El poder también puede perder
Para México, el resultado puede ampliar o dificultar la coordinación con la mayor economía latinoamericana. Ambos países compiten por inversiones y mercados, pero también pueden cooperar frente a presiones comerciales y en negociaciones internacionales
Del 25 de octubre al 3 de noviembre, Brasil, Israel y Estados Unidos celebrarán elecciones que pueden modificar las alianzas internacionales, las decisiones económicas y el margen de negociación de México. En esos diez días se disputarán una presidencia, una mayoría parlamentaria y los contrapesos al gobierno de Donald Trump, tres formas distintas de distribuir el poder cuyas consecuencias llegarán bastante lejos de las urnas.
Brasil abrirá la secuencia con la segunda vuelta entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. El candidato conservador obtuvo 47.03% de los votos válidos en la primera ronda, frente al 45.16% del presidente. Datafolha, en su encuesta publicada el 8 de octubre, lo coloca adelante por 52% contra 48%. La ventaja mantiene abierta una contienda en la que serán decisivas la movilización y la capacidad de atraer a quienes respaldaron a los candidatos eliminados.
La disputa tiene una dimensión internacional. Lula ha defendido la autonomía diplomática, los BRICS y la relación con China, mientras Bolsonaro busca un acercamiento a Trump. Sin embargo, cualquier giro deberá considerar el peso de los intereses comerciales brasileños. China constituye un mercado fundamental para sus exportaciones, de manera que una afinidad presidencial con Washington tendría que convivir con las necesidades de productores y empresas vinculados con Pekín. Esa tensión permitirá observar cuánto de la campaña se convierte en política exterior y qué compromisos exige gobernar.
Para México, el resultado puede ampliar o dificultar la coordinación con la mayor economía latinoamericana. Ambos países compiten por inversiones y mercados, pero también pueden cooperar frente a presiones comerciales y en negociaciones internacionales. La relación tendrá que sostenerse en intereses concretos, especialmente si las afinidades entre sus gobiernos cambian.
Israel votará el 27 de octubre para renovar los 120 escaños de la Knéset. La pregunta decisiva será quién consigue reunir una coalición capaz de gobernar. El agregado Israel Vote 2026, elaborado por Middle East Forum con sondeos hasta el 8 de octubre, asigna 23 escaños al Likud de Benjamín Netanyahu y 22 a Yashar, de Gadi Eisenkot. El bloque favorable al primer ministro alcanzaría 53, por debajo de los 61 de la mayoría absoluta. Estas estimaciones describen un Parlamento fragmentado y dejan abierta la negociación posterior.
En ese escenario, el poder de un partido dependerá de cuántas coaliciones pueda facilitar o impedir. Una fuerza pequeña puede adquirir capacidad de veto cuando sus votos resultan indispensables, mientras un partido con mayor respaldo puede quedar aislado. La composición del gobierno permitirá evaluar qué cambios son viables hacia Irán, Gaza y los territorios palestinos, considerando también las restricciones militares y regionales.
México observará esas decisiones por sus repercusiones sobre la energía, el transporte y la inflación, además de la influencia del conflicto en las prioridades de Washington. Una escalada podría alterar los costos de comerciar e invertir, mientras una oportunidad diplomática modificaría los cálculos de los actores regionales. La identidad del próximo primer ministro será parte de la explicación, junto con los compromisos necesarios para sostenerlo.
Estados Unidos cerrará la secuencia el 3 de noviembre con la renovación de los 435 integrantes de la Cámara de Representantes y 35 escaños del Senado. Allí se definirá cuánto respaldo legislativo conservará Trump durante la segunda mitad de su mandato y qué capacidad tendrá la oposición para investigar, negociar o bloquear su agenda.
Las proyecciones favorecen a los demócratas. The Cook Political Report estimó el 9 de octubre una ganancia de entre 9 y 19 escaños en la Cámara de Representantes, que los situaría entre 224 y 234 diputados, por encima de los 218 necesarios para la mayoría. El Senado también se ha vuelto competitivo. Su evaluación del 6 de octubre contempla una ganancia demócrata de entre dos y seis escaños, frente a los cuatro que necesita ese partido para recuperar el control. Kansas pasó a la categoría de contienda competida y las valoraciones de Carolina del Norte y New Hampshire se movieron a favor de los demócratas. Son escenarios sujetos al resultado de cada elección, con consecuencias institucionales distintas según se concrete el cambio en una cámara o en ambas.
Una Cámara de Representantes demócrata podría intensificar las investigaciones, exigir documentos y disputar prioridades presupuestarias. Según Axios, algunos dirigentes ya discuten otro impeachment, aunque existen diferencias sobre su conveniencia. La acusación requiere mayoría simple en la Cámara, mientras la condena y destitución exigen dos tercios de los senadores presentes, equivalentes a 67 votos si participan los cien. Incluso una victoria demócrata en ambas cámaras dejaría esa decisión sujeta al respaldo de numerosos republicanos.
El efecto más inmediato de un cambio de mayoría estaría en el ejercicio cotidiano del poder. Trump enfrentaría mayores costos para aprobar leyes y presupuestos, mientras un Senado opositor también condicionaría sus nombramientos. Esa resistencia podría impulsarlo a privilegiar las facultades ejecutivas que conserve, por lo que México deberá distinguir entre los ámbitos donde el Congreso puede limitarlo y aquellos donde la presidencia mantiene margen de actuación.
El T-MEC vuelve especialmente importante esa distinción. En la revisión de julio, Estados Unidos rechazó extender el acuerdo por un nuevo periodo de dieciséis años, lo que activó revisiones anuales. El tratado sigue vigente y su plazo actual llega a 2036, sujeto a sus disposiciones. La incertidumbre sobre su extensión puede pesar sobre inversiones que necesitan horizontes largos, de modo que las relaciones con legisladores, gobiernos estatales y sectores productivos estadounidenses tendrán importancia junto con la negociación presidencial.
El calendario continuará con Nueva Zelanda el 7 de noviembre, las elecciones locales de Taiwán el 28 y las generales anticipadas de España el 29. Estos procesos añadirán decisiones relevantes en el Pacífico y Europa, aunque para México la combinación de Brasil, Israel y Estados Unidos concentra preguntas particularmente próximas sobre comercio, seguridad y capacidad de negociación.
La lectura conjunta exige observar qué podrá hacer cada ganador, con quién tendrá que pactar y qué costo enfrentará si modifica sus compromisos. Brasil decidirá su orientación exterior dentro de una economía vinculada con China y Estados Unidos, Israel negociará una mayoría en medio de conflictos regionales y Washington redistribuirá facultades entre la presidencia y el Congreso.
México tendrá que convertir esa información en capacidad de respuesta. Identificar interlocutores, construir acuerdos y preparar alternativas será tan importante como interpretar las encuestas. Las urnas decidirán quién ocupa el poder, mientras las alianzas, las instituciones y los intereses económicos determinarán cómo podrá ejercerlo y qué posibilidades dejará abiertas para nuestro país.
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