Matamoros y su timbre postal edición Bicentenario.

Por Jorge Chávez Mijares.
“La memoria también necesita un vehículo para llegar al futuro.”
Querido lector, después del excepcional momento histórico de la estampilla conmemorativa del Bicentenario, no tengo la menor duda que Matamoros ha aprendido a edificarse también con símbolos. Durante dos siglos nuestra ciudad ha cruzado fronteras en diligencias, locomotoras, automóviles, puentes internacionales, barcos, canciones, periódicos y fotografías. Pero ayer ocurrió algo que, por su aparente sencillez, podría pasar inadvertido para quien no comprenda el antiguo lenguaje de la filatelia. Matamoros comenzó a recorrer el mundo convertida en una estampilla postal. Y eso, apreciado lector, sucede muy pocas veces en la vida de una ciudad.
No fue solamente la presentación de un timbre postal. Fuimos testigos de uno de esos rituales civiles que sobreviven al paso de las generaciones y que los servicios postales del mundo conservan con un respeto casi litúrgico: la Ceremonia de Cancelación del Primer Día de Emisión (First Day of Issue Cancellation para estar a tono cosmopolita del evento), tradición centenaria mediante la cual una estampilla adquiere oficialmente existencia postal. Pocas ceremonias contienen una paradoja tan hermosa. Para que una estampilla nazca, primero debe ser cancelada.
El momento comenzó con la voz de la maestra de ceremonias dando la bienvenida a quienes ocuparían un lugar privilegiado en la Historia del Bicentenario. Presidía el acto el licenciado José Alberto Granados Fávila, presidente municipal de Matamoros. Lo acompañaban la Mtra. Violeta Abreu González, directora general de Correos de México; el ingeniero Fernando Palau Espíndola, Coordinador General de Logística y Operación de Correos de México; el licenciado Roboam Martín Rodríguez Arellano, Cronista Municipal; y la Mtra. Alba Viridiana Villasana Aguilar, regidora presidenta de la Comisión de Cultura. No era un presídium cualquiera. Era la reunión de cinco custodios de una misma memoria, el gobierno de la ciudad, la institución postal del Estado mexicano, la historia, la cultura y la logística que permitiría que aquella pequeña obra de papel emprendiera un viaje hacia 191 países. Porque eso fue precisamente lo que comenzó ayer, un viaje.
El primero en tomar la palabra fue el cronista municipal, Roboam Martín Rodríguez Arellano. Con la serenidad de quien ha convivido durante años con documentos antiguos, recordó que Matamoros cumplía dos siglos desde que el Decreto Número 12 otorgó a la antigua Congregación del Refugio el rango de Villa y el nombre de Matamoros. Luego evocó otro dato extraordinario, la historia postal de la ciudad también se aproxima a los doscientos años y desde 1835 ya existía aquí una Administración de Correos. Hubo una frase suya que merece permanecer. Dijo que aquella pieza filatélica pasaría a las colecciones del mundo y que Matamoros estaría ahora en todos los rincones de la Tierra. Tal vez todavía nadie dimensionaba el alcance de esas palabras.
Después habló la Mtra. Violeta Abreu González. Y, curiosamente, fue ella quien explicó el verdadero significado de lo que estaba por ocurrir. Recordó que celebrar dos siglos no consiste únicamente en mirar hacia atrás, sino en encontrar la manera de conversar con las nuevas generaciones. Agradeció al alcalde Alberto Granados haber incorporado a Correos de México a las celebraciones del Bicentenario y explicó que una estampilla conmemorativa representa mucho más que una pieza postal. Fue entonces cuando reveló un dato que muchos desconocíamos. La ceremonia del Primer Día de Emisión no es un simple protocolo administrativo, es el instante en que comienza la vida de una estampilla.
