A-COSTA DEL CORAZÓN

Fecha:

                       

                                     MIGUEL ÁNGEL VILLALOBOS GÓMEZ

Ya se levanta el sol sobre el horizonte, se va derramando, suave, sobre estas calles viejas, anuncia un día terrible para los que se quedan, yo me voy, apenas ayer lo decidí, voy a donde tengo que estar, vuelvo a mi tierra amada. Más allá del sol que me espera, la locura de mi cuerpo decidirá si estará bien. Este dolor en el costado me promete un mal día, espero.

Mis calles son calurosas, a pesar de que son solo unas cuantas he resentido el cansancio; tengo en la mano el boleto, reposo mi pesimismo mientras espero a abordar el autobús que me llevará “donde el azúcar es más dulce” frase inolvidable de Don Carlos R. Fantini para su ciudad amada, espero.

A bordo ya del autobús, se me viene a la memoria mucho de lo que me dio mi ciudad, estabilidad económica, emocional, mis amigos, la poesía. Lo que hoy nos convoca es la amistad y la poesía, en el marco del Festival Internacional de Poesía Palabra en el Mundo, se le brindará un homenaje a mi gran amigo, mi hermano, Carlos. Tenía muchas dudas de que mi cuerpo me permitiera participar, pero, hasta ahora, todo va bien, espero.

Se desliza suave por la carretera el autobús que me lleva hacia otra nueva aventura en mi tierra amada, no es lo que esperaba, el aire acondicionado no me ha dañado, agradezco, desde aquí ya puedo ver el Bernal de Horcasitas bañado de sol. ¿Qué me depara este viaje? Por lo pronto, lo disfruto, y espero.

M mantuve un tiempo expectante del camino, luego caí en un leve sopor que me dio un poco de calma, de pronto abro los ojos y me encuentro la cortina de pinos a la orilla de la carretera, estamos llegando a El Mante. Desciendo del autobús, despacio, aquí a unos pasos, nos encontraremos en unas cuantas horas. Camino unos doscientos metros hasta el hotel cercano, extrañaba este calor, pero me daña, tengo que buscar dónde descansar un momento, aquí, en la banca frente al seguro social, mi ciudad luce polvorienta, solitaria, tal vez triste por el abandono, me castiga con estos lacerantes rayos de sol.

Instalado ya en el hotel, ensayo un poco mi lectura en voz alta, el aire acondicionado me empieza a dañar, lo apago, siento que me ahogo, abro las ventanas, el calor es infernal, vuelvo al principio, termino por tenderme en la cama esperando calmar este pecho desbocado.

Han pasado casi tres horas, salgo del hotel, camino decidido a llegar en un momento, no lo consigo, tengo que doblarme otra vez, en la banca a un costado del seguro social, reposo un momento, sigo mi camino, es lo que hacemos siempre, andar, no importa lo que pase, andar. Voy llegando a la entrada del teatro, lo miro ahí, cargando cuadros, su andar ligero su rostro cansado y alegre a la vez, Esperanza, siempre, a su lado. Siento una gran alegría, olvido por un momento mi dolor y pienso: lo he vuelto a ver, aquí estoy hermano.

En estos momentos todo el mundo anda muy ajetreado, desaparezco un momento, voy a las gradas, reposo un poco, ensayamos un par de lecturas, más o menos bien, un ligero absceso de tos, ligero, está bien. Empieza a llegar el público, unos pocos aquí otros allá, casi se llena el teatro, entonces, me alegro un poco más, entre los que llegan oigo una voz, saludando, abrazando, juvenil siempre, con su gran masa corporal porque, de otra manera no le cabría ahí su gran corazón, Arturo, desde ese momento no se separó de mí, en un momento en que no estuvo conmigo, estuvo su hijo Alfredo, también con un corazón enorme. En un momento vamos a leer juntos Dalia, Loida, Arturo, Carlos y yo, en el segmento: Poemas A Toda Costa. 

No hay plazo que no se llegue ni fecha que no se cumpla, dicen, y si, comenzó el evento con “Lienzos De Costa A Costa” Dirigido por un gran artista y amigo: Héctor Cortéz Coronado.

Continuamos con la ceremonia de inauguración y el corte de listón por algunos involucrados y por la responsable de toda la coordinación del FIP en El Mante: Alejandra Ayala Vázquez y después con “El Niño Y El Médico”, estupendo, por su lectura y contenido, a cargo de jóvenes del grupo literario independiente “Té De Leer”.

Con grandes voces y guitarras, Le siguió: “Ah Costalito De Versos”, música y poesía con amigos y familia y corazones que tocaron el corazón de las dos ciudades: El Mante y Tampemole, entrañables. En un momento curioso, nos confundimos y pensamos que seguíamos nosotros entonces subimos al escenario y para ya no bajar y subir otra vez, esperamos ahí y lo vimos desde un costado, un poco más cerca, un poco más íntimo.

 Y por fin llegó, nuestro segmento “Poemas A Toda Costa”, Dalia, una gran y grata impresión, Loida, objetiva, serena, centrada, Arturo, con su gran voz, explosivo y con el sentimiento a flor de piel, después leí yo, con la carga de adrenalina en el pecho y con el corazón en la boca, nada de lo que temía sucedió, y al final, Carlos, nadie para leer sus textos como él mismo, y Esperancita en su faceta de lectora que pocos conocíamos. Miraba a Carlos en cada uno de los segmentos, su cara, sonriente, feliz, a veces con una lágrima, pero contento, a veces afirmando algo, tal vez su misma felicidad, agradezco haber estado ahí. 

Hubo también un segmento, no sé si inusual, pero si espectacular, una especie de danza circense y obra de teatro que nos dejó plenamente convencidos de que fue un gran evento. Pero faltaba lo mejor, el “Monologo A Dos Voces” de Carlos y Carlos, uno más joven que el otro, apasionado, crudo, desnudo, impactante, desgarrador. Al final, todos de pie, el gran aplauso, el mejor homenaje para mi amigo, nunca tan bien recibido, puedo garantizar que estaba feliz, estábamos felices.

La ceremonia de cierre, con la representación de Norailiana Esparza Mandujano, por el maestro Rosales Lugo, de algunas instituciones involucradas y los aplausos, muchos aplausos. 

Después vino la firma de libros y fotografías, esta vez no hubo preguntas y evasivas. Arturo me invitó a cenar junto con su familia, un gran honor. Luego fuimos a la casa de Carlos, platicamos un rato sobre todo lo sucedido, todo bueno, nos expresamos, una vez más, nuestro mutuo afecto y ya casi a medianoche Aturo me hizo el favor de llevarme al hotel a descansar, otra vez el sufrimiento con el aire acondicionado, apágalo, abre las ventanas, préndelo, a las nueve de la mañana ya no pude más y fui a buscar el boleto de regreso. A las diez y media de la mañana ya viajo de vuelta a Tampico, reposado, feliz, pleno. Llego a casa, a la prisión de esta tragedia cotidiana, comienzo a toser, sigue el dolor. Andaremos hermano, y si hay que estar, estaremos, siempre. 

 

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