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viernes, marzo 1, 2024

POEMAS CIRCULARES

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POR ADÁN ECHEVERRÍA

Mérida, Yucatán, (1975). Profesor investigador de la Universidad Tecnológica de Matamoros. Doctor en Ciencias del Mar. Segundo Lugar en el Premio Nacional de Cuento Gabriel Borunda 2021. Premio Estatal de Literatura Infantil Elvia Rodríguez Cirerol (2011), Becario del FONCA, Jóvenes Creadores, en Novela (2005-2006). Sus libros más recientes: en poesía Ciudad abierta (2019), en cuento Tutlefem/Lerotic (ITCA 2020), en novela El corredor de las ninfas (2017). En literatura infantil ha publicado Las sombras de Fabián (2014).

 

LA FELICIDAD

Hoy amanecí sin dinero y mi hijo sonreía. Ayer

al caer la noche hablé por el móvil con mis pequeños

que viven al otro lado del país

y mi perra me daba lengüetazos en las mejillas;

no me dejaba explicarles la angustia

de estar lejos.

No podía sino reír y escuchar que

Esteban había terminado la tarea

y que Alex logró meter dos goles

hacía unas horas

y ya se preparaban para dormir

tan lejos de mis brazos.

Por la tarde leí unos cuentos malos de Bolaño

y de nuevo “Historia del Ojo” de Bataille.

Di unas horas de taller literario

comí unos tamales

dormí abrazado a mi mujer

con mi bebo a nuestro lado

y la perra

siempre encima de nosotros.

Hoy desperté con la certeza

de la felicidad

paseando por la casa.

 

ETERNIDAD

Cuando un escritor parte de este mundo

la oscuridad se reacomoda

las palabras se sienten huérfanas de luz

y aletean en los libros

su tristeza

su abandono.

Déjalas salir

déjalas volar hacia tus ojos

que se inyecten en tus pensamientos

admítelas como parte de tu historia

son palabras huérfanas

que la humanidad lectora debe recibir.

Esa es la forma en que todo escritor que parte

renace y

reencarna en nosotros y

se hace eterno.

 

DÉJAME YA SILENCIO

apártate

para que se abran los ramajes

las nubes las enredaderas todas

ella apareció y pude ver sus alas

la perdí en el ruido y la desesperación

en esos soles que se elevan globos

sobre la ciudad

la tranquilidad me sofoca

necesito rodar sobre los montes

espinar los pensamientos los muslos

este costillar al que ahora le haces tanta falta

a qué la luz que filtra en el estancado oleaje

este lodazal de la esperanza en que me he perdido

para qué si tus huellas en el horizonte

brillos de la luz la amplia cegadura

que el ruido y la tormenta acallen su nombre

mis párpados no volverán a cerrarse

y para no mirarla dejaré de dormir

 

HAY DÍAS CIRCULARES

días como rayas que se extienden hacia el infinito

días elipses días curvos

cuadrados días en las que nos sentimos calvos

días triangulares donde todo es risa que risa

hay días que son todo un trapezoide

días prismas

días rectos que llegan rápido a donde deben de llegar

días que son esféricos a punto de reventar

pero mis peores días

los que más me agradan

son esos días cónicos

en los que puedo fluir hacia abajo

donde no hay salida.

 

LOS NO POEMAS

por supuesto que no hay romanticismo

ni gatos ni peces ni pájaros que vuelen libres

en este poema tal vez encuentres sangre

lo que queda claro

en este poema que no es de amor

es el motivo del tarro

la falsa pantimedia

el idioma entrecortado por la distancia

los otros edificios y las noches frías para caminarlas

este poema es de humanidad

y a la humanidad le han bajado los vestidos

 

CUATRO DE LA TARDE Y ESTOY PENSÁNDOTE DE NUEVO

si tus clavículas pudieran darse cuenta

si estas palabras al menos pudieran hacerte notar

lo mucho muy presente que estás ahora en mi vida

no sé qué tienen las aves en estos días del otoño

quizá es que el solsticio las invade de melancolía

pero las oigo piar fuera de mi cuerpo

fuera del frío laboratorio que ocupa la memoria

estarás sembrada ahora sobre las telas

midiéndote las faldas

queridas faldas negras

‘Yo también he sido dark’ volverás a decir

y bajo el sol que nos calcina en el asfalto

puedo mirar tu bicicleta rodar

y esas pantorrillas tuyas

que no me pueden ignorar más

 

TÚ JUNTO A MÍ BIEN JUNTO

Te necesito fuerte y bien. Te necesito conmigo.

Los días son de terciopelo o de espinas tú decide

son de cajeta o de ajenjo

de cristal o lodo

de espirita o de cuervos

de luz o de ratas

de pelícanos o de palomas sangrientas

de perros rabiosos o de mermelada

de ambrosía o de aguijones

de calamares o de calaveras.

tú decide.

 

YA ES TARDE PARA MÍ

Cuando dije Te amo

tenía las manos aferradas al volante de mis días de odio

¿qué esperanza?

