No voy a hablar de asesinatos. No escribiré en ninguna hoja de papel en blanco la incongruencia de un país que se llama a sí mismo un país demócrata y de libertades. Mientras los habitantes del mundo miran con ojos bien abiertos los sucesos fatales e inhumanos del decadente imperio, sobre sus propios ciudadanos, los gobernantes de los países unidos continúan en la autocomplacencia y, aunque condenan los ataques contra países débiles, se niegan a aplicar las sanciones que ya, con otro rasero, han aplicado sobre otros países, y aún se niegan a condenar las políticas internas del imperio.
Dos nombres resuenan, insistentes, en las marchas contra la política interna implementada por un gobernante que señaló que “las elecciones tienen consecuencias”: Renee Nicole Good y Alex Pretti. Renee, treinta y siete años, poeta, escritora, esposa y ama de casa, según su propia descripción. asistía como observadora en un operativo del servicio de inmigración y control de aduanas (ice, por sus siglas en inglés, así, con letras minúsculas), asesinada, muy cerca de donde asesinaron a George Floyd hace un poco tiempo, por un demente que usaba un arma. Alex Pretti, treinta y siete años, enfermero, activista que molestó a los agentes con su silbato cuando intentó defender a una mujer del acoso ilegal de los policías ss del mandatario demente.
Se marcha hoy en muchas ciudades del país del norte, contra la incongruencia, contra el abuso de poder, contra la mentira gubernamental que intenta disfrazar los asesinatos, calificando a los asesinados como terroristas domésticos. Se marcha y se protesta contra la tiranía que llaman democracia. Se convoca a la marcha masiva para protestar contra el asesinato de muchas personas que no son menos que ningún otro ser humano, aunque no tengan nombre, aunque intenten ponerlos solamente como cifra estadística para intentar evadir el juicio de la historia.
Es domingo por la mañana, aún no se asoma el sol, ya se asoman los pasos contra el verdugo, contra la bota que oprime a los pueblos indefensos ante su poderío militar. Los pueblos heroicos de la gran América Latina, los grandes pueblos luchadores, donde pretenden dirigir gobiernos, imponer gobernantes y decidir destinos.
La lucha apenas comienza en nuestros días, pero se viene gestando desde hace mucho tiempo. Los intereses de los poderosos necesitan el caos. Tal ves no nos damos cuenta, pero el plan es el desorden, el necesario desorden que desate el caos, cuando el caos impere se proclama un estado de excepción y se anulan elecciones, para que el tirano evite ser juzgado y permanezca en el poder, es el plan.
No se busca el orden con el desorden, lo que se busca es el caos que favorece la decisión de utilizar la fuerza desmedida de organismos armados contra el pueblo armado con silbatos y cámaras de teléfono.
Los pueblos oprimidos, los países sojuzgados, celebramos el despertar de otros pueblos, celebramos la legalidad en democracia, el progreso con justicia y la libertad de elección. Hoy se marcha por ello en el corazón del imperio esclerótico.
Marchemos desde todas las líneas del planeta, desde todos los estratos sociales, todos los días, por la legalidad y la justicia, por una sociedad sana, por la vida.
Marchemos desde todas las letras por el fin del abuso contra la humanidad y la naturaleza.
Marchemos desde todos los pasos en que avanza la joven libertad de nuestros hijos.
Marchemos por la unidad en contra de los poderosos que dañan, que asesinan.
Marchemos todos, aunque en clara desventaja, contra el autoritarismo asesino, hagamos ruido con nuestras voces, con nuestras manos, hagámosles ver que pesan más nuestras manos, nuestras letras y nuestros silbatos que sus armas. Vive la humanidad, vive la conciencia, vive la paz en el corazón que lucha las guerras perdidas.
