El hilo de Dafne
La justicia a veces llega a los tribunales con una cara de niña y semirizos con efectos de color; a lo mejor trae un kilogramo de hojas y una libreta llena de anotaciones, los ojos cansados, pero con esa disciplina inquebrantable que no le permite una palabra fuera de lugar porque sabe que puede costarle la verdad a una familia.
Tengamos presente que el mito del Laberinto aparece cada vez que un proceso judicial de alto impacto convierte a la verdad en un animal esquivo, perseguido por periodistas, abogados, opinadores, activistas, curiosos y oportunistas.
Desde hace más de una semana, Tamaulipas camina dentro de un laberinto lúgubre porque la muerte de una adolescente sacudió las fibras más sensibles de una sociedad que exige respuestas y porque, cuando una menor pierde la vida en circunstancias que hoy son materia de una investigación penal por la hipótesis del delito de feminicidio, el país entero termina convertido en un jurado emocional.
Así, mientras el debate público crecía alrededor del caso Dafne; una mujer tomó asiento, abrió su carpeta y comenzó a hacer aquello para lo que había sido formada.
Litigar. No actuar.
No improvisar. No competir por la frase más ingeniosa.
Litigar.
Su nombre es Lisett Alejandra Flores García, una abogada del despacho JILCh Vargas y Asociados, y quienes conocen desde dentro la firma hablan más de disciplina que de triunfos.
No importan los reflectores; lo valioso es el método.
El interés está en la formación del litigante.
Por eso no es casualidad que Lisett Flores haya sido nombrada la responsable en la defensa y asesoría jurídica de la familia Zapata Quintos.
Es la directora del área de Amparos en el despacho; tiene bajo su coordinación otros colegas y pasantes, pero eso no lo es todo. En la Facultad de Derecho, Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT)- Campus Tampico, siempre fue del cuadro de honor; su nombre aparece asociado a una generación formada en el litigio oral, donde la memoria sirve de poco si el razonamiento no la sostiene.
Insisto, fue una estudiante destacada de la FADYCS. Bicampeona del concurso anual de juicios orales organizado entre la propia facultad que dirige Elda Ruth de los Reyes Villarreal, y del que es organizador el propio titular del despacho JILCh, sí, el Maestro José Isabel Luna Chavez.
Por eso la abogada Alejandra lleva el caso, y tiene otros logros profesionales que no se cuentan porque arropa al pie de la letra la ley no escrita dentro de ese despacho, y quizá la más difícil de cumplir en tiempos donde todo necesita convertirse en fotografía, likes y favs.
Cuando un paciente con cáncer enfrenta la negativa de una institución para recibir tratamiento. Cuando una familia carece de recursos para promover un juicio de amparo. Cuando el reloj biológico corre más rápido que el reloj burocrático.
El despacho interviene. Promueve. Litiga. Obtiene suspensiones. Y guarda silencio.
No porque desprecie el reconocimiento.
Sino porque entiende que la dignidad del beneficiario vale más que cualquier campaña publicitaria.
“Que la mano derecha no sepa lo que hace la izquierda”, reza el viejo pasaje bíblico, y la abogada es la directora responsable.
El proceso judicial por la muerte de Dafne continúa.
Será el tribunal competente, con base en las pruebas desahogadas y conforme al debido proceso, quien determine las responsabilidades que en derecho correspondan.
Así debe ser.
La indignación es legítima.
La exigencia de justicia también.
Pero ambas necesitan caminar de la mano del Estado de derecho.
De lo contrario, el Laberinto habrá ganado otra vez.
Los griegos contaban que Teseo nunca habría salido del Laberinto sin el hilo de Ariadna.
No fue la espada.
No fue la fuerza.
No fue el heroísmo.
Fue un hilo.
Algo casi invisible.
Algo que parecía insignificante.
Y, sin embargo, era lo único capaz de conducirlo de regreso a la luz.
Quizá la justicia moderna también tenga sus propios hilos.
Se llaman pruebas.
Se llaman técnica.
Se llaman ética profesional.
Se llaman abogados que entienden que el protagonismo termina donde comienza el expediente.
Porque, al final, los grandes litigantes no son aquellos que consiguen que todos hablen de ellos.
Son aquellos que logran que, cuando el juez cierre el expediente, sólo hablen los hechos, y resultados.
En la intimidad… El gobernador Américo Villarreal Anaya envió desde El Mante un mensaje que rebasa la coyuntura de un solo caso y alcanza una dimensión institucional.
Durante el arranque de la construcción del Libramiento Poniente y la entrega de obras deportivas e hidráulicas, reiteró que su administración mantiene como eje un gobierno humanista, comprometido con el bienestar, la seguridad y las oportunidades para las y los tamaulipecos.
Hubo, sin embargo, una frase que merece permanecer en la memoria pública.
Al expresar su solidaridad con una familia que atraviesa un profundo dolor, el mandatario sostuvo que la justicia debe darse “en toda la extensión de la palabra”.
Esa expresión encierra una exigencia doble.
Que nadie sea abandonado frente al dolor.
Y que nadie sea juzgado fuera de la ley.
Porque un Estado se mide tanto por la capacidad de acompañar a las víctimas como por la fortaleza de sus instituciones para esclarecer los hechos con independencia, rigor y respeto al debido proceso.
La justicia verdadera nunca será producto de la prisa.
Tampoco del silencio.
Será el resultado de una investigación exhaustiva, de un juicio imparcial y de una sociedad que no renuncie a exigir la verdad, aun cuando el camino para encontrarla sea tan complejo como aquel antiguo laberinto del que sólo podía salir quien nunca perdía el hilo.
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