POR MIGUEL ÁNGEL VILLALOBOS GÓMEZ
Golpeó en mi pecho esa mirada. Su cara maquillada totalmente con una capa gruesa de color tenue mostaza se dirigió hacia mí, solo se miraban los labios, las fosas nasales y sus ojos, unos ojos fríos, de un negro profundo que hablaban de algo que no se puede definir ni describir. Solo fue una mirada de escasos dos segundos que hicieron temblar mis entrañas sin saber siquiera su nombre ¿Era, tal vez, la gitana aquella que me estremeció el alma cuando aquella lejana adolescencia me atormentaba?
La luz del día comenzaba a arrastrar la oscuridad presagiando una noche de lluvia. El joven se impulsaba en cada paso, como queriendo emprender el vuelo, con su pierna rígida, detrás de la mujer de la máscara. Llevaba unas bolsas en las manos cuyo alegre vaivén utilizaba para cada paso nuevo y así, cada paso era un intento de vuelo hacia no sé qué sueños perdidos.
Pedro, le llamó la mujer cuando cruzaban la calle, él solamente la miró y sonrió. No parecía su mujer, no parecía su madre, tal vez una hermana o familiar, el caso es que el joven, delgado y un poco más alto que ella, la siguió con su mismo andar, intentos de vuelo hacia los sueños conocidos de un país desconocido. Tal vez seguía a su Wendy hacia una nueva aventura, tal vez su pequeña hada le hablaba al oído invitándolo a no dejar de soñar.
¿En qué parte de nosotros descansa el niño que fuimos, aquél que nunca perdimos en las calles nuevas, en los pasos viejos sobre los nuevos caminos?
¿Reposa en nuestras manos, en nuestra piel? ¿Cuándo es que despierta? ¿Cuando tocamos un nuevo juguete? ¿Cuando vemos una estrella nueva? ¿Duerme en nuestros ojos? ¿Despierta cuando vemos un recuerdo? ¿Cuándo sentimos la caricia de la madre ausente?
La vida se desangra en mi ciudad, los sueños viejos reposan bajo los escombros de lo que fuimos, los cubren los nuevos sueños y los nuevos pasos. Nuestro mundo es una paradoja, un gran disparate disfrazado de justicia y libertad. Los poderosos toman lo que no les pertenece con excusas de bondad. El entramado mediático es complejo por el grado de su peso monetario y la conveniencia de los dueños del capital, los hilos de la información se mueven según la conveniencia y el interés de sus dueños.
El mundo se desangra aplastado por el peso del metal convertido en monedas y armas.
Se desgarra la piel de nuestra tierra con los misiles que llegan a “salvarnos” de nuestras “dictaduras”.
Somos dueños de nuestro propio destino, y cuando se mueven los hilos del poder para profanar nuestra tierra, robarnos la tranquilidad, la dignidad y la riqueza de nuestros pueblos debemos luchar contra el destino manifiesto que pregonan con sus medios afines y con sus peleles que gobiernan lamiendo suelas.
Se fue alejando la mujer de la máscara, tras ella pedro, alegre, impulsado por los pequeños saltos de su pierna rígida, con sus bolsas de equilibrio y el hada susurrando a su oído que el mundo es bueno pero que es mejor soñar con el que queremos.
La mujer de la máscara se fue alejando, con sus pasos altivos y su mirada dura, llevaba algo entre sus brazos, como protegiéndolo de las miradas furtivas, en cada paso nuevo se estremecía y me parece que buscaba el abrigo de su seno, se me perdió de vista, luego entendí, no permitía que la vieran y para muchos pasaba inadvertida pero ahí estaba: era la esperanza.
