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sábado, mayo 25, 2024

SUEÑO Y RECUERDO 

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POR MARISOL VERA GUERRA

SUEÑO

Sueño que estoy en una presentación literaria donde sólo se permite decir poemas felices. De pronto pierdo el conocimiento y despierto en una pequeña casa, sin colores, donde todo está perfectamente ordenado y limpio. Cuando salgo a la calle me doy cuenta de que ésta es una entre varias casas alineadas, todas iguales, rodeadas por jardineras amarillas. 

Las calles lucen pulcras y vacías. Otras personas, al igual que yo, parecen estar despertándose de un desmayo. Varios de los poetas del recital están allí también. «Mi computadora», me altero, «dónde está mi computadora». Recuerdo los libros que tengo que corregir y diagramar, y comienzo a buscarla. 

Uno de mis compañeros poetas (un muchacho muy joven) me dice que no debo mostrar ansiedad, ira, ni tristeza, porque «está a punto de llegar el tren» y «no me va a gustar».

Pienso con angustia, que seguramente mi computadora se quedó en el lugar del evento. No sé cómo he llegado aquí, quién me trajo.  «En algún momento seguramente pensaste en las cosas prohibidas», dice el poeta.

Llega el tren. Los vagones son negros, del tamaño del cuerpo de una persona, como ataúdes. Unos hombres armados se acercan y nos toman del brazo a mí y a varias personas, nos obligan a entrar en esos vagones-ataúd. Apenas hay lugar para respirar. El viaje durará seis horas. Antes de que terminen de sellar las puertas, mi compañero me dice: «Procura administrar el oxígeno, no hay mucho, y cuando abran de nuevo, contrae tus huesos para que salgas, porque la salida será más pequeña. Espero que te devuelvan a la ciudad. Todos los que vayan hacia la izquierda no tendrán retorno». 

Sigo las indicaciones, voy envuelta en papel burbuja, como un libro, conforme el tren avanza el vagón se aplana, se aplana. Por fin se detiene y se abre la puerta, me contraigo para salir. Afuera se van formando dos hileras, sólo un puñado de personas van hacia la derecha. ¡Veo mi computadora en una escalera!, me salgo de la fila y corro a tomarla entre mis manos. «Podré seguir con mi trabajo», pienso, agradecida, sonriente, mientras regreso a la fila izquierda. 

Despierto.

RECUERDO *

La hilera de letras negras sobre el papel blanco, estampándose bajo el golpeteo de las teclas de la máquina de escribir, fue la primera cosa en el mundo que me produjo fascinación. Debí haber sido muy pequeña la primera vez que me sentí atraída por esas formas simétricas que se deslizaban entre los rodillos metálicos del artefacto. Cuando la hoja se quedaba sola sobre el escritorio, yo tomaba una pluma y un trozo de cartulina, y las intentaba reproducir. 

En mi mente de adulta a veces venía esa imagen de las letras alineadas. Y yo desde afuera, como un observador externo, dibujándolas. No fue sino hasta 2022 que mi madre apareció en estas escenas; sólo recordaba los objetos, las hojas, la máquina, las plumas. No había un elemento humano en mi foco de atención.

Mi madre aparecía en mis recuerdos hasta alrededor de los 7 años. De pronto emergía de la nada, y empezaba a tener un lugar en las escenas de mi niñez. No me explicaba el porqué, puesto que tengo recuerdos claros de mi primera infancia. Era como si su imagen hubiera sido borrada al inicio de mi vida. Ahora pienso que su imagen siempre estuvo allí, pero no se había integrado a mi recuerdo. Como si hubiera tenido guardada la película en mi cabeza, pero en fragmentos. 

Al empezar a revisar mi vida, a través de este libro, la imagen de mi madre ocupó su lugar entre los objetos.

*MVG: «Ojos bien abiertos, mi experiencia como mujer autista con un diagnóstico en la vida adulta», Letras en la Frontera, San Antonio, EUA, 2024.

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