Con motivo del magno festejo que conmemora la cuarta y quinta Aparición de Nuestra Santa Patrona, Santa María de Guadalupe, cada día 12 de diciembre, decidí visitar el Santuario de la Virgen del Contadero en el año de 1995 y escribir un reportaje con el propósito de esclarecer un poco el origen de la imagen pétrea que existe en este sitio.
Existen en Tamaulipas tres Vírgenes, localizadas en escarpadas serranías у reverenciadas con profundo respeto: la Virgen de la Gruta del Chorrito, en el municipio de Hidalgo, es el principal santuario religioso del estado; la Virgen de Montserrat, tallada por un español en una mina de la sierra de Cruillas; y nuestra Guadalupana de la Cueva del Contadero, única imagen sagrada de la entidad que es venerada y visitada por los pueblos originarios tének (huastecos) del vecino estado de San Luis Potosí.
Al santuario del Contadero acude un gran número de peregrinos para demostrar veneración, amor y admiración a la Virgen María. Algunos van en acción de gracias o bien para pedir favores, ya sean espirituales o materiales; otros la visitan buscando paz espiritual o solo para fortalecer su fe. Se rinde culto a la Virgen durante todo el año, pero es en Semana Santa cuando la visitan el mayor número de fieles, y el fervor religioso alcanza su máxima expresión en un ambiente festivo de danzas, música, representaciones sacras, cantos y oraciones.
Creo que es importante resaltar el hecho de que este Santuario es visitado actualmente por los tének de la Huasteca Potosina. Esto nos indica que este sitio fue un punto importante en la región donde los antiguos habitantes de la región se reunían para celebrar bailes о сеremonias desde la época prehispánica, circunstancia que fue aprovechada por los primeros misioneros españoles para lograr por medio del sincretismo, que conciliaba los antiguos ritos paganos con los nuevos ritos cristianos, la conversión y conquista espiritual de las tribus y pueblos que habitaban la región noreste del país.
Aparte de todas las consideraciones que se puedan hacer en torno al misterio de la imagen, lo que no deja lugar a dudas es que la Virgen de Guadalupe, en sus múltiples manifestaciones, se constituye como el signo más sólido de unidad del pueblo de México; en ella se depositan la fe y la esperanza de millones de creyentes que buscan en ella refugio y consuelo recordando las palabras que le dirigiera a Juan Diego en el cerro del Tepeyac:
«¿NO ESTOY AQUÍ YO, QUE SOY TU MADRE? ¿NO ESTÁS BAJO MI SOMBRA Y RESGUARDO? ¿NO SOY YO LA FUENTE DE TU ALEGRÍA? ¿NO ESTÁS EN EL HUECO DE MI MANTO, EN EL CRUCE DE MIS BRAZOS? ¿TIENES NECESIDAD DE ALGUNA OTRA COSA?
