Carlos Acosta
POP.
1
Andando entre tantos libros, saltando de uno en otro, caigo en una breve colección de revistas. Nunca he menospreciado algo que prometiera buenas letras. Son diez o doce revistas cuyo título consta de tres letras: Pop. Están desbalagadas en un buró a un lado de una cama individual. Levanto la portada y me apresto a caminar por sus páginas.
2
Me encuentro con bandas de rock y cantantes de Pop. Saludo de mano a Carlos Santana, Joan Báez, Alex Lora de diecisiete años. Converso con Bob Dylan, Cat Stevens, Karen Carpenter. Todos me reciben como si fuéramos viejos amigos. Hay risas y abrazos. ¡No puedo creerlo! Pregunto a Los Cridens, cómo escribieron “Orgullosa María” y “Quién detendrá la lluvia”. Veo a Mick Jagger sentado, solo, en la banqueta de una calle. Camino dos cuadras, en silencio, con Janis Joplin, la bruja, mi bruja cósmica.
3
En otras páginas, saludo a José Agustín. Pregunto por sus novelas, “La tumba” y “De perfil”. Dice que busca fundir la alta cultura con la cultura popular, legitimar de una vez por todas el lenguaje de los jóvenes y romper con el canon tradicional de la época. También me encuentro por estas páginas con Parménides García Saldaña. Converso con él. Su propuesta literaria es acabar con la solemnidad de la escritura contemporánea y darle un nuevo rumbo. Piensa en el entorno cercano, en su país, su barrio.
4
Andando en aquel buró, voy de revista en revista. Las camino todas. En una de ellas, leo una nota que no olvidaré. Un día de abril, dice: hoy desayunamos con la noticia de que el cuarteto musical más famoso del mundo, Los Beatles, se ha disuelto. Ya nunca más Lennon y McCartney, no más George y Ringo. Sus canciones sí, por siempre. Ellos juntos ya no, nunca. Me invade una agria tristeza, desconocida. De algún lugar de la revista vienen las notas de una canción: “Hay lugares que recordaré por toda mi vida / aunque algunos hayan cambiado”. Es la inconmensurable “In my life”.
5
Llega el momento en que debo retirarme. Dirijo mis pasos hacia la salida. A un tiempo, las hojas de las revistas, tapan puertas y ventanas de aquel universo. Como si se hubiesen puesto de acuerdo, sus personajes cierran el paso. ¿Es su intención alargar mi estancia en los días de su edición? ¿Aquella, cuando andábamos en los dieciséis? No es posible, digo en voz baja una vez que nos sentamos a charlar, el tiempo es bello e implacable, largo e indetenible.
6
Miran callados la escena. Me abro paso entre todos, al tiempo en que Dylan toma su guitarra y se pone a cantar: “¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre, antes de que le llames hombre? ¿Cuántas veces tienen que volar las balas de un cañón, antes de que sean prohibidas para siempre?” Camino hacia la portada de la revista, para salir y escucho que en coro, todos, ¡todos!, se suman con sus voces: “La respuesta amigo mío, está flotando en el viento, la respuesta está flotando en el viento.”
