Por Francisco Cuéllar Cardona
La encuesta ya no basta
La advertencia estaba hecha, pero después de que se conociera la última tanda de encuestas que definían las virtuales candidaturas de Morena, desde lo más alto del poder llegó la orden:
“Nadie que huela a narco o a huachicol puede ser candidata o candidato a nada; aun cuando esté liderando la encuesta”.
La instrucción se dio después de que varios aspirantes ganadores de las encuestas aparecieran con señalamientos de evidencias y sospechas de que respondían a intereses de grupos y personajes de la delincuencia.
La información habría sido cruzada con el Gabinete de Seguridad, a quien se le encargó que pusiera bajo la lupa a todos los morenos registrados para defender el movimiento.
“Así no”, fue la expresión contundente que detuvo toda la agenda de destapes.
Y así, en las oficinas de Ariadna Montiel y Citlalli Hernández se frenaron los nombramientos de los Coordinadores de la Defensa de la Cuarta Transformación, previstos para antes del 10 de septiembre, fecha en que inicia formalmente el proceso electoral de 2027.
Las encuestas, ya todas en manos de la dirigencia y revisadas, según se dijo, en el escritorio de Palacio Nacional, no se harán públicas por ningún motivo. Solo se realizarán los anuncios formales, mientras que los pataleos y las rebeliones se asumirán con todas sus consecuencias.
De esta manera, aquel ejercicio que instrumentó Mario Delgado como presidente de Morena en 2021 y 2023, cuando las encuestas se transparentaron y se hicieron públicas, será diferente esta vez. También queda claro que, a partir de ahora, el método de la encuesta ya no será la prueba reina para convertirse en candidato o candidata del movimiento.
La popularidad será importante, pero hoy pesarán más la reputación, la honestidad y los antecedentes de quien abandere la causa de la Cuarta Transformación.
Las encuestas, por tanto, se harán, pero quedarán bajo llave.
Aun cuando Ariadna Montiel ha declarado, convencida, que los personajes que desean defender a la Cuarta Transformación son maduros, cuentan con un alto compromiso con el movimiento y aceptarán y firmarán el documento con la decisión final, existe el temor real de que se produzcan fracturas internas graves.
Como ejemplo se menciona a Nuevo León, Baja California, Zacatecas y Michoacán entre las entidades más complicadas. El caso de Nuevo León se dice, es el de mayor riesgo porque, si bien no aparecen los fantasmas del narcotráfico y el huachicol, está el gobernador Samuel García tratando de incidir en el proceso morenista para que el elegido sea alguien afín a él y lo salve de la hoguera política a la que parece destinado.
Este es el escenario y el espectro que enfrenta Morena de cara a la designación de sus virtuales candidatos para las elecciones de 2027.
Por un lado, está la verdadera preocupación de la presidenta Claudia Sheinbaum por postular candidatas y candidatos limpios, sin olor a delincuencia y que lleven como sello la lealtad al gobierno. Por otro, se encuentra el temor a una rebelión de los inconformes que no resulten favorecidos con alguna candidatura.
En un análisis realizado por la propia dirigencia, 20 por ciento de las más de tres mil personas aspirantes estarían dispuestas a abandonar a Morena si no son incluidas en este reparto del poder.
La responsabilidad, dicen en la misma cúpula del partido, recae en la dirigencia nacional, pero será clave el papel que desempeñen los 24 gobernadores del movimiento y sus aliados, en quienes la Presidenta confiará buena parte del proceso que viene.
La tarea de la dirigencia será sacar buenos candidatos y candidatas, pero la encomienda más complicada recaerá en los mandatarios estatales. En la gira nacional que realiza con motivo de su segundo informe, la Presidenta les está encargando a las y los gobernadores de su partido que se echen al hombro la responsabilidad del triunfo en el 2027.
En esta lucha estará a prueba la lealtad de los gobernadores hacia la Presidenta. Muchos, si no es que todos, deben sus cargos al expresidente López Obrador; pero esta vez es Claudia Sheinbaum quien les está exigiendo lealtad absoluta al proyecto que ahora encabeza.
Morena atraviesa hoy el proceso más complicado desde que llegó al poder en 2018. Lo que está en juego no es solamente una lista de candidaturas ni la inconformidad de quienes se queden fuera. Está en juego la autoridad moral de un movimiento que llegó al gobierno prometiendo no parecerse a los partidos que desplazó.
Las decisiones que tome hoy revelarán qué pesa más dentro de Morena: la defensa de sus principios o la protección de sus intereses; la limpieza de sus candidaturas o la conservación del poder a cualquier costo.
El verdadero peligro no está únicamente en la rebelión de los aspirantes rechazados, sino en que la depuración se aplique de manera selectiva, que las encuestas bajo llave oculten acuerdos políticos y que la lealtad exigida termine confundiéndose con obediencia.
Morena puede sobrevivir a la salida de algunos inconformes.
Lo que difícilmente podría resistir sería traicionar las razones que lo llevaron al poder. De las decisiones que tome ahora dependerá no solo su triunfo en 2027, sino algo mucho más profundo: que el movimiento se mantenga vivo o termine convertido en aquello que juró combatir.
El plan orginal de MORENA.

