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Ciudad Mante
sábado, julio 2, 2022

El Mante y su grandeza

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Por: Cesar Rivera

Quienes recuerdan «mañana vamos pal río». La noche anterior casi no se podía dormir pensando en ese gran momento, comer unos doritos con sándwiches o un pollo asado que comprabas en el camino y refresco; hasta una torta de huevo sabía a mil glorias después de salir del agua. Una toalla en el suelo y te acostabas a dormir unos momentos para cargar pila, cuidado con las hormigas que te picaban y corrías al agua para mitigar el dolor de las rojas, el agua correr por tu cuerpo y el cálido sol que se reflejaba en ella. Tíos y familia reunidos hasta firulas se iba a refrescar de esos calores intensos en el Mante. Correr con los primos, el agua fresca, tratar de pescar «Charalitos» el sonar dos piedras para escuchar el sonido en el agua, jugabas al 18 o correteadas se valía en la tierra y en el agua.

Veías a alguien pescando y te emocionabas ver los pescadotes que sacaba allá al fondo donde no podías meterte porque estaba hondo, jugabas con tus primos a ver quién aguantaba más la respiración; zape o cocazo el que perdiera. Mientras los grandes asaban la carne, tomaban cerveza y escuchaban música regional, mientras los cuidaban desde allá, pasaba el del carrito de nieves, hasta allá llegaba, de «raid» o caminando desde El Mante ya después veías que alguien por la tarde se lo traía con su carrito, que gran gesto, siempre hemos estado para apoyarnos.

Una paleta de fresa, limón o tamarindo o un esquimal, también el de la fruta, mango con chile, jícama o una deliciosa sandía. El de los cueritos con salsa y queso espolvoreado que aventabas un pedazo al agua para ver cómo los peces lo devoraban pensando que eran como pirañas.

Explorabas los árboles y te alejabas pensando que nadie había pasado por ahí y encontrarías algo extraordinario, mientras ya en el agua el olor de la carne te llegaba para salir a comer y volver a meterte, tu tía te decía que esperaras 30 minutos porque acabas de comer y se te hacía eterno, vivirás ahí si pudieras y no te saldrías jamás de esa agua cálida y deliciosa. Que inocentes y niños éramos

El viaje de regreso y sentir el viento detrás de esa camioneta ya antigua pero aún de buen material ya con el sol ocultándose,  con tu toalla húmeda que daba más frío, pero era tanto tu recuerdo del día que no pensabas en el fresco, mientras se despedían las familias en las carreteras y cada quien tomaba su rumbo, quisieras jugar con tus primos todo el tiempo. Quisieras haber finalizado durmiendo una pijamada con ellos, caer rendido en un hermoso día

Hoy muchos ya no están, llevarás a tus hijos, nietos, sobrinos, serás el tío que ase la carne y cuide de ellos, el que les diga NO por su seguridad, buscarás el mejor lugar, estarás cansado y tomarás una cerveza pero ver a los niños reír te motivará a qué vivan esa bonita experiencia que tú viviste de niño gracias a tus tíos, papás…

Cuando verdaderamente éramos felices y no lo sabíamos.

 

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