viernes, abril 4, 2025

CÓDIGOS DEL PODER

¿Quién piensa a quién? 

POR DAVID VALLEJO

 

Durante milenios, la humanidad ha intentado descifrar los secretos de la inteligencia. Lo hicimos a través de la filosofía, intentando comprender qué somos. Luego vinieron las matemáticas, la física, la computación… y más recientemente, los algoritmos que simulan decisiones, aprenden patrones y predicen comportamientos. Sin embargo, todos estos métodos han tenido un punto en común: parten de una premisa artificial, externa a la vida orgánica que inspiró el concepto de inteligencia. Ahora, por primera vez en la historia, una computadora contiene neuronas vivas. Y eso lo cambia todo.

 

La compañía australiana Cortical Labs ha desarrollado la CL1, la primera computadora comercial que integra neuronas humanas cultivadas en laboratorio como parte activa del procesamiento de información. El término que han acuñado para definir este fenómeno es Inteligencia Biológica Sintética. No se trata de inteligencia artificial, ni de una metáfora poética para vender hardware: se trata de un sistema que piensa con materia viva.

 

Pero que no se malinterprete: la CL1 no pretende competir con los procesadores tradicionales, ni reemplazar a la inteligencia artificial. Su objetivo es más ambicioso y filosóficamente más potente: comprender cómo surge la inteligencia en los sistemas biológicos. Es una herramienta para observar, estudiar, experimentar. Es, si se quiere, un microscopio invertido: uno que nos permite ver hacia adentro, no de las células, sino de la mente.

 

Las neuronas tienen una capacidad sorprendente para adaptarse, para crear nuevas rutas, para olvidar, para recordar, para equivocarse. Mientras que la inteligencia artificial se entrena en miles de millones de datos, las neuronas vivas requieren estímulos más sutiles. No buscan patrones porque les dijimos que lo hicieran, sino porque están diseñadas por la naturaleza para sobrevivir, para reaccionar, para responder al entorno. La CL1 no simula una red neuronal: es una red neuronal.

 

Este sistema ya está disponible para centros de investigación por $35,000 dólares, o a través de un modelo en la nube llamado Wetware-as-a-Service (WaaS). Su lanzamiento oficial tuvo lugar en marzo de 2025 en Barcelona, y puede consultarse más información en su página: https://corticallabs.com. Pero la tecnología es solo la superficie. Lo más provocador de todo esto no es el avance técnico, sino las preguntas que lo acompañan.

 

¿Qué significa pensar? ¿Dónde empieza la consciencia? ¿Es posible que una red de 800,000 neuronas en una placa de Petri empiece, lentamente, a desarrollar algo más que un simple reflejo? ¿Estamos observando el primer balbuceo de una forma elemental de entendimiento que no es ni humana ni mecánica?

 

La historia de la ciencia está repleta de descubrimientos que, al principio, parecían juguetes de laboratorio. El telescopio no se inventó para cambiar nuestra comprensión del universo. Lo mismo podría suceder con la computación biológica. Hoy se nos ofrece como una herramienta para estudiar la cognición, pero su sola existencia pone en duda las fronteras que habíamos trazado entre lo vivo y lo artificial.

 

Este nuevo paradigma obliga a replantear nuestros modelos de aprendizaje automático, nuestra obsesión por el cómputo veloz y nuestra fantasía de que algún día la inteligencia artificial alcanzará (o superará) a la humana. La CL1 no apunta hacia ese futuro, sino hacia un presente más humilde, pero infinitamente más fecundo: el de estudiar la inteligencia desde sus raíces biológicas.

 

No es una promesa de máquinas conscientes. No es un oráculo digital. Es, más bien, un laboratorio de posibilidades, una forma de explorar lo que sucede cuando la vida se integra con el silicio y nace una tercera cosa. Ni carne, ni código. Ni humano, ni algoritmo. Una inteligencia naciente en una interfase híbrida, sin lenguaje, sin emociones, sin identidad. Solo la capacidad de aprender.

 

Y eso, en su forma más pura, es lo que llamamos pensamiento.

 

¿Voy bien o me regreso? Nos leemos pronto si la IA o la inteligencia biológica sintética lo permiten?

 

Placeres culposos: El viernes se estrena el nuevo disco de Mumford and Sons, Rushmore. 

 

Jacarandas para Greis.

 

Esta es opinión personal del columnista

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