Cuando te dije ¡Vivamos juntos!

un poco de migajón quedaba en la alacena

¿para qué los gritos?

Cuando dije que la solución estaba en la enfermedad

no esperaste que terminara de rasurarme las piernas

y aún no tenía toda la lentejuela ardiéndome en la lengua

¿lo habías notado?

Nada de lo dicho quedará en medio de la cama

Si cerraba los ojos a tus besos

era para no pensarte

Para imaginar que no eras tú

si no el beso en la espalda de mi propia demencia

Eso eras

La demencia equinoccial que cada instante

iba anocheciéndome la piel

Me he vuelto anciano

y aun sigues llorándole a los lobos

por las noches sumidas del olvido

¿Acaso el olvido es tu nueva religión?

En el nombre de tantas cruces a tu alrededor

ábrete las piernas

o las lunas

La sangría de tus dentelladas

fluyendo en el costado

¿No te has ido?

 

BLOQUEO DE ESCRITOR

Esta hoja blanca me sacó la lengua

esta hoja blanca no se deja rayar

esta hoja blanca se sacudió las letras

esta hoja blanca

hoy se siente victoriosa

 

LA MUERTE

Ríete de la muerte de toda muerte

de cada muerte

ríete con fuerza con los pulmones

y las vísceras

que la risa retumbe por las paredes

que sacuda la memoria

hasta hacer polvo las tristezas.

 

MONSTRUO

Soy el monstruo de toda alcantarilla

El monstruo de la calle

de la esquina y el semáforo.

El que duerme en las banquetas

tapado por cartones.

Ése del que alejas a tus hijos

a tus chamaquitas.

Mi color de piel es negra

como todo monstruo

mi aspecto es indio

como todo monstruo

Soy el monstruo al que apuntas

con el dedo

y te tapas los oídos para no verme

ni olerme pero sí escupirme.

Soy el monstruo del que cuidas tus riquezas

Por ser monstruo robo

delinco

acoso

espanto.

Soy el monstruo sumido en el lodazal

de la pobreza.

Te espanto hasta la agonía.

Te aterro hasta la lágrima.

Mi sitio es la prisión

la sierra el escondite

cualquier sitio que no afecte tu vida

ni afee tu ciudad.

 

NO ES EL MIEDO A LA VEJEZ

No es el miedo a la vejez

sino al olvido.

No es el miedo al desamor

sino a la risa que causa toda insípida tragedia.

No es el miedo al abandono ni a la soledad

sino a ya no mirar ese origen tan calmo de la mujer

dentro del abrazo.

A veces ella marcaba a mi teléfono

a veces corría por los árboles de la memoria

y se derramaba en el humo de todo cigarro

en noches solitarias como esta.

Ya no queda más que la altura de mi nombre

y aquellos juguetes rotos

que nos resistimos a lanzar a la basura.

No es el miedo a la vejez

sino a que el recuerdo te abandone.

Te voy a escribir poemas hasta que me quieras.

Te voy a escribir poemas hasta que te quiera.

Te escribiré hasta que seas poema.

Te poemaré en cada escritura.

Te voy a escribir poemas hasta odiarte.

Te voy a escribir poemas hasta que me odies.

Te escribiré hasta volverme poema.

Te haré parte de cada una de mis letras.

 

REALIDAD DEL HOMBRE MADURO

Qué vacíos son esos Te Amo

suenan a los maderos apolillados

que se lanzan a la hoguera

a la chimenea

calientan los cuerpos

y terminan ceniza y humo

pican la nariz al respirarlos

lesionan los ojos

y miramos sin poder enfocar

Necias peticiones de Te Quieros

igual a mariposas detenidas en el suelo

por el frío apenas respirando

quitecitas muriendo con delicadeza

ante la bestia húmeda del atardecer

en que ya no podrán volar de nuevo

Olvídalo

no te involucres más allá de la carne

la caricia es la única alternativa

para mantenernos vivos

nada como lo sensorial

al diablo el imaginar futuros inciertos

ajenos a esta realidad

 

DEJARLO CLARO

Si me pidieras volver

apagaría la luz.

En los rincones del cuarto

bajo la cama

buscaría alguna grieta

para esconder mis recuerdos.

Aquellos en que tantas veces aullé

y expuse las laceraciones de la piel.

Si me pidieras volver

te cerraría la puerta.

Y me sentaría frente al escritorio

a repasar la tabla del 13.

13 nombres escritos al revés

en el polvo de esta habitación

de toda habitación en la que tanto he disfrutado ya sin ti.

Si me pidieras que recapacite

que te dé otra oportunidad porque la mereces

me rasparía los párpados

hasta dejarlos transparentes

para que nada pueda impedirme

ver el camino claro que he tomado por mi cuenta

lejos de lo que alguna vez fuiste en esta histeria.

Si me pidieras volver

te escucharía en silencio.

Y es el silencio

quien te lo dejaría claro.

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