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martes, febrero 27, 2024

FIESTA GUADALUPANA     

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 “Las Luminarias o Quema de la Candelilla”    

El pasado 12 de diciembre, no sólo en nuestro país, sino también en diferentes partes del mundo, fue agasajada la morenita del Tepeyac.  Son muchos los templos en el extranjero que poseen altares o capillas dedicadas a la Guadalupana: desde la Catedral de San Patricio en Nueva York, hasta Notre Dame en París.

En México, no hay ciudad, pueblo o comunidad que no la festeje por todo lo alto. Este año, en la víspera de esa fecha, tuve la fortuna de honrarla viviendo una hermosa tradición en el pueblo de mis ancestros: Higueras, Nuevo León, situado a poco más de 50 kilómetros al norte de Monterrey.

Buscando información sobre los orígenes de esta festividad  llamada “Las Luminarias”, me encontré con un amplio escrito del Lic. Antonio Guerrero Aguilar, quien durante 24 años fue cronista de la Ciudad de Santa Catarina, Nuevo León. Él lo considera como el rasgo más representativo del lugar. Incluso lo nombra poéticamente como: “sacramento comunitario”.

Me identifico plenamente con sus palabras, pues bajo el cielo  de la celebración, realizamos una comunión familiar entre un número considerable de primos, primas, tíos y tías descendientes de ésta que antes fuera, la Villa de Higueras.  Pasamos  momentos entrañables, hubo quienes se dedicaron a vivir a “pie juntillas” la tradición, subiendo al cerro para cortar el arbusto con sus manos como lo dicta esta herencia histórica, así contribuyeron para darle volumen a las siete “monas” o atados que los expertos forman en la calle frente a la iglesia para, después de misa y a la señal de un campanazo, prenderles fuego para iniciar el ritual. 

Hace más de setenta años, mi abuela paterna, Isabel Villarreal contaba que también le llamaban “La Quema de la Candelilla”. Explicaba que es un arbusto de hojas gruesas que abunda en algunas  zonas de Nuevo León y Coahuila, ahora sabemos que es industrializado y se convierte en parafina y ésta en cera, materia natural más utilizada en las ceremonias religiosas, por eso, según el escrito de Guerrero Aguilar el significado cultural del evento es como una ofrenda a Dios que representa el grado en que nosotros debemos consumir nuestras vidas en buenas obras, sacrificios y penitencias como si se tratara de una correspondencia moral a la buena acción que se recibe de la divinidad.

Quisiera describir lo mejor posible la sensación de calor y luminosidad que vivimos en “La Quema de la Candelilla”. En un abrir y cerrar de ojos la inmensidad del cielo desapareció junto con las estrellas. Nos hipnotizó  el crujir de las llamas de más de cuatro metros de altura; eso, y el fuerte sonido de las campanas, hicieron que eleváramos nuestras almas honrando a La Guadalupana para después traer a la memoria a nuestros tatarabuelos, bisabuelos, abuelos y padres, sabiendo que tal vez algún día, hace muchos, muchos años, ellos estuvieron parados en el mismo lugar en el que ahora estábamos nosotros.

Agradezco a mi tío Carlos Villarreal quien fue el principal promotor para vivir esta maravillosa experiencia que mi familia y yo disfrutamos tanto. 

¡Feliz Navidad y próspero Año Nuevo para todos!

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