Desde ese momento, explicó, aquella emisión recorrería 191 países a través del Servicio Postal Mexicano, adherida no sólo a cartas, sino también a paquetes. Invitó a los matamorenses a acudir a la oficina postal de la calle Río Bravo en la colonia San Francisco, a una cuadra del mercado, para adquirir la estampilla y permitir que cada envío llevara consigo el orgullo de nuestra ciudad bicentenaria. Añadió un dato que incrementó aún más la dimensión del acontecimiento, era la primera estampilla dedicada exclusivamente a Matamoros en más de 170 años de historia filatélica de Correos de México. Aquella afirmación convirtió el acto en un momento irrepetible.
Mientras la directora hablaba, detrás del presídium descansaba la protagonista silenciosa de la ceremonia. La estampilla conmemorativa “Heroica, Leal e Invicta. Matamoros, 200 años de orgullo”, diseñada por Fernando García Quintana. Un pequeño rectángulo de papel que condensaba dos siglos de historia. A la izquierda aparecía el Fuerte Casamata, memoria de la defensa histórica de la ciudad. En el centro, La Gran Puerta de México, símbolo contemporáneo del Bicentenario. Y a la derecha, el histórico Puente M&B, ese anciano de acero que durante más de un siglo unió dos naciones y que hoy continúa enlazando la memoria de Matamoros con Brownsville. Pasado, presente y vocación de futuro. Todo cabía en apenas unos centímetros cuadrados. Fernando García Quintana no diseñó únicamente una estampilla, diseñó una ciudad en miniatura.
Luego Correos de México proyectó un video que decía una verdad difícil de discutir: “Hoy Matamoros no sólo celebra dos siglos de historia. Comienza un nuevo recorrido por el país y el mundo.” Qué manera tan elegante de decir que las ciudades también aprenden a viajar. Entonces llegó el instante que justificaba toda la ceremonia. Sobre la mesa reposaba un objeto de apenas unos centímetros de altura, de plata brillante, apoyado sobre cuatro delicadas patas metálicas. Con una empuñadura redondeada que parecía una gota de mercurio detenida en el tiempo. Era el matasellos oficial del Primer Día de Emisión. No imponía por su tamaño, imponía por su autoridad.
Desde el siglo XIX, millones de estampillas alrededor del mundo han esperado un instante semejante. Porque ese pequeño instrumento guarda en su interior la fecha, el lugar y la certificación que convierte un simple diseño en un documento postal. Los grandes acontecimientos suelen anunciarse con cañones, campanas o discursos. Éste comenzaría con el sonido casi imperceptible del metal encontrándose con el papel. La maestra de ceremonias pidió al alcalde José Alberto Granados Fávila y a la directora general de Correos de México realizar el acto solemne de cancelación de la estampilla. Entonces pronunció una frase que, desde ayer, pertenece a la historia filatélica de México: “Y es en este momento que queda plasmado en la historia filatélica de nuestra nación este acto donde, aplicando el matasellos que inhabilita el timbre, marca formalmente su primer día de circulación mundial.”
He ahí la paradoja. El mismo golpe que inhabilita una estampilla para volver a utilizarse es el que la habilita para comenzar su existencia postal. El alcalde Alberto Granados descendió el matasellos con serenidad. No era un acto mecánico, representaba a la ciudad homenajeada. Después correspondió hacerlo a la Mtra. Violeta Abreu González, representante de la institución que incorporaba oficialmente esa emisión al patrimonio filatélico nacional. Y entonces ocurrió el instante que difícilmente olvidarán quienes estuvieron presentes. La directora tomó nuevamente el matasellos. Lo apoyó sobre la carpeta filatélica. Y pronunció apenas dos palabras:
—Puede circular.
Jamás una autorización había contenido tanta poesía. No hablaba únicamente de una estampilla, autorizaba el viaje de una ciudad, el privilegio no terminó ahí. También fueron invitados a plasmar el matasellos el cronista municipal, Roboam Martín Rodríguez Arellano, y la Mtra. Alba Viridiana Villasana Aguilar, presidenta de la Comisión de Cultura. Me pareció un gesto profundamente simbólico. Porque si el alcalde representa el presente de Matamoros y Correos de México representa al Estado, el cronista representa la memoria de los dos siglos que precisamente estaban siendo celebrados.
