A virada.
David Vallejo.
Lula quedó segundo en la primera vuelta y ganó la presidencia de Brasil tres semanas después. El 4 de octubre, Flávio Bolsonaro obtuvo 47.03% de los votos frente al 45.16% del presidente. El 25 de octubre, Lula consiguió su cuarto mandato con 64,256,232 votos, equivalentes al 51.79%, frente a los 59,826,041 de Bolsonaro, que representaron el 48.21%. La diferencia fue de 4,430,191 sufragios.
Brasil seguía siendo un país dividido, con identidades políticas arraigadas y millones de ciudadanos inconformes. Cambió la distribución del voto. Comprender esa diferencia exige mirar la economía cotidiana, los ajustes de campaña y los límites de la victoria.
Lula enfrentaba un problema conocido por muchos gobiernos. Los avances en empleo, ingresos y reducción de la pobreza convivían con familias endeudadas y preocupadas por los precios. Después de la primera vuelta, reforzó una agenda centrada en deudas, protección social, jornada laboral y transporte. Varios de esos asuntos venían de antes, pero adquirieron mayor presencia. La lección es que los resultados acumulados pueden resultar insuficientes cuando el electorado busca respuestas para lo que viene.
La segunda vuelta también obligó a comparar alternativas. Bolsonaro había reunido buena parte del descontento, mientras Lula insistía en la protección de las instituciones y la soberanía frente a las presiones estadounidenses. Una lectura de la remontada es que el rechazo al bolsonarismo permitió ampliar el apoyo al presidente entre ciudadanos que podían discrepar de su gobierno. Coincidir en una elección deja espacio para motivaciones distintas.
La participación pasó de 78.92% a aproximadamente 80.8%. Entre ambas vueltas, el margen entre los candidatos cambió alrededor de cinco puntos y medio. Los totales son compatibles con una combinación de movilización, transferencias y cambios de preferencia, pero impiden identificar cuánto aportó cada mecanismo. Atribuir la remontada únicamente a antiguos votantes de Bolsonaro sería aventurado.
Lula también reorganizó su comunicación digital y reforzó la movilización en WhatsApp. El ajuste está documentado, aunque su efecto electoral resulta difícil de aislar. Tener millones de seguidores no significa necesariamente convencer a millones de electores.
Las encuestas mostraban otro escenario. Según el recuento de EL PAÍS del 24 de octubre, 16 de las 17 encuestadoras que habían publicado sondeos desde la primera vuelta colocaban a Bolsonaro adelante en su último informe. Las ventajas eran generalmente estrechas. El resultado recuerda la distancia entre estimar preferencias y registrar decisiones efectivas.
La presidencia tampoco cuenta toda la historia. Flávio obtuvo más votos que su padre en 2022, aunque esa comparación absoluta debe distinguirse del respaldo proporcional. Su partido, el PL, consiguió 121 diputados y la mayor bancada de la Cámara. El bolsonarismo perdió el Ejecutivo conservando capacidad para disputar el rumbo del país.
- Ese es el límite de la remontada. Una victoria presidencial no garantiza por sí misma una mayoría para gobernar. Lula pudo ampliar su coalición electoral en tres semanas, pero tendrá que convertirla en acuerdos entre fuerzas con intereses distintos.
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