POR MIGUEL ÁNGEL VILLALOBOS GÓMEZ
Perseguimos sueños que parecen inalcanzables, no debemos olvidarlos, quizás algún día, el menos pensado, los veamos hechos realidad. Todos llevamos nuestras propias cicatrices, no el mismo dolor, tal vez a algunos nos duele el abandono, las guerras, los genocidios, los amaneceres, el adiós sin prisa, el olvido.
Siempre estoy triste, a pesar de mi sonrisa, muero cada minuto con un nuevo dolor: el hombre que camina despacio por la banqueta húmeda, el animalito hurgando en la basura, la basura hurgando en el hombre de pecho anestesiado, piel rosada y cabellos amarillos. Suelo escribir del dolor y su belleza, tal vez no es lo que se espera de un poeta, tal vez es que abuso de mi tristeza… y la agradezco.
Agradezco cada minuto de mi vida, con todos sus errores, con todos sus horrores. Agradezco, siempre, la vida de mis amigos y mi familia, agradezco la vida de todos los que celebran, bien o mal, la vida.
Hace mucho que no sueño con llegar a ningún lugar, con tener algo material, ni nada espiritual. Las cosas llegan como si nada fueran, y se quedan ahí, donde las disfrutamos y las vivimos. Muero en cada amanecer que vivo, oscilando entre el dolor y la felicidad, mis pulmones respiran, mi corazón late en cada nueva espina, en cada verso de este poema aún no escrito.
Suenan en mis calles los tambores de las fiestas navideñas, los colores inundan mi ciudad, al punto del abrazo, los rostros de la temporada lucen sonrientes, felices, en los niños esplende la esperanza y luce intacta.
No sé si el nuevo año traerá nuevas alegrías o tristezas viejas, pero el deseo es que sea un buen año, que haya paz y amor, que terminen las guerras, que los abusos del poder sean para bien de la humanidad, no de los poderosos dueños del dinero.
Agradezco el sol que quema los olvidos, los inciensos que nutren el espíritu, el agua, el frío, las montañas, los valles, los caminos y las veredas solitarias.
Agradezco todos estos sueños nunca soñados, los sueños cumplidos, los que soñé y no se cumplieron, los sueños olvidados que no olvido (Porque la esperanza nunca muere), mi familia, mi hija, mis amigos poetas, mis amigos sin esta locura, mi orgulloso padre, mi madre abnegada, la fuerza que me levanta cada día, el dolor que me fortalece el alma y el espíritu, los adioses, las bienvenidas, mis ciudades y mis calles, mis amigos de infancia y los que siempre han estado, cercanos, lejanos, celebro el sol, la sonrisa, el viento, mis amores efímeros y mis amores eternos.
Deseo que la vida pague con felicidad todos los sinsabores que nos da, deseo que deseen celebrar y agradecer. Deseo que la bondad triunfe sobre los que lo han merecido… y deseo que todos y todo el que lo merezca, esté mejor que hoy.
Deseo, desde este humilde rincón, desde estas páginas, desde este punto del universo, que el universo sea mejor. Saludos y abrazos, siempre.
