaldo ante la base del partido. Otros tendrán que decidir cuánto les cuesta acompañarlo frente al electorado general y en la disputa por la sucesión de 2028.
Para México, el cambio abre espacios de diálogo en Washington y en los estados, sin eliminar las tensiones que atraviesan la relación bilateral. La política migratoria, el trato a los mexicanos en Estados Unidos, la seguridad fronteriza, el tráfico de armas y fentanilo, la energía, la inversión y el comercio continuarán sujetos a decisiones federales y estatales. Un gobernador puede influir en la cooperación cotidiana de la frontera, mientras la Casa Blanca conserva herramientas con consecuencias directas para nuestro país.
La revisión del T-MEC seguirá siendo una prueba central. En julio, Estados Unidos rechazó extender el tratado en su forma actual, aunque el acuerdo continúa vigente y el proceso de revisión seguirá adelante. El nuevo Congreso ofrece interlocutores adicionales, pero los demócratas también tienen exigencias laborales, industriales y comerciales propias. La oposición a Trump no equivale a una coincidencia automática con México.
La elección demostró que el poder presidencial encuentra límites cuando los ciudadanos entregan instrumentos a sus adversarios. Ahora los demócratas deberán decidir qué hacer con ellos y Trump tendrá que enfrentar una realidad distinta a la de los primeros dos años de su gobierno. Para México, la tarea será entender a todos los actores, defender sus intereses y prepararse tanto para la negociación como para el conflicto. La derrota de un presidente estadounidense puede cambiar la conversación con nuestro país, pero los problemas compartidos seguirán esperando soluciones.
¿Voy bien o me regreso? Nos leemos pronto si la IA y los contrapesos democráticos lo permiten.
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Desde ahorita los adornos navideños para Greis y para Alo.

