Matamoros: los años del poder y el poder de los años.

Por Jorge Chávez Mijares.
Querido lector, en la memoria de nuestro Matamoros querido no sólo caben nombres, discursos y partidos: también late un calendario invisible, tejido con las edades de quienes han ocupado la silla presidencial de la ciudad desde 1972. La edad, ese simple número biológico, se vuelve metáfora de época, termómetro de generaciones y presagio de estilos de gobernar.
Cada que yo formulaba ante mis amigos la pregunta de quién era el personaje político en Matamoros que había tomado protesta como alcalde a temprana edad y en el máximo esplendor de su juventud, nadie me daba una respuesta contundente, así que decidí tomar cartas en el asunto, pero lo hice por ahora a partir de 1972.
El primero de la lista, mi amigo Sergio Martínez Calderoni, subió al escenario en 1972 con 38 años, edad todavía joven para vestir la solemnidad del poder. Y como la Historia es cíclica, medio siglo después, el jovencito Alberto Granados repetiría la misma cifra en 2024, también con 38 años, aunque muy en la raya del tiempo ya que esté último tomo protesta el 1º de octubre y cumplía 39 años al siguiente día 2 de octubre. Todo esto como si los relojes de Matamoros cerraran un círculo secreto y nos recordaran que la historia es caprichosa en sus repeticiones. Hoy Don Sergio está por cumplir 92 años el 21 de septiembre, si lo ve felicítelo.
No es casualidad: entre ambos, en 1984, Jesús Roberto Guerra también asumió la alcaldía con 38 años, sumándose a esta singular tríada. Tres alcaldes, tres épocas distintas, la misma edad: 38 años como cifra mágica de juventud y arranque político, como si Matamoros guardara en ese número un símbolo de renovación generacional.
Perspicaz lector, entre dichos extremos se alzan figuras más maduras. Ahí está Jorge Cárdenas González, que gobernó dos veces: primero en 1981 a los 56 años, luego en 1990 a los 65, esta segunda toma de protesta lo coloca como el más viejo en asumir. Su reelección parecía un acto de resistencia del pasado frente a la inminente juventud que llegaba. A su sombra caminaron otros veteranos como Fernando Montemayor Lozano (1987, 56 años) y Jesús de la Garza (2016, 62 años), hombres de canas prematuras en la política, quienes encarnaron la idea de que la experiencia se confunde con la edad.
Pero no siempre fue así. Tras la irrupción juvenil de Tomás Yarrington (1993, 36 años) y Ramón Sampayo (1996, 39 años), que marcaron un viraje generacional, la ciudad siguió confiando en rostros jóvenes. Así llegó Homar Zamorano Ayala (1999, 41 años), seguido por Mario Zolezzi (2002, 42 años) y después Baltazar Hinojosa (2005, 41 años). La secuencia continuó con Erick Silva (2007, 35 años), el más joven de todos, cuya llegada simbolizó la consolidación de esa etapa en la que Matamoros se acostumbró a ver en el poder a gobernantes que apenas habían cruzado el umbral de los cuarenta —o que ni siquiera lo habían alcanzado. A ellos se sumaron Alfonso Sánchez (2011, 40 años) y Leticia Salazar (2013, 36 años), quienes confirmaron que la política local había quedado en manos de una generación de alcaldes jóvenes que marcaron con su edad un nuevo pulso en la historia de la ciudad.
Y siempre me brota el antropólogo que me habita, si uno observa el trazo de este calendario, lector imaginativo, descubre que cada década tiene su marca. Los ya lejanos años setenta fueron de transición, con edades medias y prudentes: Guillermo Guajardo González (1975, 49 años) y Antonio Cavazos Garza (1978, 52 años). Los ochenta, de contrastes: la madurez de Cárdenas y Montemayor frente al ímpetu de Jesús Roberto Guerra, el alcalde de 38 años que se adelantó a su tiempo. Los noventa, de juventud acelerada: Tomás Yarrington (1993, 36 años), junto con Leticia Salazar (2013, 36 años), comparten el segundo lugar como los más jóvenes después de Erick Silva; mientras que Ramón Sampayo (1996, 39 años) se mantiene también en la franja juvenil de la política local.
Cruzando el milenio y ya en el dos mil, la generación más fresca y arrojada con Homar Zamorano, Mario Zolezzi, Baltazar Hinojosa, Erick Silva, Alfonso Sánchez y Leticia Salazar. Los dos mil diez, un retorno a la madurez, casi en la cima de la vida, con Jesús de la Garza (2016, 62 años) y Mario López (2018, 55 años y 2021, 58 años). Y los veinte, otra vez, vuelven a la juventud con Granados (2024, 38 años) como espejo del pasado.
Sagaz lector, cabe señalar que la edad, sin embargo, no garantiza sabiduría ni dinamismo. Según la Historia de Roma, hay viejos que gobernaron con espíritu adolescente y jóvenes que envejecieron en cuanto se sentaron en la silla del poder. Quizá el verdadero misterio está en cómo la ciudad proyecta en cada alcalde su propia edad espiritual: a veces cansada, a veces vibrante, a veces en busca de renovación.
Hoy, con esta pequeña investigación deduzco que al mirar este mosaico, uno entiende que Matamoros no se mide en trienios, sino en ritmos generacionales. Cada alcalde ha sido más que su nombre: ha sido un número en la bitácora de los años, un tic-tac en el reloj de una ciudad que nunca deja de reinventarse.
Porque, querido y dilecto lector, lo que cabe en el análisis no es sólo cuántos años tienen nuestros gobernantes, sino cuántos años le suman o le restan al porvenir de Matamoros cada que nos gobiernan jóvenes o maduros.
El tiempo hablará.
