Estamos a pocas semanas de que se termine la temporada de los chiles en nogada. Este año no tuve la precaución de contar cuántos he hecho para su venta, pero creo que son cien o un poco más.
A veces me pongo a pensar: “¿Será buena mano para la cocina o amor?”. La verdad, aún no lo sé, pero lo que sí sé es que, cuando cocinamos un chile en nogada, detrás de su preparación hay muchísima gente que hizo un arduo trabajo para que tengamos este tradicional platillo en nuestras mesas.
Con el solo hecho de saber que llevan más de 30 ingredientes, podemos darnos una idea de que, antes de su elaboración, hubo alguien que fue a buscar una semilla, algunos tuvieron que ir a plantarla con la esperanza de que creciera y diera fruto, y luego hubo quienes la cosecharon.
Cada quien hizo la tarea que le correspondía.
Imagínense ustedes: los chiles llevan nueces pecanas y de Castilla, almendras, piñones, pasas, durazno, pera, manzana, plátano macho, carne de res y puerco, crema, queso de cabra… etc., etc., etc.
Lo hermoso no está solamente en el resultado, al conseguir un suculento platillo para saborearlo con gusto, sino en la entrega de cada persona al realizar el trabajo que la vida les ha confiado.
Nos necesitamos unos a otros. Es importante observar con los ojos del alma para darnos cuenta de que detrás de cada uno de nuestros éxitos hay personas que se entregan con dedicación a su trabajo.
Hoy, más que nunca, necesitamos valorar lo que no se ve, lo que pasa desapercibido, porque la grandeza no solo está en el resultado, sino en todo lo que hay detrás, porque hasta la tarea más sencilla se transforma en grandiosa cuando presenciamos un producto terminado.
Todos somos pieza clave, porque gracias a cada pequeño ingrediente, alguien como yo puede cocinar unos ricos chiles en nogada y, con ello, hacer que quienes los coman los disfruten o, sencillamente, se sientan amados.
