“Chica Chécate”: cuando el arte le presta luz a la prevención

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Querido lector, la Galería Gallardo amaneció el viernes 26 de septiembre como un templo civil. Los cuerpos tensos y reverberantes del maestro Onésimo Gallardo, a quien pude saludar —figuras en claroscuro, carne hecha relato— parecían escuchar. Entre sus lienzos, una mesa blanca y un estand rosa con una declaración sobria: “El cáncer no es rosa”. No, no lo es. Rosa fue el código cromático del encuentro; la realidad, en cambio, exige datos, decisión y comunidad.

En el centro de la mesa, Fernanda Seceñas, anfitriona y organizadora; a su derecha, la Lic. Valeria Guillén (enfermera especialista en oncología, representación del sector público); a su izquierda, la Lic. Mónica Benavides; en los extremos, Brenda García (maestra de yoga certificada) y el Dr. Juan Manuel Carbajal, ginecólogo-oncólogo que ha acompañado el movimiento desde el día uno. Cinco voces, un mismo pulso.

Paciente lector, Fernanda abrió con gratitud: desde 2021 aquello que fue una reunión entre amigas creció hasta convertirse en una campaña viva que entra en su quinta edición. El 2 de octubre de 2025, a las 4:00 pm se abrirán los stands y a las 6:00 pm comenzarán las conferencias en el Centro de Convenciones Holiday Inn. Entrada gratuita, como principio y destino: la detección oportuna del cáncer en la mujer. Recordó el dato que cala: 1 de cada 8 mujeres recibirá un diagnóstico de cáncer de mama en su vida. Por eso, dijo, este movimiento ya no es “evento”: es campaña de difusión y, si el viento acompaña, semilla estatal.

Escuché con atención la voz de la ciencia (y la urgencia) el Dr. Carbajal habló sin rodeos: el factor de riesgo ineludible para cáncer de mama es ser mujer. En México se detectaron más de 30 000 casos nuevos en 2023; para 2040–2045 se proyecta más de 50 % de incidencia (por encima de la media global). Y aun así hay razón para la esperanza: la mortalidad ha bajado por nuevos tratamientos y, sobre todo, por detección oportuna. En México el tamizaje ronda el 20 %; urge subir esa marea.

Lo siguiente no se si llamarlo un golpe de realidad: cerca del 70 % de mujeres se diagnostican ellas mismas —“llegan diciendo: aquí tengo un bulto”— y 60 % no tenía mastografía previa. La diferencia entre llegar tarde o a tiempo es brutal: en etapa temprana la probabilidad de curación alcanza 90–95 % y el tratamiento es menos invasivo y menos costoso.

Lo que atrapó mis sentidos es que la atención pública existe (y es gratis), y no falta que llegue, falta más bien que la busquemos. La Lic. Valeria Guillén puso números locales sobre la mesa: 171 mujeres tamizadas de enero a agosto de 2024 pese a contar con turnos de lunes a domingo; Matamoros tiene 46 unidades urbanas y rurales para exploración clínica y, según metas, deberían atenderse 35, 294 mujeres. Muchísimas no acuden por desconocimiento o temor. Para romper el cerco, habrá taller de autoexploración con simuladores en el evento: no basta “explorarse”, hay que saber qué buscar.

Sesudo lector, en estos casos, hay que hacer atractiva la información (para tocar lo intocable). La Lic. Mónica Benavides subrayó el corazón de Chica Chécate: acercar información y hacerla deseable. Si el cáncer no es rosa, sí puede ser accesible: familias y cuidadores están convocados porque la detección oportuna es un acto colectivo. La campaña escucha, aprende, ajusta.

Fernanda retomó: romper tabúes. Convertir el “¿ya te checaste?” en una muletilla cariñosa entre amigas, entre familias. El año pasado —contó— el módulo de chequeo de mamas fue una sorpresa luminosa: las asistentes se formaron y salieron con su botón “Yo ya me chequé”. Esa es la ciudad que queremos.

Me encantó el tema referente a la red de apoyo: pues es un trayecto del miedo a la vida práctica. Brenda García habló del otro costado de la luna: la supervivencia. No “sobrevivientes”, supervivientes. Propuso redes de apoyo con profesionales, yoga terapéutico, herramientas de movimiento y espiritualidad para volver al cuerpo sin miedo. El mensaje es nítido: prevenir sí, pero también acompañar a quienes ya están en el camino.

Fernanda detalló el mapa del 2 de octubre: de 4 a 6 pm exposición de emprendimientos locales (sin venta, todo gratuito para conocimiento y acceso): alimentos orgánicos, mousse, caldo de hueso, pan de masa madre; participación de farmacias dermatológicas, Cruz Roja, Chemisette (taller de brassieres adecuados), familias Inteva; y guías impresas (“Tengo cáncer, ¿y ahora qué?”, “Qué esperar del tratamiento”). A las 6 pm, micrófono para el Dr. Carbajal. Se siente el salto: de reunión a conferencia magna.

