MIENTRAS MIRO LLOVER
Para Miguel Ángel Villalobos Gómez
Una noche de sábado, caí en un libro conocido. Los versos, los silencios, las metáforas, me resultaron familiares. Podría asegurar que ya había vivido en este escenario. Entré a sus páginas. Las deambulé. Encontré su frase principal, alrededor de la cual orbitan las demás palabras. La frase que construye el libro, el poema. Cuando iba por el tercer renglón, lo supe. Este es un libro al que no podría dejar de visitar, de vivir. Sucedió lo que, en ningún otro podría haber pasado. Cada una de mis pisadas sobre sus páginas, iba dejando letras en los espacios en blanco. Cuando me di cuenta de ello, los pasos se multiplicaron. Quería caminarlo todo de una vez. Volverlo a leer. Leerlo siempre. Aquí transcribo el texto que resultó después de caminar por “Mientras miro llover y otros desvelos”.
- “Mientras miro llover / vibra el recuerdo / de otras aguas transparentes que pasaron, mojándome lo pies / regando el alma / desnudando a su paso / tenue / mi calle de niño / dibujando en el aire de mi cuadra / pálidos sueños infantiles…”
Este número del Colectivo3, está dedicado a Miguel Ángel Villalobos Gómez, Editor en jefe del Suplemento, en los recientes dieciséis años. ¿Qué significado tiene el hecho de que dediquemos un número -éste en especial- de nuestras letras catorcenales con, ya casi, veinticuatro años de vida, a Miguel Ángel? Para un lector ocasional, será un detalle y no más. Para quienes hayan seguido el historial de esta aventura entre letras llamada Colectivo3, verán una muestra de reconocimiento y celebración por el trabajo y la presencia de nuestro Editor, que ahora por causas ajenas a su voluntad, hace un período de espera.
- “Acata a su destino el pensamiento / y alarga sombras en otros cristales / rostros empañados / por el vaho de las horas / largas / sin minutos ni segundos / que detengan su paso / húmedo / remoto…”
Para nosotros -un Nosotros amplio, grande, vasto, que en muchos sentidos, él ha formado y forjado- significa mucho más. Desde luego que va nuestro reconocimiento y celebración por su trabajo editorial. No obstante, hay además a carretadas -esa prófuga del siglo veintiuno por manoseada y en términos acusatorios de cursi- toneladas de amistad. El mejor amigo quedó en la infancia, pregonan los sabios. Ah que los sabios. ¡No conocen a Miguel Ángel! No saben de su generosidad; de su bonhomía seca, sin aspavientos; de su “mientras miro llover”. No saben que, aunque hace tanto tiempo dejó y dejé de ser niños, nunca se nos fue de la voz aquella expresión: mi mejor amigo.
- Mientras miro llover / no hay reglas ni distancia / no hay poema ni testigos / de esta interna humedad / de lo que duele / sin poder compartir esta agonía / esta inmensidad / desnudada gota a gota / segundo a segundo, descubierta…”
Para las voces del Suplemento, es hablar de un referente cultural de El Mante, ciudad que adoptó y ama como suya. Alguien que les ofreció un espacio para manifestar sus escarceos o entrega absoluta, al quehacer escritural. Desde luego, de la mano de Manuel Núñez Rangel, director del rotativo El Eco de Mante. Poemas, Relatos, Cuentos. Crónica, Novela, Crítica social. Décimas, Epistolarios, Memoria. Un espacio abierto a quien, como señala Wilde: tenía algo por escribir y lo hizo. Encontró un editor con mente y brazos abiertos a estilos y puntos de vista diferentes. Incluyó casi a todos. El “casi” obedeció siempre, a cierto rigor literario, que él nunca quiso traicionar.
- “Mientras miro llover / las dentelladas al alma son un rito / para hacerla sangrar / hacer el verso / y romper el silencio acumulado / tras siglos de dolor…”
De manera personal puedo -debo- decir que tengo muy presente el día, el momento, cuando supo que yo tuve un hermano doblemente tocayo con él. Y luego cuando conoció a mi madre y conversó con ella, de manera espontánea pero muy simbólica, empezó a llamarme “hermano”. Al principio, cada vez que lo decía, significaba un escalofrío para mí, debido al gran amor que me unió a mi hermano (sin comillas). Con el paso de los meses, me fui acostumbrando a su palabra para nombrarme. Sin embargo, todavía pasó mucho tiempo, para que yo (perdón por la memoria) pudiera decirle a él, llamarlo en voz alta, hermano (sin comillas). No buscó, no busqué sustituir a alguien que ya no está. Sólo sucedió. Así, como pasa ese milagro inasible al que llamamos Vida.
- “La música que llega a mis oídos / milenaria congoja / no es la misma que ayer / no es la misma que golpeaba mis tímpanos / lenta, dura / lacerando en su constante golpear / al cartón negro / que cubría mis sueños nuevos / sin mácula / sin estrenar…”
Popularmente conocido como “Maik)” debido a su puesto de tortas de “la barda”. El poeta que lleva una dura tristeza, nunca depresión, a la manera de Víctor Hugo: una melancolía que percibe como la felicidad de estar triste. El que no cree en los concursos literarios. Aunque tampoco es el propósito de este recorrido por su libro, definirlo. Quien define, encasilla. Y esa no es la intención –no lo es, expresión que podríamos conjugar en cualquier tiempo: no lo fue, no lo será, etc.- de estas letras. El ser humano es libre de etiquetas -Miguel Ángel, dixit- o conceptos estáticos. Mantener vivo un Suplemento Cultural por tantos años no es cosa fácil. No digo nada nuevo. Pero no miento. Eso es, Miguel Ángel Villalobos Gómez para Colectivo3, para El Eco de Mante, para la propia ciudad en que vivimos.
- “Tiembla la noche / y se repite cada vez en cada gota / cada golpe, huella en mis sienes / redobla el verso. / Redime el alma / y libera la voz / que oculta la palabra / luminiscente se desangra en ella / y vuelve a ser la noche / y vuelve a ser la vida / y vuelve a repetirse como lluvia sombría / como verso que mata / como luz que se aleja / o poema que atrapa.”
Salgo del libro a paso lento. No quiero salir. Hay algo en sus letras que detiene el andar. Ya el sol asoma por levante. Es la hora de pasar los textos al periódico. Aun así, me quedaré otro rato por aquí. Cuántas veces Miguel Ángel y Arturo, se quedaron en casa otro rato, aunque ya se había terminado el vino tinto, y ese rato se convirtió en horas de horas. Cuánto puede uno llegar a querer a un amigo, en este caso, además escritor, y no saberlo con exactitud hasta que un buen día, camina su libro, y le sorprende la entrañable experiencia una vez escrita.
¡Salud, Miguel Ángel Villalobos Gómez!
20 de julio 2026.
