Es de noche
Sueño un paisaje de mar en horizonte de ventanas.
He tomado mi remo desde la puesta del sol con entera confianza en los rayos de luna.
Azota mi pecho la pesada retórica (vendaval que amenaza botarme contra oscuros arrecifes)
coral y musgo marino que salvan o condenan
a veces.
Aun así voy tras la tormenta,
tras un sueño fantástico de lluvia y de mar.
Y la salobre gloria de húmedos abismos.
Uno debería enterarse de los triunfos de amigos
De un poema nuevo escrito bajo la
lluvia
De un galardón dorado que brilla entre solapas
O de páginas vírgenes traídas por festivos heraldos.
Uno debería participar en el bullicio de anáforas y estallar bengalas en la oscura premonición de soledades.
Celebrar la palabra tanto como al llanto primario y el aullido.
Uno debería ceder el pecho al arbitrio certero del amor
y henchirse de luz
y de esperanza mientras mira llover.
Es de noche.
Y la tormenta del alba parece irremediable.
Pero el poeta enfila su remo con el rumbo del sol saturado de vocablos y promesas
(Mientras que la lluvia es una inmensa página donde brilla nuestra palabra más límpida)
Ausencio Martinez Lucio
