Loida E. Fernández G.
IN MEMORIAM
Miguel Ángel Villalobos Gómez.
Querido y siempre presente, Michael Angello:
Jamás hubiera imaginado que el sábado 30 de mayo pasado, en el reconocimiento- homenaje a nuestro amigo y compañero de letras de varias décadas Carlos Acosta Guerrero, sería la última vez que nos veríamos. Aunque ya tenías varios años de vivir en Tampico, tu ciudad natal, de cuando en cuando, nos hablábamos, para saber cómo estábamos y tú sobre todo cuando se acercaba el día de la publicación del Colectivo3, el suplemento cultural de El Eco de El Mante, con el cual colaboraste muchos años y, a partir del 2009, por diferentes circunstancias te convertiste en el Editor en Jefe de este. Esa responsabilidad la rotábamos, Carlos, tú y yo, mensualmente. Yo, por motivo de haber pasado por un proceso de cáncer de mama, y la consiguiente mastectomía radical completa, radio y quimioterapias, me sustraje por un buen tiempo de esa responsabilidad y de enviar mis HISTORIAS HILVANADAS, como título a mis colaboraciones para el colectivo. Varias veces, con Manuel Núñez, el director de El Eco de El Mante y con Carlos Acosta, comentamos que, de no haber sido por tu constancia,
Responsabilidad y más que eso, tu amor por la escritura y pasión por la escritura, entre otras cosas, como proveer un espacio para dar a conocer lo que escribíamos y tenerlo siempre abierto para que otras personas de El Mante o de otras partes del estado y del país hicieran lo mismo. De manera especial, recuerdo a tu amigo, de apellido Limón, del estado de Morelos y sus frecuentes colaboraciones, al que nunca conociste personalmente y fuiste muy generoso al aceptar las mismas.
Cuando, tres días después te llamé para decirte que había disfrutado mucho el verte y nuestra muy corta conversación, me quedé sin palabras para responder a la noticia que me disté que tenías un probable cáncer en la garganta. Lo único que atiné a decirte por mi propia experiencia, fue que, a dieciocho años de distancia, cuando yo pasé por el proceso de cáncer de mama y el día de hoy la medicina ontológica, así como la tecnología de punta ha avanzado mucho y si en ese entonces decir CÁNCER, era prácticamente igual a SENTENCIA DE MUERTE, hoy, las opciones y alternativas
para tratar esta y otras enfermedades son mayores. Todos/as los que te conocemos estábamos muy consternado y creo empezaron a fluir los mensajes y llamadas con palabras de aliento para ti y tu familia.
Hoy, te escribo esta carta como si estuvieras aquí, es más, si lo hago escribiéndole en tiempo presente, es porque estás aquí, entre nosotros. Tu o nuestra se9aracion o tu partida es del plano terrenal, pero estás aquí en nuestros corazones, en tus letras, en el Colectivo3 y ahora, afortunadamente seguirás en el Eco y la hemeroteca digital que está avanzando, de tal manera que, muchos lectores más jóvenes conocerán el don escritural tuyo
No encontré las palabras adecuadas para expresarte lo que siento que, recurrí a la manera mas sublime de nombrar lo que es la vida y lo que indudablemente es la poesía
Por eso tomo prestadas las palabras de uno de los grandes poetas contemporáneos de México, como lo fue el gran Jaime Sabines, en su poema magistral ALGO SOBRE LA MUERTE DEL MAYOR SABINES, en homenaje a su padre (de origen libanés) quien murió precisamente de cáncer. Son extractos de este, querido Michael
Angello:
Ciudad Mante, Tamaulipas Lunes 10 de agosto, 2026.
No podrás morir.
Debajo de la tierra
no podrás morir.
Sin azúcar, sin leche,
sin frijoles, sin carne,
sin harina, sin higos,
no podrás morir.
Sin mujer y sin hijos
no podrás morir.
Debajo de la vida
no podrás morir.
En tu tanque de tierra
no podrás morir.
En tu caja de muerto
no podrás morir.
En tus venas sin sangre
no podrás morir.
En tu pecho vacío
no podrás morir.
En tu boca sin fuego
no podrás morir.
En tus ojos sin nadie
no podrás morir.
En tu carne sin llanto
no podrás morir.
No podrás morir
No podrás morir.
No podrás morir.
Enterramos tu traje,
tus zapatos, el cáncer;
no podrás morir.
Tu silencio enterramos.
Tu cuerpo con candados.
Tus canas finas,
tu dolor clausurado.
No podrás morir.
De: Jaime Sabines
Otro recuento de poemas
(1950-1991)
