Norailiana Esparza Mandujano.
A Miguel Ángel Villalobos Gómez y su calma insondable.
No hacen falta conversaciones interminables para construir una amistad. A veces basta una presencia constante, una mirada que comprendía antes de preguntar, una lealtad tan discreta que nunca pidió reconocimiento. Existen seres capaces de acompañar sin invadir, de sostener sin hacer ruido. Tú pertenecías a esa extraña estirpe.
Hoy busco una forma digna de despedirte y ninguna palabra alcanza. Todas parecen demasiado pequeñas frente a la ausencia que acabas de dejar. Resulta extraño que alguien tan sereno pueda provocar semejante tempestad en quienes permanecemos aquí.
La muerte tiene una puntualidad despiadada. Entra, desordena el mundo y se marcha sin volver la vista.
Nunca responde por los abrazos que quedaron pendientes, por las historias que ya no encontrarán el momento preciso para ser contadas, por las risas que se quedaron esperando otra tarde cualquiera.
Quedan los recuerdos haciendo guardia. Tu voz regresando de pronto entre los pensamientos.
Tu manera de mirar la vida con esa calma que parecía conocer secretos imposibles de explicar. Queda también esa gratitud inmensa que solo aparece cuando comprendemos que hubo personas que hicieron más amable nuestro camino, casi sin que lo notáramos.
No sé dónde terminan los afectos cuando el cuerpo deja de habitarlos.
Me gusta imaginar que no desaparecen; simplemente aprenden otra forma de permanecer. Quizá por eso hoy duele tanto: porque sigues ocupando un lugar que nadie podrá desalojar.
Hasta que llegue el día en que los caminos vuelvan a encontrarse, seguirás viviendo en la conversación inesperada, en la sonrisa que tu recuerdo arranque sin permiso, en el rincón más noble de la memoria.
Gracias por la amistad. Gracias por la sencillez. Gracias por esa manera tan tuya de estar presente.
Descansa en paz, querido amigo. Tu ausencia pesa.
Tu recuerdo acompaña. Y tu nombre seguirá pronunciándose con el cariño reservado para quienes tuvieron la rara virtud de hacer mejor la vida de los demás…
Hasta siempre, amigo lindo (y él contestaba: linda tú)…