Apreciado lector, debo decirte que pedí la palabra para traer una vieja herida familiar: ¿cuánto pesa el pudor y la pena en la mortalidad del cáncer de mama? El Dr. Carbajal fue contundente: el retraso diagnóstico es el principal exponenciador de muertes. En mayores, pena y miedo; en jóvenes, ignorancia… y también errores de sospecha clínica. Carbajal nos compartió un aforismo que nos iluminó: “Los ojos no ven lo que la mente no sabe”: toda cirugía de mama por “bolita” debe ir precedida de biopsia, sin excusas.

Fernanda añadió otra sorpresa de 2024: muchas sí quisieron checarse ahí mismo. Y subrayó algo práctico: a partir de los 19 años hay rutinas por edad; el Dr. insistió: desde los 40, mastografía anual (sí, una por año: a los 50 deberían ser 10).

Quisquilloso y desconfiado lector, sobre costos y patrocinio: el evento es gratuito y se sostiene en la industria, emprendedores y empresas locales. No habrá pretextos.

Mi amiga, la periodista Arabela García preguntó por qué detona el cáncer y cómo cambiar la dinámica informativa. El Dr. respondió sin espejismos: es multifactorial; 85 % de los casos son esporádicos (no hereditarios) y hay prevención real en los cánceres con vacuna (como VPH, que reduce ~95 % de riesgo si se aplica). La tarea clave: derrumbar la ignorancia y sostener una campaña permanente.

La Lic. Valeria pidió corresponsabilidad a medios y sector salud: abrir espacios en radio, TV y digitales; y, muy concreto: pruebas que en privado cuestan miles (ella citó $4,400 por VPH) son gratuitas en los centros de salud. Difundirlo salva trayectorias.

Repregunté por la mastografía. Valeria detalló el circuito: exploración clínica en primer nivel; dispositivo electrónico en Centro de Salud Euskadi (no sustituye masto/ultrasonido); y desde los 40 años, mastógrafo digital en Hospital General de Matamoros sin costo con cita al (868) 819 1684 – Programa Cáncer de la Mujer.

Sobre datos estatales, Valeria ofreció contexto: el mastógrafo nuevo permite incluso estudios con implantes; sin embargo, siguen los “peros” y los miedos. Relató casos duros (incluidos ovarios gigantes) y una mañana con tres mujeres llegando ya con la frase: “tengo cáncer”. La radiografía emocional es clara: si el hijo enferma, corre el pediatra; si la mascota, el veterinario; si mamá… espera.

Fernanda hizo una cuenta fría muy oportuna y útil, para vencer el miedo “al gasto”: detectar temprano en sector público cuesta $80–150 mil (privado $120–250 mil); con metástasis: $500–700 mil (público) y hasta $2 millones en privado, además de tratamientos más agresivos y peor calidad de vida. Si algo hay que temer, es llegar tarde.

Tomó turno para sus comentarios la Lic. María Eugenia Jiménez, superviviente. Trajo la verdad psicológica: el diagnóstico se asocia a muerte y revuelve identidad, cuerpo y biografía. Preguntó por el apoyo psíquico como parte del tratamiento. Valeria la presentó como caso detectado por mastografía que obtuvo atención inmediata (IMSS). El Dr. Carbajal cerró con evidencia: los pacientes con intervenciones psicológicas/espirituales tienen mejor calidad de vida y adherencia; no basta curar, hay que vivir bien: “ir a la playa, hacer el amor, vacacionar con los hijos”.

Brenda García, la master en yoga de Spanda, completó el círculo: habrá tanatóloga, guías para cuidadoras/es, directorio de profesionales, yoga terapéutico (ecológico y hormonal). Contó el caso de una alumna que llegó en silla de ruedas y hoy maneja, se acuesta en el piso, pinta: la diferencia fue su decisión y la red (psicóloga, yoga, fe). Salud mental como responsabilidad y llave.

Luego llegó el ambigú: cupcakes con banderines de Chica Chécate, mandarinas, manzanas, plátanos, charolas de panes y bebidas. El rosa en la repostería —dulce guiño al eslogan— contrastaba con la seriedad de las cifras. Afuera, Matamoros seguía su curso; adentro, Onésimo Gallardo parecía asentir desde sus telas: el cuerpo es historia, y hay que cuidarlo.

Querido y dilecto lector, el 2 de octubre, la ciudad tiene cita con su propio espejo. El cáncer no es rosa, pero la esperanza —cuando se organiza— sí ilumina.

El tiempo hablará.

 

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