Los cronistas, desde Bernal Diaz del Castillo, solemos escribir la historia con palabras. Ayer, Roboam Martín Rodríguez Arellano también la escribió con un matasellos. La directora general entregó después al presidente municipal la hoja filatélica número 200, una edición limitada de apenas mil ejemplares destinada a coleccionistas, junto con un sobre de colección que inmortaliza la ceremonia. El número no podía ser más apropiado. Doscientos años. Hoja número doscientos. Como si la numeración también hubiese querido sumarse al homenaje.
En el mensaje oficial, el alcalde Alberto Granados recordó que el timbre reúne tres emblemas fundamentales de Matamoros: el Museo Casamata, el Puente Viejo y La Gran Puerta de México, definiéndolos como pasado, presente y futuro en una sola imagen. Señaló que 200 mil estampillas recorrerán México y el mundo llevando consigo el legado de la ciudad y recordó algunos de los aportes históricos de Matamoros al país: el nacimiento del Himno a Tamaulipas, el primer reparto agrario de México, el festival de arte más antiguo del norte del país y la mayor concentración de museos del estado. Cerró con un deseo sencillo, pero poderoso: que aquel timbre pasara a la historia y recordara siempre la identidad de la Heroica, Leal e Invicta ciudad que dormita en la margen del río.
En esas palabras no hubo estridencia. Hubo conciencia del momento que estaba viviendo la ciudad. Gestionar una estampilla conmemorativa para el Bicentenario no es un hecho menor. Supone incorporar a Matamoros al catálogo filatélico nacional con una emisión propia que permanecerá como testimonio documental de este aniversario. En ese sentido, corresponde reconocer el papel desempeñado por el alcalde Alberto Granados al impulsar que esta celebración encontrara también un lugar en la memoria postal de México, sin restar mérito al trabajo conjunto de Correos de México y de quienes hicieron posible el proyecto.
Cuando todo terminó, el presídium levantó las carpetas filatélicas ya mataselladas. El ingeniero Fernando Palau Espíndola, la Mtra. Violeta Abreu González, el propio alcalde Alberto Granados, la Mtra. Alba Viridiana Villasana Aguilar y Martín Rodríguez Arellano sostuvieron entre sus manos documentos que, desde ese instante, dejaron de pertenecer únicamente al protocolo. Ya eran historia. Y mientras los fotógrafos disparaban una y otra vez sus cámaras, el pequeño matasellos permanecía inmóvil sobre la mesa. Había cumplido su misión.
Pienso ahora en esa vieja costumbre de escribir cartas, huy sustituida por el correo electrónico pero que no termina de existir. En doblar cuidadosamente una hoja. Introducirla en un sobre, pegar una estampilla, llevarla hasta un buzón, esperar, confiar. Imagino que, dentro de algunos meses, en algún país lejano, alguien recibirá una carta procedente de México. Antes de abrirla observará una pequeña imagen, verá el Fuerte Casamata, la Gran Puerta de México y el viejo puente internacional. Quizá nunca haya escuchado hablar de Matamoros. Pero, sin saberlo, tendrá entre sus dedos dos siglos de historia fronteriza.
Querido y dilecto lector, entonces comprenderemos que las ciudades también poseen pasaportes. Algunas viajan en mapas, otras en libros. La Heroica, Leal e Invicta Matamoros comenzó ayer un nuevo recorrido, lo hará en silencio, pegada a un sobre, adherida a un paquete, cruzando océanos, idiomas y fronteras. Porque hay memorias que necesitan monumentos para sobrevivir. Y hay otras, como la nuestra, que descubrieron que también pueden recorrer el mundo en una estampilla del Bicentenario.
El tiempo hablará.

