La anunciada “unidad” entre Abelardo Ibarra y Naif Hamsho parece responder más a una necesidad electoral que a una coincidencia de proyectos. Ambos fueron adversarios en la contienda que llevó a Arnulfo Rodríguez a la dirigencia de la Sección 30 del SNTE, por lo que resulta inevitable preguntarse qué cambió realmente: ¿la visión sindical o las circunstancias políticas?
La respuesta parece estar en el crecimiento del candidato independiente, Enrique Meléndez Pérez, cuyo avance habría encendido las alertas entre los grupos tradicionales. El temor de competir por separado y dividir el voto magisterial luce como el principal incentivo para dejar atrás las diferencias y presentar un frente común.
Aunque el discurso de privilegiar la unidad y escuchar a las bases siempre resulta atractivo, serán los docentes quienes determinen si esta alianza representa un proyecto auténticamente renovador o simplemente una estrategia para conservar el control del sindicato. En política sindical, las alianzas suelen ser tan legítimas como transparentes sean sus motivaciones, y en este caso todavía quedan muchas preguntas por responder.
El crecimiento de Enrique Meléndez Pérez es real y está generando preocupación entre los grupos tradicionales, la alianza entre Abelardo Ibarra y Naif Hamsho puede interpretarse como un intento de concentrar el voto de la estructura para evitar que un candidato independiente capitalice el descontento de las bases. En ese contexto, la narrativa de la “unidad” deja de ser únicamente un mensaje de conciliación y se convierte también en una estrategia de contención electoral.
